CUBA / UN “CLOSE-UP” DE LA DICTADURA

Un escritor cubano residente en la isla, Ángel Santiesteban, acusado de golpear a su ex esposa, ha sido condenado por un tribunal de La Habana a cuatro años de cárcel. Ignoro si el condenado cometió o no el delito que se le imputa. Él lo niega y sostiene que lo han castigado por su oposición al régimen castrista, de todos conocida. No me asombraría que sea cierto lo que dice: el régimen cubano ha demostrado, en su medio siglo de existencia, que es capaz de eso y mucho más. A propósito de este caso, el pasado día 8, Día de la Mujer, un grupo de escritoras -partidarias del Gobierno, o temerosas de él- hizo público en La Habana el siguiente alegato feminista, que tomo del periódico digital Cubaencuentro:

El escritor Ángel Santiesteban ha sido juzgado y condenado a prisión por agredir violentamente a su exesposa. Y enseguida han comenzado a circular notas de apoyo al escritor y de cuestionamiento a la sentencia del tribunal que lo juzgó. En casi todas se acusa a la víctima de loca, o de magnificar una leve “riña doméstica”. Nadie puede juzgar estos hechos sin conocer la profundidad de los daños causados por Santiesteban a su exesposa y a su hijo, y nadie debería acusar a la víctima de estar inventando un caso para que alguien sea condenado por ocultas razones políticas. La violencia contra la mujer tiene su origen, precisamente, en ese gesto tan usual de imaginarla carente de juicio, de  independencia,  o de opinión propia, y quienes esgrimen esas tesis están reproduciendo la agresión; como aquellos que culpan a la víctima de una violación de haber provocado a su agresor.

Las instituciones y organizaciones cubanas deben pronunciarse sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad. Es preciso intensificar, multiplicar y hacer permanentemente visible una campaña pública contra la violencia de todo tipo, especialmente la que se ejerce contra la mujer. Hay que divulgar aquellas leyes que la previenen o penalizan y los debates que han tenido lugar en espacios académicos y con motivo de campañas específicas. Combatir la violencia contra la mujer solo puede lograrse si nos unimos tod@s contra la desigualdad que la inspira y reconocemos el derecho de las mujeres violentadas a defenderse de su agresor y a denunciar la agresión, aunque se trate de un genio artístico o científico, un general victorioso, un deportista de élite o un obrero de vanguardia. Nadie más que ella misma tiene derecho a decidir sobre su vida y sobre su cuerpo, y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a juzgarla loca por querer defender sus derechos.

Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote Cruz, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirians Gordillo Piña y Helen Hernández Hormilla.

Comparto la defensa que las firmantes de este documento hacen de los derechos de la mujer, pero me temo que para ellas hay cubanas que no merecen que se respeten sus derechos. Les ha faltado tiempo para sumarse a la condena del opositor acusado de maltratar a su ex pareja, pero no recuerdo haber visto el nombre de ninguna de ellas vinculado a una protesta por los atropellos que, en las calles y cárceles de Cuba, sufren las mujeres disidentes, empezando por las Damas de Blanco, a las cuales la policía y las turbas gobiernistas han hecho mundialmente famosas a fuerza de golpes y vejaciones.

A la hora de aplicar la violencia a quienes exigen pacíficamente que se respeten sus derechos, los genízaros de la dictadura cubana no discriminan a las mujeres. Hay que reconocer que en esto no son machistas. 

La Habana: una mujer policía inmoviliza a una joven Dama de Blanco en medio de una turba castrista que colabora en la acción represiva. Las Damas de Blanco son familiares de presos políticos y protestan caminando en silencio por las calles, vestidas de blanco y portando gladiolos.

La Habana. Una mujer policía inmoviliza a una joven Dama de Blanco en medio de una patulea castrista que colabora en la acción represiva. Las Damas de Blanco son familiares de presos políticos y exigen la libertad de éstos caminando en silencio por las calles, vestidas de blanco y llevando cada una un gladiolo en la mano.

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