LOS TUTELAJES

Teódulo López Meléndez, Caracas.

2012-06-16_1La transición se da con los signos aparentes que creen disimulan algo a otros que disimulan que no hay nada, para utilizar una expresión grata a Jean Baudrillard. Toda simulación implica un regreso. Esta simulación extrema bien la podemos definir entonces como una disolución del poder mismo, pues los nuevos factores determinantes se mueven con la apariencia, y la apariencia dejarán cuando los simuladores ya no puedan crear la ilusión de una realidad. Esta campaña electoral dramática por su vaciedad bien puede ser definida como una transición de lo real a lo hiperreal.

Hay nuevos determinantes del poder, no ya tan nuevos, pero con la novedad de asumir su papel de manera abierta. En Venezuela los militares son el principal partido de gobierno, son las tutelas del poder. Eso que algunos venezolanos confunden, en una expresión muy criolla, con “jalabolismo” no es otra cosa que el remarcaje de la tutela. Es evidente con las continuas declaraciones y con las respuestas que se hacen a denuncias, falsas o verdaderas, sobre injerencia militar en movilizaciones el día electoral. Los militares hacen saber que el régimen se sostendrá por su presencia activa.

Eso equivale a un “efecto realizado”, para seguir con la terminología de Baudrillard, dado que la oposición denunciante debería saber y admitir que su acción electoral y sus denuncias se estrellan contra el verdadero factor tutelar que a diario hace gestos en una especie de modelo repetitivo y manifiesto que encarna la verdadera simulación de poder. La política y el poder mismo pierden así todo su contenido y funciones para convertirse en un modelo de espacio simulado cuyos actos y efectos serán vistos el día del simulacro electoral.

Paralelo al tutelaje militar existe uno popular, en simbiosis, lo que es llamado la unión cívico-militar, que mejor debería ser definido como militar-cívico. En la terminología de Ceresole ejército-pueblo-caudillo, sólo que este último desapareció y para cubrirlo se recurre a su última voluntad, esto es, frente a la inexistencia del poder se recurre a la simulación.

Está claro que la oposición también simula en una permanente acción defensiva que, apenas ahora, incluye la denuncia, una que pareciera señalar como equivocada sus acciones y errático su proceder. Inobjetablemente, aceptadas las denuncias, habría que reconocer que los partidos agrupados en la MUD y su candidato presidencial no deberían estar en este proceso regresivo que alcanzará su máxima expresión al conocerse los resultados electorales previsibles.

Hablaba de un tutelaje popular que resulta obvio. Hay un pueblo que alcanzó protagonismo y una clase media emergente, sectores beneficiados por la acción social y un factor mágico-religioso muy fuerte, no dispuestos para nada a arriesgar lo alcanzado. En este cuadro donde siente la solidaridad de las Fuerzas Armadas no se puede recurrir a la generalización de algún asesor experto en guerra sucia para simplemente mantener a los fieles. Sigue faltando el elemento que permita modificaciones en la sólida estatificación de los bloques.  

Esta campaña electoral está marcando un hito muy peligroso, la desaparición de lo político y su sustitución por una simulación. Desde el poder escasea la realidad y por ello se ofrecen signos de realidad. Desde la oposición se produce una unión en torno a la desaparición, una que se concreta en el lenguaje de conservar la apariencia. Si no pudiese ir a elecciones, o decidiese no hacerlo, dejaría de producir signos de realidad, dada su impotencia de producir realidad.

Un régimen como el que tenemos en Venezuela no puede ser explosionado desde fuera sin una implosión. Conscientes del hecho se produjeron todos los arreglos internos, a pesar de todas las intrigas para dividirlos, como sucedió con el caso de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Las Fuerzas Armadas pueden tener elementos discrepantes en su seno, pero están decididas en su conjunto a mantener lo que llaman el logro del Comandante en cuanto a unión cívico-militar.

Una implosión no existe como perspectiva inmediata. El principal factor tutelar dejará que ocurran acontecimientos cuando verifiquen, si es que ese momento llega, divisiones, malestar, cansancio y disolución de los lazos. Lo hemos visto hasta en el proceso egipcio. No somos egipcios, ciertamente, pero aquí, al igual que allá, la palabra es tutelaje.

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