OPINIÓN AJENA

Carlos Fuentes se despidió ayer en su México natal a los 83 años. Con la muerte de este extraordinario novelista, América Latina y el idioma español pierden uno de sus iconos literarios del siglo XX. Tuve la suerte de tratarlo en varias oportunidades, la primera en La Habana, cuando él y yo confiábamos en la revolución de Castro. La última vez que nos vimos fue, hace pocos años, en Madrid, tras una conferencia que dictó en la Casa de América. Descanse en paz el maestro en la región más transparente. MDM

[…] Castro, por su parte, escoge el momento más álgido de las relaciones internacionales desde el fin de la guerra fría para encarcelar a setenta y cinco disidentes y condenarlos a mil quinientos años de prisión. Va más lejos: ejecuta sumariamente a tres autoexiliados que secuestraron una nave para huir de Cuba.

“Hasta aquí he llegado”, dice en una honesta y candente declaración José Saramago, solidario de siempre con la Revolución Cubana. Yo mantengo la línea que me impuse desde que, en 1966, la burocracia literaria cubana, manipulada por Roberto Fernández Retamar para apresurar su ascenso burocrático y hacer olvidar su pasado derechista, nos denunció a Pablo Neruda y a mí por asistir a un Congreso del PEN Club Internacional presidido a la sazón por Arthur Miller. Gracias a Miller entraron por primera vez a los EEUU escritores soviéticos y de la Europa central para dialogar con sus contrapartes occidentales. Neruda y yo declaramos que esto comprobaba que en el terreno literario la guerra fría era superable. La larga lista de escritores cubanos compilada por Fernández Retamar nos acusaba de sucumbir ante el enemigo. El problema, nos enseñaba, no era la guerra fría, sino la lucha de clases, y nosotros habíamos sucumbido a las seducciones del enemigo clasista.

No fueron tan débiles razones las que nos indignaron a Neruda y a mí, sino el hecho de que Zhdanov Retamar hubiese incluido en la lista, sin consultarles siquiera, a amigos nuestros como Alejo Carpentier y José Lezama Lima. A este hecho se fueron añadiendo otros que claramente abrogaban para Cuba el derecho de decirles a los escritores latinoamericanos adónde ir, adónde no ir, qué decir y qué escribir. Neruda se carcajeó de “El Sargento” Retamar, yo lo incluí en mi novela Cristóbal Nonato como “El Sargento del Tamal” y mantuve la posición que conservo hasta el día de hoy: en contra de la política abusiva e imperial de los EEUU contra Cuba.

Y en contra de la política abusiva y totalitaria del Gobierno de Cuba contra sus propios ciudadanos.

Soy mexicano y no puedo desear para mi país ni el diktat de Washington acerca de cómo conducir nuestra política exterior, ni el ejemplo cubano de una dictadura sofocante, sin prensa, opinión, disidencia o asociación libres.

Felicito a Saramago por pintar su raya. Ésta es la mía: contra Bush y contra Castro.

Carlos Fuentes: “Alta fidelidad”. EL PAÍS, España, 22/4/2003.

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