Cuba / Nueva clase, vieja corrupción

COLOMÉ IBARRA, ALIAS FURRY, EL GENERAL ENRIQUECIDO

León Padrón Azcuy.

A. Colomé Ibarra

A. Colomé Ibarra

(CUBANET) Jerarcas militares cubanos se enriquecen con múltiples negocios en las propias narices de los ciudadanos cubanos. En la manzana comprendida entre las calles B, C, 29 y Zapata, el general de cuerpo de ejército Abelardo Colomé Ibarra, conocido popularmente como Furry, exhibe parte de su patrimonio familiar, que marcha viento en popa. Aquí el también Ministro de las Fuerzas Armadas obsequió a su hijo José Raúl Colomé, una bellísima casa de dos plantas para utilizarla -como otros vecinos de esa zona- para arrendamiento a extranjeros. También José Raúl es propietario del restaurante Star Bien, uno de los más visitados por la élite habanera. Ubicado en 29 entre B y C, Nº 205, este restaurante fue remozado recientemente, para convertirse en una joya de la culinaria capitalina, que compite en precios y calidad con los mejores restaurantes del sector hotelero de la capital. Según algunas fuentes que prefirieron el anonimato, el recinto fue adquirido entre telones, y sumando los costos de restauración, equipamiento, ambientación, servicios y decoración, el inmueble está valorado en no menos de 100 mil CUC [dólares] y cuenta con una excelente gestión económica a base de un admirable trabajo de marketing y promoción, teniendo prioridad en los planes de Havanatur y Cubatur por encima de prestigiosos restaurantes o paladares, como La Guarida y Gringo Viejo, por solo citar dos ejemplos. Mientras La Habana se derrumba Star Bien recibe todas las noches ómnibus de turistas y en sus alrededores se observa una larga fila de lujosos autos del cuerpo diplomático acreditado en La Habana, o reconocidos artistas, deportistas y otras figuras que frecuentemente van a consumir los deliciosos platos que oferta. Algunos vecinos que han encontrado empleo en este lugar, al ser entrevistados, evitaron emitir comentarios, por temor a perder su salario, que obviamente es superior al de las restaurantes del estado, pero uno de los serenos al cuidado de las propiedades de Colomé, y cuyo nombre omito por seguridad -a pesar de que ya no trabaja en el lugar- se atrevió a decirme: “es humillante ver cómo la mayoría de los negocitos del cubano de a pie cierran o jamás prosperan por la cantidad de limitaciones que afrontan, mientras los negociazos de los militares florecen como las margaritas”. Mientras un número significativo de viviendas se derrumban como soldados en la guerra, la familia del general Colomé, siempre fiel de la dictadura castrista, posee varias propiedades de lujo, además de las ya mencionadas. También son dueños de un confortable apartamento en el edificio 706, de la calle B entre 29 y Zapata, regalado por José Raúl a su madre, donde se imparten clases de inglés a jóvenes de la elite comunista y también en ocasiones para alquiler de hospedaje. Resulta una burla que estos generales de la Cuba comunista se hayan repartido nuestra tierra como una piñata, mientras dejaron para el famélico pueblo el carcomido lema “Socialismo o muerte”.

 

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