Madre de Dios, líbranos de Putin (Pussi Ryot)

Putín tanque

Estamos presenciando cómo, ante el cansancio de un mundo saturado de conflictos y con la única reacción enérgica de Estados Unidos, de nuevo en Europa, y precisamente cuando se cumplen 75 años de la invasión germano-soviética de Polonia (comienzo de la Segunda Guerra Mundial), un país invade otro. La Rusia putinesca está invadiendo Ucrania. Metiendo, con repugnante desfachatez y a toda máquina, tropas y blindados en esta antigua provincia del imperio soviético -recién liberada, por su propio pueblo, de un anacrónico etnarca de Moscú, coleccionista de coches de lujo, como Brezhniev-, el actual régimen ruso desvela que los fantasmas de los zares, incluso el Rojo, siguen recorriendo los pasillos del Kremlin. Pararle ya las patas a los neoimperialistas encabezados por el ex coronel del KGB Vladímir Putin es evitar un nuevo baño de sangre, tanto ucraniana como rusa, en esta Europa que no acaba de enterrar de una puñetera vez lo peor de su historia.

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