MORINGA

Cristóbal Colón descubrió en Cuba el tabaco –cohíba, en lengua taína– después de navegar durante días y noches interminables en una frágil embarcación por un océano desconocido. Hernán Cortés descubrió en México el chocolate –xocolatl, en lengua náhuatl– cuando exploraba, jugándose el pescuezo, el ignoto imperio de los aztecas. Fidel Castro, sin salir del Punto Cero –mastaba tropical climatizada donde ejerce de augur–, ha descubierto la moringa, exótica planta nutricia y curativa, más prodigiosa que el jamón de Jabugo y el bálsamo de Fierabrás. Gracias al Comandante, ¿a quién si no?, al fin los cubanos han encontrado la dicha, el bienestar, el sosiego. Tras medio siglo construyendo heroicamente el socialismo, tienen ya lo que tenían que tener: la moringa (cuyo único inconveniente, en la Antilla mayor, es la rima que provoca).

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