DERRAPE CON MORALEJA

Mujica

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Precisar gradaciones en el caos es una operación metafísica intelectualmente endiablada, pero al aguerrido presidente uruguayo José Alberto Mujica no le faltó coraje pampero para aventurarse. Falló en que quiso desplegar su sapiencia política en privado y le salió pública. La cosa es muy simple, algo que ha ocurrido muchas veces cuando el imprudente olvida que el mundo de la comunicación global, aparte de titilante y melodioso, está minado de micros demasiado próximos y vorazmente abiertos. Refiriéndose a su máxima vecina, la viuda presidenta Fernández de Kirchner, Mujica pronunció en privado un comentario que un micro malevo desgranó en el viento, un viento que llegó presto a Buenos Aires: “La vieja es peor que el tuerto”. Ahí es nada. Y lo que hace imposible borrar el derrape es que el viejo Tupamaro tiene más razón que un santo. Las mentiras pueden disculparse. Las verdades son irreparables. He ahí la pérfida moraleja.

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