OPINIÓN AJENA

[…] El incipiente individualismo económico de los años noventa fue rápidamente sofocado y hoy los tenduchos de los exempleados públicos son simples bazares mugrientos. A la sombra siempre del apoyo de Chávez, que hace nuevamente de Cuba una revolución subsidiada, todo se juega a la baza del turismo, que con la transformación de Habana-Vieja ha creado un verdadero parque temático, de acuerdo con el proyecto puesto en marcha hace décadas por Eusebio Leal, “el historiador de la ciudad”. Convertidos en hoteles, palacios como el de O’Farrill o el del marqués de San Felipe han recuperado su esplendor y en torno al eje de la calle Obispo, los turistas pueden imaginar una Habana de sueño que como el montaje de Potemkin para Catalina la Grande oculta el hundimiento imparable del resto de la ciudad donde los habaneros se hacinan en condiciones miserables.

El control policial se ha intensificado para hacer menos visibles a las jineteras, sin eliminar en modo alguno su presencia, observable en la proliferación de parejas de vejestorios europeos con jovencitas de color, en una ciudad que en este aspecto para nada recuerda a la que celebrara la entrada de Fidel. El incremento del turismo ha hecho también de La Habana una ciudad de mendicidad generalizada, curioso logro para una revolución social, que lleva al máximo la tendencia a disociar el trabajo del sostenimiento de la vida de los cubanos. Demasiados factores de estrangulamiento moral y económico, con el indicador de la multiplicación de procesos por corrupción. 

Claro que el vicio de pedir ha tenido resultados entre instituciones opulentas, como Caja Madrid que rehabilitó “viviendas sociales” (para privilegiados), el Ayuntamiento de Córdoba o la “popular” Junta de Castilla y León que lo mismo rehabilitó palacios (sic) para fines sociales o simbólicos (el colegio de “El Salvador”, cuna de mis queridos autonomistas a quienes el castrismo ha borrado de la historia), mientras la multimillonaria ayuda de los gobiernos de Zapatero a los Castro no ha servido siquiera para que fuera devuelto a España el Centro Cultural español en el malecón, creado con una fuerte inversión e incautado en 2003, hoy exclusivamente gubernamental cubano. Ahí no hay placa conmemorativa. Sobraba al parecer dinero y faltó dignidad. […]

Antonio Elorza: “Regreso a Cuba”. EL PAÍS, España, 4/7/2012.

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