ASSANGE, PREPARADO PARA VIVIR EN ECUADOR

Julian Assange, el enigmático chico de Wikileaks, aclamado por medio mundo como el Robin Hood australiano de la libertad de información por aventar urbi et orbi miles de documentos confidenciales del Gobierno norteamericano -heroicamente desclasificados por él-, teme a las iras seniles del Tío Sam y se ha metido en la embajada ecuatoriana en Londres -sí, en la ecuatoriana-, desde donde le ha mandado una carta al presidente Rafael Correa, conocido Apóstol de la diafanidad informativa, en la cual le suplica que le dé asilo, que lo ampare. Assange acaba de declarar que está preparado para vivir en Ecuador -sí, en Ecuador- y confía en que el presidente Correa lo complazca. Todos sabemos que los ecuatorianos viven encantados de la atención que su Gobierno dispensa a los periodistas del país -consúltese el periódico El Universo-, y están seguros de que Assange será dichoso en aquella región tan transparente.

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