El primer libro que Kafka publicó

Parece que mi pierna izquierda ha envejecido más que la otra: se me cansa enseguida que echo a andar y me obliga a hacer breves pero continuas paradas. (Un médico me dijo que la culpa, como de casi todo de un tiempo a esta parte, es del tabaco.) Es éste el motivo por el cual desistí de acompañar a mi hija Claudia en el viaje que hizo a Praga recientemente: con un padre rengo al lado no habría tenido Percepcionestiempo ni para beberse una caña de černé pivo en el Slavia. Sí, no fui a Praga (habría sido mi quinto viaje a la ciudad de Jan Neruda y Jaroslav Seifert), pero, en compensación, Claudia me trajo de regalo un libro de Kafka que yo, como tantas cosas, no conocía. Se trata de Percepciones en una simpática edición de Vitalis (Colección Bohemica), hecha en 2011, ilustrada por Karel Hruška y con una documentada información sobre el joven Kafka debida a Elisabeth Fuchs. La traducción al español (comme ci, comme ça) es de Pablo Grosschmid. Percepciones se publicó por primera vez en Leipzig, en el otoño de 1912, gracias a una diligencia de Max Brod -el admirable amigo de Kafka y ángel custodio de su obra- y al entusiasmo que despertó en el editor alemán Ernst Rowohlt. Este librito de apenas 60 páginas, que da inicio a la bibliografía kafkiana, contiene dieciocho brevísimos relatos en los que ya es manifiesta la densidad alegórica de las ficciones creadas por este insomne e impasible testigo de la realidad, o sea, del absurdo. Críticos muy atendidos en aquella época -Hans Kohn, Kurt Tucholsky, Otto Pick y el propio Max Brod- saludaron en los periódicos, como una revelación, los extraños textos del desconocido escritor praguense que escribía en alemán. (Que no escribiese en checo era uno de los reparos con que los comunistas justificaron la censura que impusieron a Kafka cuando reinaban en Checoslovaquia). Puesto que Kafka dudaba tanto del valor de su escritura, al extremo de pedirle a Brod que destruyera todo lo que dejaba inédito -gran parte de lo fundamental de su obra-, me resulta curioso que Percepciones sea, según lo que sé, el único de sus libros cuya publicación lo satisfizo. En una carta a su prometida, Felice Bauer, escribió: “Mi libro, mi librito, mi cuadernillo ha sido felizmente recibido”. Brod fue, por fortuna, un albacea desobediente.

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