Viruta

Justicia vendida o vendadaINDULTOS. En mi época de estudiante en París, vi, en un viejo cine del Barrio Latino, una película de Jacques Tati. Ha pasado mucho Sena por debajo del Pont Neuf y lo único que recuerdo de aquella comedia -quizás Mi tío– es una escena: un matrimonio maduro pasea por una playa y la señora va recogiendo alegremente, aquí y allá, piedrecitas que le gustan, y se las da al marido, que va detrás de ella, para que las guarde, pero él, aburrido, las va tirando a la arena. Aseguraba Oscar Wilde que la realidad imita al arte, y en España he vencido mis dudas al respecto. Aquí la realidad me permite ver casi a diario esta escena: una Justicia y un Gobierno pasean por el Estado y la Justicia va recogiendo con ceño adusto, aquí y allá, malhechores que asustan, y se los da al Gobierno, que va detrás de ella, para que los encarcele, pero el Gobierno, huevón, los va poniendo en la calle. Moraleja: Wilde era un sabio. Y Tati, un genio.

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