¿Por qué se desintegró la URSS?

Tania Díaz Castro, La Habana.

Tania Díaz Castro(CUBANET) Lo que expone Vitali I. Vorotnikov en su libro Mi verdad, publicado en La Habana en 1995(*), lo había dicho por lo claro el ex diplomático e historiador estadounidense George Kennan -1904-2005-, al anunciar en 1947 que la URSS se desintegraría en los próximos años, porque mediante una política de apaciguamiento, las actitudes soviéticas se suavizarían.

Embajador de la URSS en Cuba de 1979 a 1982 y ex presidente del Soviet Supremo de Rusia, Vitali I. Vorotnikov, quien falleció a los 86 años en 2012, ofrece un testimonio pormenorizado de las reuniones del Comité Central del PCUS, con el objetivo de explicar por qué se autodesintegró la Unión Soviética.

En 1995, en pleno Período Especial, cuando en Cuba no había ni papel sanitario, la dictadura cubana, sedienta por conocer a fondo todo lo concerniente al naufragio soviético, buscó papel para publicar por primera vez un extracto del voluminoso diario de trabajo de Vorotnikov, originalmente con tres mil cuartillas, en la Editora Abril de La Habana.

Este libro raro, muy difícil de obtener, consta de 500 páginas. Fue editado exclusivamente para que sirviera de análisis a los que estudian en la Escuela del Partido Comunista de Cuba, ¨Ñico López¨, situada a pocas cuadras de Santa Fe, comunidad costera del oeste de La Habana -donde se comenta que años atrás estudió el guagüero Nicolás Maduro, presidente de Venezuela-.

Confiesa Vorotnikov en su libro que pidió regresar a su país, porque no le sentaba el clima cubano y que al llegar a Moscú, en 1983, vio cómo escaseaban los productos indispensables para la alimentación y no había calcetines de algodón, ni toallas.

Luego señala que ya en 1979 la economía soviética comenzaba a declinar: “…había una economía subterránea que tomaba fuerza y descendía el desarrollo de la producción de varias ramas de la industria y la productividad del trabajo. Además, a consecuencia del atraso tecnológico, se afectaba la calidad de la producción”, algo que achaca, entre otras razones, a la vejez de sus líderes.

“Eran demasiado viejos -dice- y la juventud estaba cansada”.

El derribo del Muro de Berlín marca el fracaso de la utopía del comunismo soviético.

Al referirse a la agricultura de aquellos momentos, la señala como “…en pleno fracaso, lo que provoca disgusto a la población, así como un verdadero desastre la mala atención a la construcción de viales”.

Esta situación, según el ex diplomático ruso, “Imperiosamente requería reformas. Había que intensificar la lucha contra la delincuencia, poner orden a las indisciplinas sociales, a los colectivos de producción, al aparato administrativo, a las instituciones, a los órganos de los soviets y al partido, donde se violaba de tal forma la ética y la moral, que se expandía el soborno entre los dirigentes”.

“Si la producción no podía ser competitiva -señaló-, es porque la URSS llevaba más de veinte años produciendo técnicas obsoletas”. Y destaca cómo “…en Moscú deambulan en horarios de trabajo miles de holgazanes, generalmente de la administración pública, funcionarios de ministerios, de institutos de investigación y muchos otros”.

En 1983 se inicia el proceso de la Perestroika bajo la dirección de Mijaíl Gorbachov, con quien Vorotnikov colaboró estrechamente y a quien, por último, acusa de ser el principal culpable del fracaso de la Revolución de Octubre, lo que nos da a entender que las reformas, en los regímenes socialistas están condenadas al fracaso, puesto que, como aclara Vorotnikov, se debe a causa de un modelo político heredado de un pasado estalinista, imposible de superar¨.

Si algo logró además Vorotnikov con su kilométrico, machacoso y cansón libro, fue detallarnos la podredumbre de una dictadura comunista en su ocaso, la misma que hoy vemos a nuestro alrededor. Y puesto que nuestros males son los mismos que aquellos, podemos pensar que también a la dictadura castrista le está llegando el agua al cuello, a pesar de lo que dicen la televisión y el resto de los medios de comunicación, todos oficialistas, algo que los Castro no imaginaron que ocurriera, cuando cambiaron la tecnología de punta de los Estados Unidos por la chatarra soviética.

Aquellos que no ven el final después del paisaje, no escuchan cuando caen las hojas secas de los árboles. Mucho menos ven cómo sus raíces, con un nuevo vigor y gracias a los nuevos vientos, van a generar mejores retoños.

(*) La edición publicada en Cuba contaba con solo 500 ejemplares, exclusivamente para militantes del partido.

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