PEDRO LASTRA / POEMAS

POR QUÉ CORRÍA ÓSCAR HAHN O
HISTORIAS VIVIDAS

Veo a Óscar Hahn corriendo desalado
por una calle de Madrid.
Se desplaza hacia el sur
en dirección a los rápidos rápidos
en busca de la perdida felicidad.
Antes de ser borrado por la muchedumbre
se detiene un instante y me grita
agitando una mano.
Nadie sabe quién es,
nadie sabe quién es,
amigo mío,
desconfía pues de las aguas rumorosas,
desconfía de este viernes
de fuego y ceniza:
sólo eres dueño de tu pasado.

MADRIGAL

En el sueño inventé para ti una canción,
tus ojos alejaban en ella a la muerte
y tus manos venían
a borrar el celaje de algunas estaciones
sombrías del amor,
un invierno muy frío en el sur.

Huyó de mí en el día la canción,
fue hacia ti
que eras la voz amada
de ese coro de sombras.

PRESENCIA DEL AMOR

El tiempo del amor es el presente
el presente que todo lo contiene
la aparición real de tu alma y tu cuerpo
lo ilusorio de ti
tu encantamiento
también tu lejanía
a veces sólo un nombre
y una voz que yo escucho claramente a mi lado
¿es un sueño es un pájaro o el rumor de una fuente?
y aunque estés o no estés
sueño y pájaro y fuente
has detenido el tiempo
como en la vieja escena
contada en una fábula.

Gran desdicha tu ausencia
que yo procuro en vano conjurar
como ves
con pobres artes de imaginación
la pequeña moneda que le es dada
al hombre solitario
que te hace vivir en su memoria
como a una gacela perdida en el bosque
y encontrada en la noche del regreso:
porque fuiste quien eres de una vez
en una hora
de esplendor no abolido.

RELECTURA DE ENRIQUE LIHN

Porque escribí estoy vivo.
E.L.

Pero yo que no escribo,
yo que casi no tengo ya palabra,
Enrique Lihn, amigo de los mejores días
(esos que no llegaron)
qué puedo hacer por fin
para encontrar el reino que sólo el sueño crea
con la palabra que no estuvo en el sueño:
los pájaros de antaño
o una muchacha junto al jazminero
en el centro del patio, si es que hubo ese patio
y no lo inventa el otro que soy al regresar cada mañana
mi enemigo mortal, el que habita en mi casa,
el que niega y se burla
de mis pequeñas trampas de tahúr obstinado
o de aspirante al cetro de los justos,
si es que hay justicia y justos
y diluvios, con su inmortal paloma
y todo eso.

PLINIO REVISITADO

Yo también, Cayo Plinio, me admiro como Ud.
cada día
de las grandes
y pequeñas costumbres de la naturaleza.
Tal vez si usted volviera,
Cayo Plinio,
vería nuevas cosas
y una sola costumbre,
porque la muerte sigue igual.

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Pedro Lastra (Quillota, Chile, 1932). Poeta, ensayista, crítico, profesor universitario y miembro de la Academia Chilena de la Lengua. Libros de poemas: Traslado a la mañana ((1959); Y éramos inmortales (1969 y 1974); Noticias del extranjero (1979, 1982, 1992 y 1998); y Canción del pasajero (2001). Numerosas antologías de sus poemas han sido publicadas en América y Europa. La más reciente, Obras Selectas (2008), reúne poesía y ensayos sobre literatura chilena e hispanoamericana.

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