Represión en Cuba / Acto de repudio

Hace veintidós años, poco antes de exiliarme a España, escribí un artículo que titulé “Crónica de un delito anunciado”. Apareció el 8 de enero de 1992 en el periódico español El País. En ese artículo, motivado por el brutal acto de repudio que sufrió la poetisa María Elena Cruz Varela, opuesta a la dictadura castrista, dije lo siguiente:

[…] Un acto de repudio es un espacio abierto a las pasiones y la histeria. Es una zona franca para todo tipo de desmanes contra las personas y las cosas. En un acto de repudio quedan en suspenso los códigos, las leyes y todas las normas de legalidad y convivencia civilizada. Un acto de repudio es un delito de lesa humanidad. Con esta práctica de raíz inquisitorial, puesta de moda en nuestro siglo por el fascismo, se intenta trasladar a la masa la responsabilidad de la represión, pretendiéndose mostrar al mundo la imagen de un pueblo ofendido que hace justicia por su cuenta.

Los actos de repudio aparecieron en Cuba con este nombre hace poco más de una década, durante la crisis provocada por el asilo súbito de miles de personas en la embajada de Perú en La Habana y el subsiguiente éxodo hacia Estados Unidos, por el puerto de Mariel, de alrededor de 120.000 cubanos. Tan pronto como alguien comunicaba a las autoridades que abandonaría el país, se le montaba un acto de repudio por desertor y apátrida. La muchedumbre convocada al efecto estaba autorizada a golpear a esta persona, a pasearla por las calles con sambenitos y letreros infamantes, a apedrear su casa y sitiársela con altavoces que vociferaban insultos durante horas, etcétera. Algunas de aquellas tropelías fueron de un ensañamiento demencial y me permitieron ver de cerca hasta dónde llega la abyección de ciertos individuos cuando se sienten todopoderosos frente a su víctima y se saben amparados por la más completa impunidad.

Todos en Cuba recordamos que cuando aquellos actos de repudio comenzaron a hacer explosiva la atmósfera social y a provocar reyertas de ciertas proporciones, el partido, que los había alentado, se alarmó y emitió un llamado a la cordura mediante el cual les puso freno.

Quienes siempre los rechazamos aplaudimos el llamado del partido y pensamos, con alivio, que tales actos quedarían en el pasado como pesadillas que jamás volverían a atormentarnos. Cuba, a fin de cuentas, es un país civilizado, signatario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y con una Constitución presidida por el anhelo martiano de que “la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, de modo que no había por qué temer que los actos de repudio fuesen como las golondrinas de Bécquer.

Pero volvieron las oscuras golondrinas… Y de qué manera. […]

Uno de los últimos actos de repudio cometidos en Cuba es el que muestra el vídeo que sigue. Tuvo lugar en La Habana el mes pasado y las víctimas fueron los miembros de la organización independiente Estado de Sats y sus invitados a participar en un debate sobre la situación de los Derechos Humanos en el país.

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