HOMENAJE A ANTONIO MACHADO

2013-02-17

SAETA POR ANTONIO MACHADO

El aire es duro:
seco como la roca.
Los árboles se mecen
en silencio.
España echa al polvo
su corazón entero.

Hay luto que tañe
a flautas. Que llama
al yunque en el rescoldo.
Hay piedras y más piedras
chocando contra el viento.

Altos son, Antonio,
los muros de la muerte.
Hondo el pan;
la iluminada fuerza
de la tierra.

Y tú, Antonio,
clavas como flechas
las huellas
de tu paso lento
por la piedra.
Por tu cielo áspero.
Por un áspero paisaje
de la muerte.

¿De la muerte?
En tus manos residen
las palomas.
Reside el fuego
como un sol dispuesto.
En el olmo, el sauce,
los ríos apagados,
las veredas, la palabra
España te reside
como un gran dolor cerrado.

Y tú, ahora, abres
a la tierra tu mirada
de callada alberca,
de cernida huella
de campanas;
de vitral, ya, vitral
profundo.

En las aguas, ya,
las aguas,
la niebla;
el párpado sostiene
tu vigilia.

(De Apuntes y poemas, 1966.)

ROBERTO BRANLY
(La Habana, 1930-1980)

PARA DON ANTONIO MACHADO

Don Antonio, es catorce de febrero
y está usted en el fondo de la tierra.
Arriba, los alcores, el otero,
los grises encinares de la sierra,

las hileras de chopos junto al Duero,
el golpe de otra azada que se entierra,
el pardo ruiseñor, el limonero,
los ya verdes caminos de la guerra

y los jadeos de este terco mundo
que levanta la luz de un nuevo día
sobre la turbia mole de su historia.

Don Antonio, cantor meditabundo,
no puede usted saber cuánto daría
por saberlo otra vez soñando en Soria.

(De Mientras traza su curva el pez de fuego, 1984.)

MDM

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