DOS POETAS ME LEEN

SOBRE “OBJETOS PERSONALES”, DE MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

Eduardo González Ascanio
(en su blog La lupa sobre el cuadro)

El miércoles 26 de septiembre tuve la satisfacción de intervenir en la presentación celebrada en la Librería Altaïr, de Las Palmas de Gran Canaria, de la obra completa de Manuel Díaz Martínez, Objetos Personales (Sibila-Fundación BBVA). Lo que sigue es un extracto de lo que allí leí:

Quien, como yo, haya conocido primero la poesía de Manuel Díaz Martínez por alguno de sus libros de poemas o alguna de las antologías que de su obra se han hecho, habrá podido apreciar en la selección de sus versos todo, o buena parte, de lo que sobre ellos han destacado los muy ilustres comentaristas que han tenido (Raúl Rivero, Luis Alberto de Cuenca, Agustín Acosta, Virgilio López Lemus o Eliseo Diego, entre otros). En efecto, basta una buena muestra de su obra, creo yo, para convenir en que Manuel Díaz Martínez, poeta, tiene la gravedad –a veces la “reflexiva melancolía”– de un pensador, o que la tiene en muchas de sus páginas, y que parece venir “de muy lejos, de darle la vuelta a las cosas por su flanco nocturno”; que manifiesta un coloquialismo filtrado en un tono íntimo y una notable contención formal. Se puede estar de acuerdo en que el “yo” de sus poemas no es un “yo” apabullante sino cortésmente adelgazado. Y se entiende que se le considere “una simbiosis perfecta entre lo español y lo cubano”, hasta el punto de encontrarle bastante sentido a que Lezama Lima halle que en la poesía de Díaz Martínez “el hueso quevediano se une con las brisas habaneras”, aunque tales brisas sean en ocasiones portadoras de noticias sombrías y aunque sea difícil encontrarle el hueso a don Francisco de Quevedo en sus escritos más festivos.

Pero estas obras completas llamadas Objetos Personales extienden el conocimiento de la poesía de Manuel Díaz Martínez a una multitud de poemas menos conocidos, tan dignos de lectura y examen como los seleccionados en las antologías; también dan a conocer estos Objetos Personales los libros primeros, que ya desde muy temprano respondían a las características que sus lectores, estudiosos y prologuistas han observado en la totalidad de sus poemas, libros tan maduros como candorosos como pueden ser El amor como ellaLos caminos o El país de Ofelia.

Y, más allá de eso, la edición de estos libros completos y ordenados confieren a esta obra poética un cierto carácter de algo que sin ser biografía lo recuerda; o un no sé qué que, sin ser Historia, lo sugiere. Aclaremos: Manuel Díaz Martínez, poeta, ha sido también periodista, docente, diplomático e investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. Ha habitado y visitado por motivo de sus diferentes actividades diversos lugares de Sudamérica, Estados Unidos, Rusia y Europa. En sus poemas se da fe de su paso, por breve y accidental que fuera, bien por Praga, Bulgaria o Bilbao, o bien por Madrid o Logroño y otros tantos lugares.

Entre las amistades que, como la geografía conocida, ha atesorado se encuentran tanto Lezama Lima, Severo Sarduy como otras primeras figuras de la cultura sobre todo española y sudamericana. La fidelidad, y una sorprendente memoria para ubicar los recuerdos con detalle, dan a sus poemas –como a sus conversaciones– una calidad de escenas sobrias, precisas, pero vivas merced a la apropiada familiaridad con el castellano de diferentes épocas y niveles de uso: desde apariencias y atmósferas hasta genealogías dan animada fe de su variado y ubicuo paso por el mundo.

En un poema sobrecogedor, “El viajero”, de su libro Vivir es eso (1968) se lee: “Viajero no es quien camina, sino quien regresa y trae todos los odios y todas las conmiseraciones, todas las fatalidades y todas las esperanzas; viajero es quien, de vuelta a la penumbra de su casa, piensa, gime y maldice, hace planes monstruosos o llenos de piedad para el hombre y su resistencia”.

Tal parece una seña de identidad anticipada de su quehacer andariego y pensativo por el planeta.

Así que por más que el poeta clame en algunos versos más recientes por el olvido (“Dios no me quite el coraje de olvidar, / Dios no permita que lo odie”), y por más que proclame haber acumulado ya una satisfactoria cantidad de olvidos, crudo lo tiene lo de olvidar, incluso después de estas obras completas, completas solo por ahora. Y no solo por la noble fidelidad, o por esa memoria de infinidad de pormenores intactos y elocuentes, sino porque en esa permanente rememoración cabe con igual exactitud que lo trágico el aroma de las buenas tabernas (“Me casaré en Logroño”), el condimento de las más exuberantes recetas que dan lugar a pasmosos poemas (“Oda con noticia y lírica receta”) que parecen la recuperación del viejo género anacreóntico o la entrega a la moderada pasión por las conversaciones chispeantes.

LA POESÍA COMPLETA DE MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

Luis Antonio de Villena
(en su blog Noticias)

Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936) es un alto poeta cubano de su generación que, desde los primeros años 90, vive en España, en concreto en Las Palmas de Gran Canaria. Como muchos de los cubanos que viven acá –aunque creo que tiene nacionalidad española– participa poco en la vida cultural del país, lo que si me permiten decirlo con afecto, creo un error. Uno (y más si es escritor y poeta) debe tomar parte de la sociedad en la que vive, eso no quita que no añore Cuba y que no piense en su futura libertad, pero mientras… Díaz Martínez (hombre tranquilo y afable) participó como muchos en los primeros tiempos de la Revolución castrista y viajó a los antiguos países soviéticos, hasta que cayó en la cuenta de que el Régimen cubano era y es una dictadura, aunque a veces parezca atenuarse algo de cara al exterior.

Díaz Martínez que empezó a publicar en 1961 con El amor como ella, ha hecho una poesía que recorre con elegante trazo su vida, sus avatares, sus sentires y su cultura. Poesía en la mejor tradición del clásico realismo meditativo. Tiene libros estupendos como Vivir es eso (1968), El carro de los mortales (1989) o Memorias para el invierno (1995) entre otros, pero su poesía reunida, con prólogo del amigo Raúl Rivero, ha salido en la Biblioteca Sibila de la Fundación BBVA con el título Objetos personales.1961-2011. Es un libro que recomiendo muy sinceramente porque hay en él mucha buena poesía con recuerdos para muchos poetas donde no faltan cubanos como Lezama o Regino Pedroso, ni españoles como Antonio Machado, Luis Cernuda o Blas de Otero y no agoto nada, ni a Emily Dickinson. Díaz Martínez es un poeta de valía y hay que buscarlo, aunque él parezca a gusto en su rincón canario. “Vivir es levantar un mundo / sobre el mundo / a cada instante (…)” Gana en general en los poemas largos, aunque no se desdeñe nada. La foto en que aparece un grupo de poetas cubanos visitando a Lezama Lima (en el centro de la foto) muestra a un joven Díaz Martínez –supongo que estamos en los finales años 60– el primero a la izquierda con gafas y barbita. Un saludo, amigo Manuel, y como dicen por acá, no se venda usted tan caro…

De derecha a izquierda: Onelio Jorge Cardoso, Fayad Jamís, Armando Álvarez Bravo, José Lezama Lima, César López, Roberto Branly y Manuel Díaz Martínez. (La Habana, 1966.)

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