Viruta

Cartel 3DKAPUT. A decir verdad, me extrañó que los Castro, tan rigurosos con todo lo que tiene que ver con la cultura -en primer lugar con quienes la hacen y avientan-, renunciaran a su misión orientadora permitiendo que unos criollos desequilibrados y frívolos abrieran en sus domicilios -al socaire de la NEP (Nueva Economía Precaria) decretada por Raúl-, y como si montasen tenderetes de cachivaches en un zoco, saloncitos de proyecciones en tercera dimensión y se pusieran a pasar alegremente las películas que ellos mismos elegían. Ni que Cuba viviera en el desorden de antes, cuando una plaga de cines incontrolados aturdía a la clase obrera. No hay que asombrarse, pues, de que los pedagógicos hermanos, corrigiendo su eventual descuido, les hayan echado el cerrojo a esos antros de “subcultura” y “banalidad” -así calificados por el subcomisario Rojas en un flamígero arrebato de trascendencia-. Sí, no cabe duda: la revolución sigue ahí. Si alguna prueba de ello faltaba, ya la tenemos. El Partido es inmortal.

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