CELAC, la mojiganga

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, conversa en La Habana con la dirigente de las Damas de Blanco, Berta Soler.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, conversa en La Habana con la dirigente de las Damas de Blanco, Berta Soler.

Hace unos días finalizó en La Habana la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) ha denunciado que en enero del presente año se registraron en la isla por lo menos 1.052 detenciones arbitrarias por motivos políticos, las cuales tuvieron como principal objetivo “silenciar las voces disidentes” durante la celebración de dicha Cumbre.

Parece una broma de humor negro que el Gobierno de Cuba -la única tiranía que sobrevive en América Latina y uno de los pocos regímenes totalitarios que quedan en el mundo- haya presidido el segundo cónclave de la CELAC. O sea, que haya sido el dictador heredero Raúl Castro el presidente de esta reunión de mandatarios elegidos en las urnas con la concurrencia de partidos rivales.

Sin embargo, lo peor es que dichos mandatarios no tuvieron escrúpulos de acudir a esa cita espuria y que, salvo las honrosas excepciones del presidente chileno Sebastián Piñera y de la delegación de Costa Rica, esquivaron a la oposición democrática cubana. Además, para colmo, obviaron la bochornosa y archiconocida situación de los derechos humanos en Cuba, pisoteados otra vez, en esta oportunidad ante sus propias narices, por la dictadura castrista, la cual se dedicó a detener a miembros de la oposición antes y durante la celebración de la Cumbre.

Lo visto en La Habana en estos días patentiza que ni el hábito hace al monje ni los votos al demócrata, y que el empleo de los mecanismos formales de la democracia no implica, necesariamente, un compromiso real con los valores esenciales de ésta.

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