OPINIÓN AJENA

[…] El nieto del escritor se esfuerza en demostrar que los mismos desórdenes psicológicos e impulsos que llevaron a Gregory no solo a la autodestrucción y la infelicidad sino al travestismo y la transexualidad latían en el propio Ernest Hemingway, ese icono de la masculinidad que usaba una metralleta Thompson para mantener a raya a los tiburones cuando pescaba. Hace tiempo que sabíamos que existían fisuras en el corajudo y correoso Papá Hemingway, que resultaban sospechosas tanta sesión de boxeo, desesperada búsqueda del riesgo, caza de búfalos, vigorosos duelos con los grandes marlins fusiformes, misoginia –“las mujeres son un estorbo en un safari”–, corrida y viril fanfarronería (para un espectacular retrato del escritor véase Hemingway, homenaje a una vida, Lumen, 2011, presentado por su nieta Mariel). John Hemingway subraya que en realidad marcó mucho a su abuelo el que lo vistieran de niña de pequeño y lo presentaran como la gemela de su hermana Marcelline. Eso le hizo ser proclive a la fascinación con los cambios de rol entre géneros y la androginia, asunto que puede observarse en su literatura si trasciendes el cliché. “Entendí que el abuelo no era el macho puro que muchos pensaban, y eso me sirvió para comprender mejor a mi padre. Eran dos caras de la misma moneda”. Ambos compartían además, según el nieto, un notable descuido por la higiene personal. Aunque, lo que hay que ver,Ernest ya vestía de Abercrombie & Fitch para sus aventuras outdoor. Ya decía yo que había visto en algún sitio esas camisas de cuadros tan a la moda. […]

Jacinto Antón: “Mi padre, el Hemingway que se convirtió en mujer”. EL PAÍS, España, 16/6/2012.

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