DOS SEMANAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Este mes se cumplen 50 años de la Crisis de los Misiles, o Crisis del Caribe, o Crisis de Octubre. Nunca el mundo ha estado más cerca de incinerarse en la hoguera nuclear que entre los días 14 y 28 de octubre de 1962. En aquellas dos semanas de vértigo –que viví dentro de Cuba y no olvidaré– se desarrolló el capítulo más peliagudo de la Guerra Fría, en el cual los protagonistas fueron Nikita Jruschov, John F. Kennedy y Fidel Castro. El conflicto giró, como se recordará, en torno a unos cohetes atómicos emplazados absurdamente en Cuba por la URSS. Absurdamente digo porque con esos cohetes se quería disuadir a EE.UU. de atacar la isla y, sin embargo, los soviéticos querían mantenerlos en secreto. Kennedy se aterró al enterarse de la presencia de tales artefactos devastadores, de alcance intercontinental, a escasa distancia de su país, y ordenó un bloqueo naval a Cuba. (Pero él mantenía rodeadas las fronteras de la URSS con cualquier cantidad de artefactos similares sin que le quitara el sueño el insomnio de los ciudadanos soviéticos.) Para mí la perla de todo aquel aquelarre histórico es la carta en la que Fidel Castro recomendó a Jruschov que sorprendiera a los yanquis dándoles el primer golpe nuclear. Afortunadamente, don Nikita tenía más frente que espalda y rechazó el consejo. Incluso, en su carta de respuesta, le advirtió a Castro que el primer país que iba a desaparecer en el contraataque norteamericano era Cuba. He aquí un detalle que el tórrido líder antillano había pasado por alto o se había pasado por lo bajo. Esto aún es motivo de debate.

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