REALISMO MÁGICO EN VENEZUELA

Aleardo F. Laría

(DIARIO RÍO NEGRO, 17/1/2013) En América Latina, cuna del realismo mágico, la realidad va siempre por delante de la ficción. Ni la más fértil imaginación de un veterano narrador podría haber concebido la trama que actualmente entretiene a los constitucionalistas del continente americano, y en especial a los venezolanos. La curiosa situación institucional que se ha producido a partir de la decisión del presidente Chávez de permitir que una delicada operación que ponía en riesgo su vida se llevara a cabo en La Habana, carece de precedentes.

Lo primero que cabe señalar es que en una democracia moderna, en donde funcione un mínimo Estado de Derecho, es inconcebible que los ciudadanos carezcan de una información fidedigna sobre el estado de salud del presidente de la República. Este secreto, celosamente resguardado detrás de las puertas blindadas de la última dictadura comunista que sobrevive en América, supera todo lo imaginable, al punto que los venezolanos no saben si su presidente está vivo, muerto, secuestrado o  prisionero en un Estado extranjero.

Frente al texto de la Constitución Bolivariana, que claramente señala la diferencia entre una ausencia temporal y una ausencia definitiva –arbitrando distintas soluciones para cada caso– se mantiene un ocultamiento informativo que instala la situación en un limbo jurídico. El Tribunal Supremo Venezolano, colonizado por el chavismo, ha convalidado una parodia que repugna al simple sentido común, al hacer una interpretación tan absurda que permite que esta situación se mantenga indefinidamente.

Rayma. EL UNIVERSAL

Rayma. EL UNIVERSAL

La consecuencia práctica es que se ha producido la “jura virtual” de un presidente que no se sabe si está vivo o muerto; se ha dispuesto que el vicepresidente –que debía cesar el 10 de enero en un cargo que no es electivo– “continúe en funciones”; que luego rinda cuentas a la Asamblea Nacional como si fuera el propio presidente y finalmente anuncie la designación de un Ministro de Relaciones Exteriores en cumplimiento de un “mandato verbal” de un presidente. Para arreglar el entuerto, al día siguiente han publicado un decreto en la Gaceta Oficial con la supuesta firma de Chávez que aparecería así convalidando una manifiesta falsedad, puesto que dice “dado en Caracas, a 15 de enero de 2012”.

La reunión de la cúpula del chavismo en el aeropuerto de La Habana, para definir una estrategia siguiendo el dictado del presidente de Cuba Raúl Castro, es un hecho de sumisión ideológica que revela la incapacidad de unos dirigentes acostumbrados a actuar como serviles cortesanos y que frente a una situación límite carecen de la capacidad mínima para tomar decisiones.  O, lo que es peor, ponen en evidencia que la falta del líder, único elemento aglutinador de un movimiento vacío de ideas pero lleno de retórica, los deja en la orfandad política más absoluta.

Este secretismo bochornoso, indigno, propio de dictaduras obscenas, muestra todas las miserias e hipocresías del populismo bolivariano, que invoca permanentemente el nombre del pueblo, para luego privar a ese mismo pueblo de la información mínima que le permita tomar las decisiones con autonomía y libertad. Queda así de manifiesto el desprecio más absoluto que sienten por la opinión de los ciudadanos y el inmenso cinismo de unos dirigentes que manipulan la información con el mismo desenfado que lo hacían los jerarcas de la nomenklatura comunista.

El daño que se está causando a la institucionalidad de América Latina es inconmensurable. Esta falta de reparos en cuidar las formas, pone de manifiesto el uso meramente instrumental que tienen en la mentalidad de unos dirigentes que se consideran mesías investidos de mandatos bíblicos para “emancipar” a los pueblos, y lo único que hacen es medrar con el poder para conservarlo a toda costa, de un modo que ni las monarquías absolutas conocieron. Abominan la propiedad privada, pero convierten al poder en una propiedad inexpugnable y blindada.

Pocas veces en la historia los dirigentes políticos han demostrado tanto desparpajo como el que ahora se evidencia en La Habana y Caracas. Este espectáculo grotesco la única virtud que tiene es que resulta sumamente pedagógico y muestra el riesgo que corren los ciudadanos de otros países latinoamericanos, donde el populismo no ha mostrado todavía toda su cara autoritaria, pero insinúa una voluntad más dispuesta a hacerlo.

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