OPINIÓN AJENA

[…] Cuando, con todo el descaro, tanto el propio Rafael Correa como su Gobierno -con el otorgamiento de asilo diplomático a Assange- tratan de aparecer como los máximos defensores de la «libertad de expresión y de la libertad de prensa», ello sólo puede entenderse como una broma de mal gusto, siendo así que ese país y su presidente han sido condenados por las más importantes organizaciones de derechos humanos (Human Rights Watch, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, World Association of Newspapers and News Publishers y World Editors Forum, entre otras) por los continuos y despiadados ataques que se producen en Ecuador contra precisamente aquellas libertades. El caso del diario de Guayaquil El Universo (para los que estén interesados en ese caso, y para más detalles, remito al extenso Dictamen que el autor de esta Tribuna emitió, en su día, a favor de los tres periodistas de ese diario que resultaron condenados por un delito contra el honor de Correa, Dictamen que aparece en la página web: rafaelcorreacontraeluniverso.eluniverso.com) sólo es uno más -si bien el más notorio- que puede servir de ejemplo para tener una pequeña idea de cómo se las gasta Rafael Correa con los periodistas que osan criticarle: Correa sólo debería ocuparse de defender la libertad de expresión de lejanos ciudadanos australianos cuando hubiera dejado de intentar -muchas veces con éxito- amordazar a los periodistas de su propio país.

Enrique Gimbernat: “Assange y el Derecho Internacional”. EL UNIVERSO, Ecuador, 24/8/2012.

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