ANIMALES

Hoy aparece en el periódico español ABC –por cierto, muy taurino– una noticia espeluznante. Resulta que la policía está tratando de identificar a un sádico que se ha dado gusto haciéndoles todo tipo de atrocidades a cachorros de perro, las ha filmado y, oculto en el anonimato, ha expuesto los vídeos en internet. Hasta el momento en que redacto estas líneas, al pie de la noticia hay más de trescientos comentarios de lectores perplejos e indignados. Y no puedo evitar preguntarme: ¿cuántos de estos escandalizados ciudadanos serán apologistas de la tauromaquia? Quizás se deba a un defecto mío, pero lo cierto es que no percibo diferencia alguna entre atormentar perros, como hace el hasta ahora anónimo descerebrado de la noticia, y entretenerse cada año en Tordesillas alanceando al Toro de la Vega, o divertirse con los correbous, o disfrutar, con la excusa de la tradición milenaria y otras zarandajas, del martirio de toros en los cosos de lidia. Sólo tomando en cuenta el negocio que es la tauromaquia puedo explicarme que la ley no persiga a quienes desangran a puyazos toros vivos y sí a los que se ensañan con el resto de los animales. Ay, de viejo se sabe que poderosa fulana es doña lana.

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