UPEC: ¿Congreso o velorio?

El gobierno quiere que del IX Congreso de la UPEC [Unión de Periodistas de Cuba] este fin de semana salga una prensa oficial capaz de contrarrestar la rebelión informativa de los cubanos. Puede que sea demasiado tarde.

Rolando Cartaya

(MARTINOTICIAS, 12/7/2013) Un estudiante de periodismo presenta una tesis de grado sobre el cruising homosexual en La Habana, y el tribunal en lugar de premiarlo por su creatividad le rebaja la nota; un reportero llama por su nombre al cólera que hoy menudea en Cuba y se gana una protesta del MINSAP [Ministerio de Salud Pública] y una sanción administrativa; un corresponsal de Granma critica las obras del acueducto de Santiago de Cuba y lo sentencian a 14 años de cárcel; un popular periodista oficialista escribe en Juventud Rebelde contra la censura y el “atentado” que representa la Mesa Redonda televisiva, y su artículo desaparece del sitio web del diario.

Son sólo algunas vistas del corral represivo, secretista y censurado (y autocensurado) en que trabaja la prensa oficial cubana, pastoreada por los mecanismos de control ideológico del PCC [Partido Comunista de Cuba], y que este fin de semana celebra su “magno evento” en el IX Congreso de la oficialista Unión de Periodistas de Cuba, UPEC.

Los que han participado en la etapa preparatoria tienen algunas esperanzas de obtener mejoras salariales y otras ventajas; también, pero menos, de que una propuesta Ley de Prensa les permita hacer un periodismo no tan vulnerable, mejor informado y que empiece a reflejar la verdadera Cuba. Esto último lo han venido haciendo por casi dos décadas los asediados periodistas independientes y algunos escritores, y en los últimos años, los blogueros alternativos. De más está decir que no son bienvenidos al congreso.

Salvo excepciones, como los esfuerzos críticos –apuntalados con maromas de equilibrista– del mencionado periodista de Juventud Rebelde, José Alejandro Rodríguez, y algunos colegas suyos, el adocenamiento de la prensa oficial ha llevado a muchos cubanos a decir que hay dos Cubas: la real y la del Granma (y sus ecos).

En los medios oficiales, escribe la bloguera Regina Coyula, “el secretismo, el triunfalismo, la superficialidad, el lenguaje ‘culto’ –o peor, poético– para no decir nada, configuran un panorama del que el periodismo cubano no quiere, no sabe, o no puede salir”.

Los periodistas de estos medios –según Coyula– “se acostumbraron pavlovianamente a no rozar temas escabrosos, a no realizar encuestas críticas, a detenerse en seco ante el primer no. Se acostumbraron a realizar los reportajes y artículos que agradaran al jefe, o mejor, a realizar los reportajes que “orientara” el jefe, una manera infalible de agradar al jefe del jefe.

No es coincidencia que al presentar en marzo pasado un histórico informe ante la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, que la nombró vicepresidenta regional, la bloguera cubana Yoani Sánchez calificara de “papilla informativa” el tipo de periodismo que difunden en la isla el Estado o el partido comunista. Pero Yoani también puntualizó que “el cubano común ya no la traga tan fácilmente”, y obtiene por su cuenta la información que le interesa, a pesar de los esfuerzos del gobierno por meter un dedo en cada agujero que se abre en el dique.

La democratización de las tecnologías de la informática y las comunicaciones ha ido tornando inútil cada pujo dirigido a prolongar el monopolio informativo del Estado, sean las razzias de la ETECSA [empresa telefónica] y el MININT [Ministerio del Interior] contra “la antena” o la veda, ahora levemente levantada, de la Internet. Esto lo reconocen los propios dueños de la industria de la papilla informativa y sus obreros.

“Hoy, con el desarrollo de la informática y de la Internet, prohibir algo es casi una quimera imposible, no tiene sentido”, dijo recientemente el segundo al mando de Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel. “Las noticias de todos lados, las que son buenas y las que son malas, las que están manipuladas y las que son verdades, las que están a medias, circulan por las redes, llegan a las personas, la gente las conoce, y ¿lo peor es entonces qué?: el silencio”, agregó.

En la asamblea ramal de la prensa escrita previa al congreso de la UPEC, se remarcó que “vivimos en un mundo en el que el avance de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones no se detiene; nuestros destinatarios son también emisores y capaces de acceder a la información por vías múltiples, no sólo a través de los medios públicos. Las políticas editoriales y la labor de los periodistas deben adecuarse a esas desafiantes circunstancias”.

Un documental facturado este año en Cuba, Redes.cu, presenta a tres jóvenes que mediante conexiones ilegales desde sus casas, y por diversas razones y circunstancias, ya navegaban en Internet semanas antes de que la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A, ETECSA, anunciara la apertura de 118 telepuntos de acceso vigilado. a precios elevados, y con una retahíla de restricciones técnicas.

O sea, que el dique parece cada vez más un colador, y la prensa oficial, tal como la conocemos, cada vez más intrascendente. ¿Podrá reinventarse con el Congreso de la UPEC y ganarse ante el público de la isla la credibilidad que sólo unos pocos exponentes han logrado a título individual?

No será fácil bajo el yugo del Partido y sin voluntad –a falta de libertad– para sacudirse la autocensura. En el debate de prensa plana, por ejemplo, se subrayó que “la prensa tiene que ser un organismo vivo, que refleje los contrastes de nuestra sociedad y que sirva de cauce a la confrontación de las mejores ideas…revolucionarias.

En ese mundo de las coletillas los eufemismos, del policía que se lleva dentro, de nadar siempre guardando la ropa, resulta poco creíble la sugerencia de que “la prensa (…) debe formar parte de los mecanismos de control popular del país” (¿control popular del país?, permítame reírme), “y convertirse en un valioso contrapeso frente a posibles errores o distorsiones de la política trazada por el Partido y refrendada por la mayoría de nuestro pueblo”. (¿Será que en ese cachumbambé la prensa oficial podrá levantar en peso alguna vez al Partido?)

Por si acaso algún iluso se ilusionara más de la cuenta, en la Asamblea celebrada en la Sala Universal de las FAR [Fuerzas Armadas Revolucionarias] estaba el jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido, el compañero Rolando Alfonso Borges, para recordar a todos que Cuba sigue amenazada por el enemigo; reiterando “los desafíos que enfrenta el país, en medio del incesante y recrudecido acoso del Gobierno norteamericano” (parece que las remesas y los viajes son una moderna forma de acoso), “que no renuncia a su propósito de fracturar el proyecto socialista del país, para lo cual están destinandos abundantes recursos, especialmente en el ámbito de las nuevas formas de comunicación”.

El mensaje subliminal de subrayar esta mentalidad de búnker suele ser “cuidadito con cortejar o darle armas al enemigo”.

Lo de pedir una Ley de Prensa parece una reacción natural. En una entrevista este mes con el sitio oficialista Cubadebate, Díaz-Canel llamó a la prensa oficial a hacer valoraciones sobre la “actualización del modelo” y a “informar adecuadamente, para confrontar juicios, opiniones, para reflejar la realidad que estamos viviendo con todas sus complejidades y contradicciones”.

Rema, que aquí no pican. Sin un amparo jurídico nadie, o casi nadie, se va a aventurar en ese campo minado. Habrá que estar atento a las especificaciones de esa sugerida Ley de Prensa, considerando las amenazas de otras muy vigentes como la Ley Mordaza.

La reseña de la asamblea de prensa escrita refiere que “otro tema abordado fue la posibilidad de incorporar los medios de comunicación a las nuevas formas de gestión económica que emergen en el país, con lo cual podrían generar parte de los ingresos que requieren para su sustento y disminuir con ello la subvención del Estado”.

Yo que ellos, haría un estudio de mercado antes de retirarle a la prensa oficial el respirador artificial que la mantiene con vida. Empezaría por hacer una encuesta entre esos jóvenes que tienen casi mágicas conexiones prohibidas a Internet desde sus casas, para bajar gratis su música favorita, los manuales del I-Phone, los clasificados de Revolico, el último partido del Barça, o el capítulo de esta semana de “Juego de Tronos”.
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[Rolando Cartaya, periodista cubano. Actualmente trabaja en Radio Martí (martinoticias.com)]

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