DE MI ARCHIVO / 10º ANIVERSARIO DE 3 ASESINATOS

Sin duda, el capítulo más siniestro de la Primavera Negra es el fusilamiento -ordenado por Fidel Castro, legalizado por sus jueces y ejecutado por sus militares-, en los primeros días de abril de 2003, de tres jóvenes negros que secuestraron una lancha de pasajeros con el propósito de llegar a Estados Unidos. Cuando, sin que ofrecieran resistencia, fueron capturados por un guardacostas cubano y llevados a tierra, tres turistas francesas que viajaban en la lancha declararon que los secuestradores no habían hecho daño a nadie y suplicaron a Fidel Castro, personalmente, que fuese magnánimo con ellos. El amo de Cuba les prometió ser bueno y después dispuso que a los detenidos se les hiciese un juicio express y los ejecutaran. Quería, como él mismo dijo, enviar un mensaje fuerte a quienes pensaran imitarlos. Y así fue cómo la dictadura cubana, que ampara a terroristas de la ETA y de las FARC, entre otros, acusó de hacer terrorismo a esos prófugos del hambre y los mató. Para recordar este triple asesinato, que no debe caer en el olvido, reproduzco aquí los siguientes materiales, uno de los cuales es el manifiesto -que no deja de asombrarme y deprimirme- en que un grupo de intelectuales y artistas cubanos, algunos de primera magnitud y viejos amigos míos, cohonestaron en su día este escalofriante acto de terrorismo de Estado. Ninguno de ellos se ha arrepentido aún, al menos en público y que yo sepa, de haber suscrito tan vil documento.

MENSAJE DESDE LA HABANA PARA AMIGOS QUE ESTÁN LEJOS

En los últimos días, hemos visto con sorpresa y dolor que al pie de manifiestos calumniosos contra Cuba se han mezclado consabidas firmas de la maquinaria de propaganda anticubana con los nombres entrañables de algunos amigos. Al propio tiempo, se han difundido declaraciones de otros, no menos entrañables para Cuba y los cubanos, que creemos nacidas de la distancia, la desinformación y los traumas de experiencias socialistas fallidas.

Lamentablemente, y aunque esa no era la intención de estos amigos, son textos que están siendo utilizados en la gran campaña que pretende aislarnos y preparar el terreno para una agresión militar de los Estados Unidos contra Cuba.

Nuestro pequeño país está hoy más amenazado que nunca antes por la superpotencia que pretende imponer una dictadura fascista a escala planetaria. Para defenderse, Cuba se ha visto obligada a tomar medidas enérgicas que naturalmente no deseaba. No se le debe juzgar por esas medidas arrancándolas de su contexto.

Resulta elocuente que la única manifestación en el mundo que apoyó el reciente genocidio haya tenido lugar en Miami, bajo la consigna Irak ahora, Cuba después, a lo que se suman amenazas explícitas de miembros de la cúpula fascista gobernante en los Estados Unidos.

Son momentos de nuevas pruebas para la Revolución cubana y para la humanidad toda, y no basta combatir las agresiones cuando son inminentes o están ya en marcha.

Hoy, 19 de abril de 2003, a cuarenta y dos años de la derrota en Playa Girón de la invasión mercenaria, no nos estamos dirigiendo a los que han hecho del tema de Cuba un negocio o una obsesión, sino a amigos que de buena fe puedan estar confundidos y que tantas veces nos han brindado su solidaridad.

Firmado por:

 Alicia Alonso, Roberto Fernández Retamar, Miguel Barnet, Julio García Espinosa, Leo Brouwer, Fina García Marruz, Abelardo Estorino, Harold Gramatges, Roberto Fabelo, Alfredo Guevara, Pablo Armando Fernández, Eusebio Leal, Octavio Cortázar, José Loyola, Carlos Martí, Raquel Revuelta, Nancy Morejón, Silvio Rodríguez, Senel Paz, Humberto Solás, Amaury Pérez, Marta Valdés, Graziella Pogolotti, Chucho Valdés, César Portillo de la Luz, Cintio Vitier, Omara Portuondo.

FUSILADOS, PRESOS Y REHENES

 Manuel Díaz Martínez, Canarias.

Fusilar, tras un juicio relámpago servido a la carta a petición del poder, a tres hombres desesperados que secuestran una lancha para escapar de la miseria a que los condena un régimen fracasado y decrépito que impide a sus ciudadanos la libre salida del país, y meter por larguísimos años en calabozos inmundos, tras juicios farsescos de sentencias políticas predeterminadas, con pruebas que sólo prueban que no hay pruebas, a decenas de ciudadanos pacíficos, decentes y patriotas, opositores y periodistas cuya falta consiste en haber expresado opiniones políticas contrarias a las del Gobierno en una Isla sin libertad de expresión ni de prensa, es un crimen abominable típico de una dictadura que agoniza y tiene miedo.

Ni los fusilados eran terroristas, sino unos humildes jóvenes sin destino en un país en ruinas, ni los disidentes presos son conspiradores al servicio de ninguna potencia extranjera, ni siquiera por cuenta propia, sino gente que, a cara descubierta, hace o intenta hacer política contra la dictadura. En 1991, los que firmamos la Carta de los Diez –entre los que estaba el poeta Raúl Rivero, ahora en prisión– también fuimos acusados de conspirar por pedir reformas democráticas. Para Castro, que es un déspota, las libertades democráticas y los derechos humanos son subversivos. Y parece que quisiera hacernos creer que son productos made in USA.

Maestro de oportunistas, Fidel Castro se propuso utilizar la atmósfera de antinorteamericanismo que ha rodeado a la guerra de Irak para aplastar la oposición interna y el periodismo independiente, ambos en alza desde la presentación del Proyecto Varela. Mostrándolos como la quinta columna de EE UU en la Isla e inventándose, además, por enésima vez, una inminente invasión norteamericana a Cuba, ha pretendido justificar la brutalidad de su acción represiva y obtener para ella la comprensión internacional. Y yo me pregunto, ¿en caso de que la tal invasión no fuese un invento la podría parar fusilando a tres cubanos y encarcelando a 75? ¿No serían estas atrocidades un estímulo o un pretexto más para los invasores?

Castro, que es el mayor terrorista de Cuba, el jefe de los terroristas que componen su mafia de gobierno, y que sabe que su sangriento sultanato se desmorona, con estos fusilamientos y encarcelamientos lo que busca es apuntalar su poder aterrorizando a la población. Con los juicios de Moscú de 1934, Stalin no sólo aterrorizó a los intelectuales indóciles y a los disidentes, sino a toda la Unión Soviética. Y Hitler aterrorizó a toda Alemania con los juicios por el incendio del Reichstag, provocado por él mismo con ese fin. Estas lecciones las tiene bien aprendidas el sátrapa cubano, cuyos agentes secretos fueron los que organizaron las reuniones, nada secretas por cierto, de algunos disidentes con el jefe de la Sección de Intereses de EE UU en La Habana, reuniones que ha presentado como pruebas de la supuesta conspiración. Y si esto fue una conspiración, ¿por qué, como preguntó José Saramago, no han echado del país a Mr. Cason?

Da lástima ver a escritores y artistas del interior de la Isla, creadores con prestigio profesional bien ganado, algunos de ellos católicos, suscribiendo un documento infamante, dictado por el déspota, que es una ratificación de las últimas condenas a muerte y a prisión dictadas por los juececillos de la tiranía. ¿Será posible que no sean conscientes de que firmar ese nauseabundo Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos es un suicidio moral? Pese a todo, para mí, por el momento, es difícil juzgarlos y mucho más condenarlos, porque está por ver quiénes firmaron por puro miedo. No se puede olvidar que están dentro y, por lo mismo, son rehenes de Castro. Su palabra, como la de los que confiesan en cautiverio y bajo amenaza, no debe tomarse en cuenta. Por ahora merecen el beneficio de la duda.

[CUBAENCUENTRO, 2/5/2003.]

CARTA ABIERTA A MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

A finales de los años 70, mi padre estuvo en la Unión Soviética, dando un ciclo de conciertos con orquestas muy prestigiosas, yo tendría apenas 9 o 10 años y salvo algún comentario sobre la calidad de las orquestas y/o la burocracia típica de esos sistemas, sólo recuerdo los dos o tres chistes traídos por mi viejo, de la tierra de los “bolos”; chistes que habían sido “cocinados” por ellos mismos. Uno de ellos, contaba mi padre con deleite, describía a un perro americano que había ido de visita a la Unión Soviética, y allí otro perro soviético le dio el “tour” de rigor, mostrándole todos los logros que ellos, los perros comunistas, habían alcanzado: la educación, la salud socializada, los grandes avances científicos, en fin, el paraíso en la tierra. El perro americano, ya en su avión de regreso al “imperio”, se encuentra al perro soviético, escondido debajo de su silla, y extrañado, le pregunta qué hace allí, tratando de escapar, si lo tiene todo en su paraíso de los trabajadores, a lo que el perro soviético le contesta: sí, eso te he dicho… pero yo lo que quiero es ladrar.

En estos días terribles, he leído artículos y escuchado opiniones respecto a lo que ha pasado en la Isla, y modestamente, quisiera decirle que me parece muy exacto el análisis que usted ha hecho sobre todo lo acontecido. Además, le admiro su capacidad para todavía conceder el beneficio de la duda. Definitivamente, los años de prisión y los fusilamientos son mensajes dirigidos al pueblo de Cuba, rehenes al fin, de que eso también les puede pasar a ellos. Al igual que los mítines de repudio, que más que repudio para los que los sufren son mensajes de terror para el resto de la población, incluyendo a quienes participan activamente en dicha persecución.

De la lista de firmantes de esa infame carta, le puedo decir que, sin temor a equivocarme, conozco personalmente al 90% de ellos, les vi en mi casa en muchas ocasiones, me vieron nacer, crecer, etc. Es evidente que el “Comandante en Jefe, Fidel” no ha querido asumir estos presos y estos muertos él solito, y ha comenzado a repartir esa carga, que es sin duda bastante pesada de llevar.

Tener miedo es algo tan humano como amar, todos sentimos miedo, pero adjudicarnos el papel de Dios, apoyando la encarcelación de otros semejantes, porque sólo quieren “ladrar”, y firmando la sentencia a muerte de unos infelices que escapaban, probablemente sin ellos mismos tener conciencia de que no sólo muestra lo aberrante de ese sistema, y que mi padre y algunos de sus colegas hayan puesto sus nombres y apellidos a semejante documento, va mucho más allá que sentir miedo por sus vidas; es un acto de cobardía.

Sólo me mueve a escribir estas líneas el dolor y la vergüenza que siento. Quién sabe si algún día uno de estos artistas y/o intelectuales, se encuentren en algunos de sus conciertos o en algunas de sus conferencias a alguien que se les acerque, no ya para pedirles sus autógrafos o decirles lo mucho que les admiran, sino para identificarse, como familiares de los muchachos fusilados o parientes de los presos. Mucho me temo que ni mi padre, ni sus colegas, van a poder, nunca más, caminar las calles de nuestra querida Cuba, con la ligereza y el desenfado con que lo hicieron ayer. Ese va a ser su castigo.

Quedo de usted,

Alina Brouwer

[CUBAENCUENTRO, 2/5/2003.]

Anuncios