RAÚL RIVERO / POEMAS EN CAUTIVERIO

Cuando Raúl Rivero todavía ocupaba celda en la cárcel castrista de Canaleta –no olvidemos que fue uno de los disidentes condenados a prisión en la Primavera Negra (abril de 2003)–, llegaron a mis manos los originales de su poemario Corazón sin furia, escrito tras las rejas. Mi misión consistió en buscarle editor en España, y el editor apareció enseguida, en Logroño: Alfonso Martínez Galilea. El libro se publicó con prólogo mío, y la presentación, en la capital riojana, estuvo a mi cargo.

PRESENTACIÓN DE CORAZÓN SIN FURIA

Un historiador alemán, de cuyo nombre no puedo acordarme, decía que los instantes de normalidad y calma son las páginas en blanco de la Historia. De acuerdo con esta reflexión, y aceptando que la normalidad y la calma sean la felicidad, seríamos una tribu dichosa si los historiadores de todos los siglos, dormitando en sus bibliotecas vacías a la espera de algo que contar, hubiesen muerto de aburrimiento.        

Pero es impensable un mundo sin Historia habitado por el hombre, por lo cual es impensable una humanidad feliz. La Historia que protagonizamos es un relato de sueños que al encallar en la realidad mutan en pesadillas. Cioran la identificaba como un espacio de frustraciones y nos legó este sarcasmo: “A causa de mi prejuicio en contra de todo lo que termina bien, me vino el gusto por las lecturas históricas”. No existiría la Historia sin nuestro empeño por conjurar las pesadillas reconciliándonos con la ilusión, que es volver a acariciar sueños. Por esto resulta asimismo impensable una humanidad sin poesía, la única magia de que disponemos para remontar la vida.

El libro que ahora presentamos es un síntoma de ese perverso flujo y reflujo de la Historia. Tiene un título que es un compendio de sabiduría y una consigna humanista: Corazón sin furia. Fue escrito por un preso político llamado Raúl Rivero en una celda de una cárcel de una isla que ha dado y seguirá dando mucho trabajo a los historiadores. Esto es, una isla con una Historia que apenas admite páginas en blanco; o sea, con escasos instantes de normalidad y calma; o lo que es igual, infeliz. Sólo en un sitio donde la Historia pasa por muy malos momentos se da el caso de que un poeta, por ser fiel a la verdad, tenga que escribir poemas vigilados en la penumbra de un fétido calabozo. Esto es algo de lo que acontece cuando la Historia, habiéndose dormido en una fe, se despierta en un desengaño.

2013-04-11Sus carceleros sólo permitieron al poeta escribir poemas de amor. Ignorantes de lo que es la poesía, partieron de dos simplezas: que la poesía son los temas y que el más anodino y manso de todos, que son bien pocos, es el amor –el amor de pareja, se entiende–. Los carceleros en Cuba han de suponer que escribir poemas de amor es tarea asimilable a la de sobar masa para roscones. Los comisarios culturales de Stalin, linaje del que descienden los de Fidel Castro, despreciaban la poesía erótica. No la veían participar en la lucha de clases, suponían que era ajena a la dialéctica, pensaban que estaba al margen del compromiso, creían que sus límites eran los de una alcoba.

Los poetas y sus auténticos lectores –ésos que pasan a ser los coautores de los poemas– saben que los temas no son la poesía. Si fuesen lo mismo aquéllos que ésta, todos los que han escrito un soneto sobre la muerte serían Quevedo y para ser el Marqués de Santillana bastaría dedicar una serranilla galante a una vaquera. Los temas son neutros en sí mismos, pero dejan de serlo cuando el poeta vierte su vida en ellos y los contamina de sus obsesiones. Entonces se convierten en pretextos, en códigos, en metáforas, en signos, en confesiones, en discursos, en banderas, en máscaras… Entonces pierden su inercia e inocencia y toman partido. De modo que, al escribir los poemas de amor de Corazón sin furia, Raúl Rivero no se nos convirtió en Ronsard. En sus manos de poeta condenado a interminables años de encierro por una dictadura que es el fantasma de un sueño muerto, el amor se tiñó de una angustia singular: la de un hombre sin destino que, obligado a desandar su vida en la soledad de una celda, busca reencontrar la libertad siguiendo el rastro de amores, vividos o soñados, que lo iluminaron al correr de sus años. En este libro, Eros imita a Ariadna para escapar del laberinto. 

Un poema, que es un espejo roto donde mirarnos, tiene siempre una biografía detrás. Los de este libro melancólico y, efectivamente, sin furia –Amor punto final era el título con sabor a despedida que iba a tener–, son marcas que Raúl Rivero ha hecho en su itinerario sentimental. Por las circunstancias en que fueron escritos, estos poemas son actos de rebeldía, tácticas de resistencia, maniobras para burlar, desde el amor y su memoria, los designios de un odio dispuesto a destruir al poeta prisionero.

Corazón sin furia tiene un lejano y trágico antecedente en nuestra poesía y en los anales del compromiso de los poetas cubanos con la libertad. Me refiero al Diario de un mártir, colección de poemas que en 1871 escribió Juan Clemente Zenea en la fortaleza habanera de La Cabaña, días antes de ser fusilado. Zenea y Rivero, dos poetas ante el suplicio por enfrentar el despotismo, tuvieron la fortuna de hallar en la poesía, y precisamente en la de amor, una forma de sobrevivirse y un parapeto de resistencia moral.

Manuel Díaz Martínez

Raúl Rivero y yo (con sombrero) en Maracaibo, Venezuela, en 1986.

Raúl Rivero y yo (con sombrero) en Maracaibo, Venezuela, en 1986.

POEMA PARA LOCALIZARME

Escríbeme una nota que me hable
del azar, de tu cara, y de las venas
una nota de duelo, de regreso
desde las catedrales de las penas.

Que diga confusión y firmamento
indemne, encadenada y presunción.

Un manuscrito que he esperado siempre
una escaleta de arrepentimiento
un dolor que me toque y que me asalte.
Un llanto relativo que me empañe
los ojos tristes y los espejuelos.

Una reseña del amor perdido
la crónica letal de esos que fuimos
las palabras finales con el mapa
(la cruz de tinta que señala el sitio)
donde abriste la tumba en la que vivo.

POEMA DE MARZO

Prométeme que irás
y que irás sola.
Prométeme que el sol
va a estar en la distancia
opaco por las nubes
y los árboles.

Júrame que estarás
muy cerca
confundida
entre un grupo de extraños
sin levantar la vista
salvándome del íntimo
destino que me acoge.

Prométeme que al menos
al final
vas a estar
lo más cerca posible
de mis ojos cerrados.

(Marzo, 2004)

POLVO DE ESTRELLA

Julia Roberts se equivoca conmigo
resisto su mirada hora tras hora
y otras veces la pongo de castigo
contra el piso su cara seductora.

Si va a decirme algo, no hago caso
si me guiña los ojos o algo de eso
la oculto con un gesto de mi brazo
y le dejo en la boca congelado un beso.

Julia mira las paredes a porfía
sofoca con silencio su reproche
y yo con mi desdén la mortifico.

La ignoro normalmente por el día
aunque a decir verdad todas las noches
la uso con pasión como abanico.

(2004)

BESO LIBRE

El beso no voló como el de Urbina
estuvo siempre retenido, cierto
en la húmeda orilla de mis labios
muy lejos de tu mano que tenía
la apariencia común de cualquier mano.

El beso que no quiso ser suspiro
sino un beso real, cálido, largo
hondo como la boca que anhelaba
a lo mejor no sabe ya que es beso
pero vive en mis labios todavía.

(Mayo, 2004)

RAÚL RIVERO

(De Corazón sin furia, AMG Editor, Cuadernos de la Selva Profunda, Nº2, Logroño, 2005.)

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