Viruta

Policía y presosHERENCIA. El célebre poeta ruso Velimir Jlébnikov fue testigo del estallido de felicidad que sacudió a su país en 1917. Murió de hambre en 1922. Otros, menos afortunados, demoraron más. Según su compatriota, amigo y colega Ósip Mandelstam -quien expiró años después en un GULAG (siglas en ruso de Campos de Calistenia al Aire Libre)-, Jlébnikov decía: “La comisaría, ¡qué gran  lugar! Es donde el Estado y yo nos citamos”. Con los hermanos Castro, en Cuba han florecido muchas costumbres de la desaparecida civilización soviética, y una de ellas es la de que el Estado y los intelectuales se vean en las comisarías. Sus tertulias, frecuentes, animadas, permiten afirmar que donde mandan los comunistas hay un diálogo permanente entre poder y cultura.                     .

 

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