SE QUEJAN CUANDO EL KIRCHNERISMO “VA POR TODO” PERO RESPALDAN UNA DICTADURA

Gabriel C. Salvia

(ANÁLISIS LATINO, 29/4/2013) El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha dado un paso muy importante en su objetivo de “ir por todo”, luego de aprobarse en la Cámara de Diputados sus proyectos destinados a “democratizar la justicia”. De esta manera, la aspiración kirchnerista de consolidar un régimen político que ejerza una fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales, jugará su suerte a todo o nada en las elecciones legislativas del corriente año.

En la próxima renovación de la mitad de los miembros de la Cámara baja y un tercio de los integrantes del Senado de la Nación, es la oposición la que pondrá en juego la mayor cantidad de bancas en disputa. Si el kirchnerismo logra repetir la votación del 2011, sus aspiraciones hegemónicas estarán más cercanas y la actual Presidenta encontrará la forma que le posibilite presentarse como candidata en 2015 para intentar perpetuarse en el poder.

De esta manera, estará cada vez más cerca de cumplirse el sueño de muchos argentinos que, desde siempre, han mostrado simpatía por la revolución cubana. Incluso muchos opositores al kirchnerismo podrán vivir en carne propia algo muy cercano a la dictadura que “solidariamente” apoyan, especialmente los que integran el Grupo de Amistad Parlamentaria con Cuba.

En efecto, éste es un país con casos paradójicos que representan una insensibilidad e incongruencia política preocupantes, lo cual evidencia que los problemas argentinos no se limitan al kirchnerismo. Se trata de personalidades críticas de las actitudes hegemónicas del gobierno de Cristina Kirchner, es decir, opositores, o sea “disidentes” del oficialismo, pero que a su vez avalan a la dictadura que gobierna en Cuba con mano y legislación dura.

2013-05-08_1Como casos más emblemáticos están los del radical Ricardo Alfonsín, vicepresidente del Grupo Parlamentario de Amistad con Cuba y el socialista Hermes Binner, quien cuando fue diputado también integró esta curiosa conformación multipartidaria de apoyo legislativo a una dictadura de partido único. Vale la pena recordar que los partidos a los que pertenecen los mencionados políticos -quienes, tómese nota, secundaron en votos a Cristina Kirchner en las últimas elecciones presidenciales- se opusieron siempre a las condenas a la dictadura cubana promovidas en el seno de la Internacional Socialista.

El cineasta y opositor Fernando “Pino” Solanas es otro defensor público de la dictadura cubana y asiduo visitante “ilustre” a la Isla caribeña. Ahora Pino se ha aliado a Elisa “Lilita” Carrió, quien a pesar de ser una seguidora de Hannah Arendt, una referente intelectual en su crítica a los totalitarismos, nunca se le escuchó una condena al régimen de los Castro. En cambio, Lilita ha sido históricamente muy complaciente en este delicado tema con los miembros de los partidos que integró.

Hay que tener en cuenta que cada vez que referentes políticos y sociales expresan de distintas formas su apoyo a la dictadura cubana, ello contribuye a erosionar internamente los valores democráticos y la independencia de poderes. Por eso es curioso que algunos de estos referentes se escandalicen ahora por las pretensiones kirchneristas de “ir por todo”, pues sus admirados revolucionarios cubanos lo hicieron en tan sólo dos años, entre 1959 y 1961, y hasta el día de hoy mantienen este férreo régimen político cerrado.

En un riguroso análisis realizado por Ricardo Manuel Rojas en el libro Los derechos fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba, el autor afirma: “nadie que defienda los principios esenciales del derecho internacional de los derechos humanos puede al mismo tiempo justificar la subsistencia del actual régimen totalitario que gobierna la isla”.

En su libro, Rojas analiza ciertos aspectos del orden político cubano a través del estudio de su organización institucional y legal, para concluir que “ya desde sus instituciones fundamentales, el contenido de sus leyes y la interpretación que le dan los órganos judiciales, el régimen cubano está organizado sobre la base de la supremacía del poder del Estado por encima de los derechos humanos básicos, y frecuentemente los vulnera en nombre de intereses propios del gobierno”.

Es de esperar que en Argentina no se llegue a una situación como la de Cuba y que el legado del kirchnerismo al menos sirva para afianzar las convicciones democráticas, lo cual implica que frente a los países gobernados por dictaduras no se puede estar del lado de los tiranos sino de los luchadores por la libertad y los derechos humanos.

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