Rusia / Deportes de riesgo

Amnistía InternacionalEn la recta final para los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, que se celebran en febrero de 2014, la sociedad civil rusa se enfrenta a un récord de obstáculos que coartan derechos tan básicos como la libertad de expresión, de reunión y de asociación.

Desde que Vladimir Putin volvió a la presidencia de Rusia en 2012, se han aprobado numerosas leyes que castigan el derecho a disentir.

Manifestarse pacíficamente es cada día más difícil debido a una  larga lista de normas y reglas restrictivas aplicadas de forma arbitraria. En 2013 se detuvo, sólo en Moscú y sus alrededores, a más de 600 personas en el curso de 81 actos. La comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) está aún más estigmatizada gracias a una ley que prohíbe la “propaganda de relaciones sexuales no tradicionales entre menores”. Las ONG sufren una campaña de desprestigio tras la aprobación de una ley que las obliga a registrarse como “agentes extranjeros” si reciben financiación del exterior. Se ha tipificado como delito la blasfemia, lo que supone multas elevadas y hasta tres años de prisión por actos públicos que no respeten u ofendan las creencias religiosas en lugares de culto.

Estas y otras leyes similares violan la propia Constitución rusa y sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos. Por todo ello, deben ser revocadas.

Ahora que la atención mundial se dirige a Rusia con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno, exige al presidente Putin que respete la libertad de expresión, reunión y asociación en Rusia.

Firma aquí y pídele a Vladimir Putin que respete estos derechos.

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