OPINIÓN AJENA

[…] Cuando, varias horas después de concluir el desfile, Raúl Castro leyó su Informe central al congreso, numerosos temores se confirmaron. La autocrítica que realizó frente a los mil delegados iba dirigida principalmente contra los burócratas que no habían sabido interpretar las orientaciones de su hermano.

Desplegó otra vez su lenguaje en apariencia pragmático, pero acompañándolo de las viejas fórmulas ideológicas, de la misma intolerancia que lo hace llamar “mercenarios” y “contrarrevolucionarios” a cubanos que no comparten la ideología gobernante. […]

Y concluyó sus extensas palabras con una frase que aúpa el enfrentamiento entre cubanos. “No vamos a impedirle al pueblo que defienda sus calles”, dijo, las mismas calles que esa mañana vibraron bajo el golpeteo de las botas militares. Todos los delegados al VI Congreso del PCC se levantaron de las sillas y lanzaron un aplauso, que duró largos segundos. El ruido de las manos batiendo fue atronador, como el de los aviones que cruzaban el cielo unas horas antes. Del mismo modo que los Mig volando sobre la ciudad no sobrepasaron la barrera del sonido, estos representantes partidistas no lograron atravesar los límites de su inmovilismo, la línea roja de su miedo.

Yoani Sánchez: “El VI Congreso y sus barreras infranqueables”. EL PAÍS, España, 22/4/2011.

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