Aniversario

Hace 68 años, el 6 de agosto de 1945, cayó sobre Hiroshima la primera bomba atómica. Tres días después cayó sobre Nagasaki la segunda. Yo era un niño de 9 años. Muchos creyeron entonces que era el fin de las guerras.

ARTE RUPESTRE

La piedra es buen sitio para que el hombre viva.
El cuerpo y los trabajos del hombre
en la piedra de la caverna hallaron
perfil de eternidad.
En la piedra no cesa de volar el dardo que él dispara
ni se cansan sus piernas de cazador.
Y hay que ver que no se alejan jamás de su apetito
las bestias que lo tientan.

El hombre de las cavernas comprendió temprano
que la muerte,
de algún modo,
en la piedra podía ser burlada,
y halló,
quién sabe cuándo, quién sabe cómo, quién sabe dónde,
en qué hierba fétida o en la entraña de qué oruga,
una tintura firme con que dejar sin muerte,
trazados en la piedra,
los gestos de su vida.

Así fue siglos atrás,
cuando la guerra se hacía cuerpo a cuerpo con el oso
y el fuego era usado para alumbrar la cueva
y ahuyentar el frío y la serpiente.

Después ha sido bien distinto.
Si sabremos que después sirvió la piedra
para fijar el fin:
ya trazaron los gestos de mi muerte
en las quemadas piedras de Hiroshima.

MDM

(El carro de los mortales, 1989.)

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