Una lectura de “Sandrasalamandra”

Texto con el que presenté, en 2005, en Las Palmas de Gran Canaria, este libro de Sonia Bravo Utrera, el más vendido del catálogo de la Editorial Betania durante el pasado mes de junio. MDM

No hace mucho, un periodista que me entrevistaba quiso que yo le definiera la palabra exilio, y lo complací diciéndole esto: “La palabra exilio significa desarraigo, pero la vida de los exiliados la llena de sinónimos: nostalgia, desasosiego, incertidumbre, depresión, incluso esperanza y suicidio. También puede significar renacimiento.” En los relatos recogidos por la escritora cubana Sonia Bravo Utrera bajo el título de Sandrasalamandra (Madrid, Editorial Betania, 2005) encontré algunos de estos sinónimos moviendo los hilos de la trama y fecundando la vida de unos personajes tras los cuales hay un solo personaje: la autora.

2013-08-07_1Una de las palabras que componen el título del libro, “salamandra”, sugiere el sentido básico de esta obra de vida-ficción, de esta catarsis que recibo como una explosión controlada. La salamandra, criatura mítica que vive en el fuego sin ser destruida porque es el espíritu mismo del fuego, adquiere, en la simbología que nos propone Sonia Bravo Utrera en su épica de nuestro tiempo cubano —marcado por la frustración y el desarraigo—, el valor de la resistencia, de la supervivencia, de la resurrección, y también de la defensa de una identidad existencial y cultural puesta en crisis por un poder político represivo, deformante y castrador.

Entre el último gobierno de Fulgencio Batista, que se extendió desde 1952 hasta 1959, y el de Fidel Castro, que irrumpió en 1959 y sigue ahí, Cuba ha vivido cincuenta y tres años continuos bajo condiciones dictatoriales. El signo político de un gobierno y otro me importa poco: se trata de dictaduras. Los gobiernos, de cualquier signo, que apoyan su autoridad en la violencia generan terror y son fuente de dramas sociales que suelen convertirse en tragedias. De los dramas y tragedias sociales se ocupa la historia. De los protagonistas y víctimas de éstos se ocupan la literatura y el arte, siempre más cerca del individuo que la historia y la política. La narrativa cubana, sobre todo la de los últimos tiempos, se ha enriquecido con obras que reflejan los conflictos políticos y sociales de la historia más reciente de los cubanos, y Sandrasalamandra se incorpora a esta línea de creación literaria aportando una voz propia.

Sandrasalamandra es una compleja, audaz e inteligente incursión, desde la muy rica experiencia personal de su autora —con quien he compartido, como compatriota suyo, muchas de esas experiencias—, a la devastadora dialéctica de la realidad cubana de los últimos cuarenta años. Las posibilidades del testimonio, el ensayo y la novela, incluso del poema, han sido hábilmente articuladas por Sonia Bravo en una eficaz sinergia expresiva que, teniendo como centro los elementos autobiográficos y como vehículo un estilo anticonvencional, nos ofrece un texto polifacético de envolvente dinamismo.

Jean-Paul Sartre, de moda en estos días por su centenario, fatigó las prensas, hace medio siglo, con su tema del compromiso del escritor. Muchos han creído desde entonces —incluso desde antes muchos lo venían creyendo— que comprometiéndose con una causa social se convertían en escritores, y a fuerza de confundir la literatura con el panfleto corrompieron el concepto de literatura comprometida. Siempre he pensado que el primer compromiso del escritor es con la literatura; pero también siempre he pensado, y es una convicción que hoy tengo más arraigada, que un escritor que escriba de espaldas a su tiempo y sus contemporáneos, confundiendo seguramente la gloria con la intemporalidad y la irresponsabilidad, está expuesto más que ninguno al olvido. Digo esto porque quiero terminar este comentario de lectura saludando en Sandrasalamandra la defensa de un compromiso cívico hecha desde (y también por) el amor a la literatura.

[Sonia Bravo Utrera, profesora, traductora y escritora cubana. Doctora en Ciencias Filológicas. En La Habana fundó y dirigió la Sección de Traducción Literaria de la Unión de Escritores y Artistas y la Asociación Cubana de Traductores e Intérpretes. Ha sido catedrática de universidades cubanas y extranjeras. Sus traducciones del alemán, inglés y ruso han sido publicadas en varios países. En 1997 abandona Cuba y se instala en Las Palmas de Gran Canaria, donde enseñó a nivel universitario. Actualmente reside en México. Es miembro de la American Literary Translators Association.]

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