OPINIÓN AJENA

En Venezuela no existe actualmente ningún resorte institucional que impida o reaccione ante los embates inconstitucionales del régimen chavista. Ya esto es un hecho indiscutible y lamentable. El caso del cierre definitivo de RCTV Internacional confirma una vez más la orfandad en la cual se encuentra sumida la población venezolana ante las decisiones autoritarias de un gobierno arrogante y delincuente que no muestra otra cosa sino miedo ante la opinión adversa que ya alcanza el 70 por ciento de los venezolanos. […]

Hugo Santaromita: “RCTV: el final de Chávez”. EL UNIVERSAL, Caracas, 26/1/2010.

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MARTÍ Y YO. LA ÚLTIMA VISITA. LA ÚLTIMA CARTA

Juan Gualberto Gómez

A José Manuel Carbonell

Juan Gualberto Gómez (1854-1933). Periodista e independentista cubano. Figura entre los próceres fundadores de la República de Cuba.

La Habana ha rendido a la memoria inmortal del egregio José Martí, un espléndido homenaje en este aniversario de su natalicio. Es seguro que en la Isla entera todos los corazones cubanos se habrán sentido igualmente emocionados al evocar el recuerdo del día feliz en que Cuba viera nacer al hijo que, con su laboriosa constancia y su esfuerzo genial, reunió los elementos valiosos y unificó las voluntades necesarias para que su país de nuevo se lanzara a la conquista de su libertad y de su independencia.

Amigo y compañero de Martí en el trabajo revolucionario, viene en este día glorioso a mi mente el recuerdo de dos circunstancias que jamás olvidé, porque viven en mi espíritu como características emocionantes de mis relaciones con aquel glorioso compatriota.

1

Martí y yo nos conocimos hacia final de 1878.  El Pacto del Zanjón nos había sorprendido a ambos en el extranjero: a él por unas de las Repúblicas de Centro América, y a mí en Méjico. Fue en el bufete del célebre jurisconsulto, elocuente orador y exquisitamente de las letras, don Nicolás de Azcárate, donde nos vimos por vez primera. Don Nicolás de Azcárate  también había tenido que emigrar a Méjico, donde nos hicimos amigos, perseguidos por la intransigencia colonial. En su bufete encontró Martí su primera ocupación, y allí le fui presentado por don Nicolás, y allí nació entre los dos una relación íntima, que estrechó y fortaleció la identidad de nuestras opiniones respecto a los destinos de nuestra patria. Los dos estimábamos el Pacto del Zanjón, que no aprobábamos, no como el desenlace natural y definitivo de la Revolución de Yara, sino como una tregua, inesperadamente surgida, y que Cuba debía romper tan pronto como pudiera. Para llegar a esa finalidad, todos los que en la isla pensaban de ese modo empezaron a conspirar a  fin de reunir recursos y voluntades para emprender de nuevo la guerra libertadora. Yo pertenecía como Secretario a un club revolucionario secreto, desde luego. Martí pertenecía a otro.

Del bufete de Azcárate pasó Martí al del licenciado Miguel Viondi, otro excelente cubano. Todas las tardes nos reuníamos Martí y yo en el despacho que tenía en la oficina de Viondi, quien se daba cuenta de lo que hacíamos, pero nos miraba con simpática benevolencia y caballerosa discreción.

La labor de los que conspirábamos dio su fruto. En 1879 estalló la que se conoce en el vocabulario separatista con el nombre de la “Guerra Chiquita”, no porque careciera de empuje o de importancia, sino porque tuvo poca duración. En Oriente y en Las Villas, el movimiento armado logró impresionar fuertemente al gobierno español. Para ayudar a los alzados en armas, para provocar nuevos alzamientos, los clubs habaneros estimaron conveniente unificar su acción; y a ese efecto se convocó una junta de los presidentes y secretarios de esos clubs, que se celebró una noche, en la vecina población de Regla.  En esta junta, se creó un Comité central, cuya presidencia asumió Martí.

La idea pareció excelente, puesto que desde ese momento, el entusiasmo aumentó, y con él, el crecimiento de los recursos en armas, municiones y dinero, para ayudar a los alzados de Las Villas singularmente, y preparar un alzamiento en la misma provincia de la Habana. Pero, al cabo, la idea resultó funesta. Mientras los clubs trabajaban aisladamente, al gobierno le era difícil conocer la existencia de todos y medir la importancia de su labor. Desde la reunión de Regla, su espionaje se hizo intensivo y eficaz, por la sencilla razón de que a la reunión de Regla habían asistido dos o tres miembros del club, que eran espías del Gobierno, y ponían a éste al corriente de cuanto sabían.

A las pocas semanas de estar actuando Martí como Presidente del Comité Central, fue preso. Y el recuerdo de esa circunstancia es el primero de los dos a que me refería al comienzo de este escrito.

2

Martí vivía en una casita, modesta, pero alegre y limpia, que aún existe: Amistad, número 42, entre Neptuno y Concordia. Una mañana en que habíamos trabajado mucho en su bufete, y debíamos seguir trabajando en el arreglo del asunto de interés para Las Villas, me llevó a almorzar a su casa. Estábamos aún en la mesa, él, su distinguida esposa y yo, cuando sonó la aldaba de la puerta de la calle. Su esposa se levantó y abrió. La saleta de comer estaba separada por una mampara de la sala de recibo, así es que yo no vi al visitante; pero la señora de Martí dijo a éste en voz alta: ”El señor que vino hace rato a buscarte, y al que dije la hora a que te podía ver, es el que ha vuelto. Dice que termines de almorzar, pues no tiene prisa y te esperará”. No obstante esto –lo recuerdo bien– Martí se levantó y, con la servilleta aún en la mano, pasó a la sala de recibo. Tras breves instantes, volvió a la mesa, y con calma absoluta, dijo a su esposa: “Que me traigan enseguida el café, pues tengo que salir inmediatamente”, y siguió para su cuarto. Yo le vi abrir su escaparate, que estaba frente a mí, pues yo estaba sentado de espaldas a la sala; buscar de una gaveta unas cuantas monedas, llamar a su esposa a la que dirigió unas palabras que no oí. Servido el café por la sirvienta en esos instantes, vino Martí a la mesa y de pie sorbió de su taza unos cuantos buches de café, y dirigiéndose a mí me dijo: “Tome su café con calma: usted se queda en su casa, y dispénseme, pero es urgente lo que tengo que hacer”. Me dió la mano, tomó su sombrero y se marchó con el visitante, para mí hasta ese momento incógnito. Desde ese día y esa hora, no volví a ver a Martí.

En efecto, tan pronto como salió de su casa, su esposa, presa de una gran angustia, me dijo, con ojos llorosos: “Se llevan a Pepe; ese hombre que ha venido es un celador de policía. Yo lo ignoraba. Pepe me encarga que le diga a usted que corra y haga lo posible por ver a donde lo llevan y le avise a Don Nicolás de Azcárate”.

Salí enseguida con toda la prisa que me era posible. Al entrar por la calle de Neptuno acerté a ver a Martí con su acompañante, a cierta distancia. Ya casi iba a alcanzarlos, cuando vi que en la parada de coches que existía en la plazoleta de Neptuno y Consulado, entraban en un carruaje. Apresuré el paso, tomé otro coche yo, lo seguí, y los vi descender en la Jefatura de Policía, entonces instalada en el mismo edificio de Empedrado y Montserrate que ahora ocupa.

Cumpliendo el encargo de Martí, avisé a Azcárate. Para éste, que tenía grande influencia en el gobierno, se levantó la incomunicación y se le permitió ver a Martí. Con Azcárate recibí unas llaves y el encargo de recoger en el bufete de Viondi, una pequeña maleta, para entregarla a don Antonio Aguilera, diputado provincial entonces, que quedó en lugar de Martí. A los tres días de su detención salía el vapor correo para España, llevándose a Martí para la metrópoli, pues tanto por los consejos de Azcárate, como por su propia inclinación a los procedimientos suaves, el general Blanco, Capitán General de la Isla, prefirió deportarlo, a intentarle un proceso.

Lo repito: desde el día de su detención, no nos volvimos a ver más .

3

A las pocas semanas de la prisión de Martí fue preso D. Antonio Aguilera. Lo más singular del caso es que éste, la víspera de su prisión, vino a encontrarme, en una noche lluviosa, abrigado por un gran capote, y trayendo debajo de éste el famoso maletín que yo había recogido en el bufete de Viondi y que le había entregado a virtud del encargo que recibiera por conducto de Viondi. “Tengo informes fidedignos –me dijo Aguilera– de que de un momento a otro me han de prender. No sé cómo ha podido ser, puesto que me he estado moviendo con mucha cautela. Pero es lo cierto que no sólo se sabe mucho de lo que hago, sino que la policía está enterada de que en esta maletica poseo documentos de importancia, que pertenecieron a Martí. Pocos lo saben, y de esos pocos no me cabe sospechar. Se la traigo, pues, para que busque un lugar seguro en que ocultarla. Tome la llave. Si me prenden, ábrala, entérese de los documentos que contiene. Además, si me prenden, hay que mandar a Santa Clara con emisario seguro, estos otros documentos que le dejo”.

¡Qué tiempos aquellos! Sin vacilar acepté el encargo. Aguilera y yo nos abrazamos fuertemente. Llevé la maleta a lugar seguro. Para mí, siempre ha habido, entre mis amigos, gentes en quienes he podido fiar, y que por su posición modesta y hasta pobre, como la mía, resultaban casi insospechables a las autoridades españolas.

Como lo temía Aguilera, a los dos días de su entrevista, fue preso y enviado también a España, como Martí. Abrí la maleta y me encontré con una nota de encargos, que asumí el deber de cumplir.  Envié a Las Villas el emisario que me pareció más seguro… ¡cuando a los pocos días fui preso, conducido a la fortaleza del Morro y deportado a Ceuta! La maleta fatal desgraciaba a todo el que la poseyera. En vísperas de mi salida para España, supe la causa del misterio: uno de los hombres más importantes de los clubs conspiradores, Teniente Coronel de la guerra de los diez años, se había puesto, por venganza de lo que él estimó un desaire, al servicio del Gobierno. De él no nos ocultábamos. El sabía a qué manos iba a parar la maleta dejada por Martí y sabía que con arreglo a los documentos que contenía se dirigían los trabajos revolucionarios.

Mientras yo podía pasar como uno de tantos, no tenía importancia mi papel. Depositario de la maleta, ya resultaba eficaz y peligroso. De ahí mi deportación.

Diez años permanecí en España: desde 1880 a 1890. Cuando a ella regresé, ya Martí había logrado escaparse y vuelto a América. Y cuando de ella salí, y regresé a Cuba, nuestros rumbos se habían distanciado tanto que no manteníamos siquiera correspondencia.

4

Al volver a Cuba, en 1890, yo traía un propósito deliberado: fundar un periódico para iniciar una propaganda franca y abierta de las ideas separatistas, que yo estimaba que no se podía impedir aquí por las leyes, como no se había podido impedir en España la propaganda republicana, declarada legal por el Tribunal Supremo de nuestra antigua metrópoli. Fundé el periódico La Fraternidad, netamente separatista. Denunciado por un artículo titulado “Por qué somos separatistas”,  encarcelado durante ocho meses, condenado a una pena relativamente ligera por la Audiencia de La Habana, a pesar de la brillante defensa de González Lanuza, llevé el caso al Supremo de España, donde defendido por don Rafael María de Labra,  obtuve, con la casación de la sentencia, el reconocimiento de que era lícita la propaganda del ideal de la independencia.

Esto pasaba entre 1890 y 1891.

Martí, al conocer mi campaña, me escribió desde New York, felicitándome. Cuando más tarde fundó el Partido Revolucionario Cubano, en los Estados Unidos, ya estábamos de nuevo en correspondencia, y, cosa más singular, ya había conspiradores en la Isla, que marchaban en inteligencia conmigo, como sucedía en Matanzas, donde el ingeniero Emilio Domínguez, el doctor Pedro Betancourt, los hermanos Acevedo, José D. Amieva y otros tenían constituido un club revolucionario.

Al acentuarse la acción del Partido Revolucionario Cubano, resulté, sin buscarlo, el intermediario natural entre  los conspiradores de por aquí y Martí. Poco a poco, mi correspondencia con él se hizo semanal, bisemanal, casi continua. Los hechos, y su confianza y la confianza de los que en Cuba laboraban, todo ello me dio el peligroso, pero honorabilísimo papel de llevar entre los nuestros la representación del que ostentaba el título de Delegado del Partido Revolucionario Cubano.

De mi larga correspondencia con éste, algunas cartas se salvaron, sobre todo, algunas de las que recibí en los meses de noviembre, diciembre, enero y principios de febrero de 1895.

Tengo, sobre todo, la última. Está escrita la víspera del día en que salió para Santo Domingo a reunirse con el general Máximo Gómez, para venir a morir a Cuba. Después de encargarme de que me dirigiera, en lo sucesivo, a Gonzalo de Quesada, de quien me decía “mi hijo espiritual”, terminaba su carta con estas frases nerviosas: “¿Lo veré…?  ¿Volveré a escribirle…?  Me siento tan ligado a usted, que callo…   Conquistaremos toda la justicia”.

Tal es el recuerdo de la última vez que vi a Martí, en 1880, y tal es el párrafo, para mi inolvidable, de la última carta que me escribió en 1895.

(Revista Bimestre, La Habana, febrero, 1933)

LA OBLIGACIÓN DE INCIDIR

Teódulo López Meléndez, Caracas.

Somos en un país donde estamos obligados a incidir. Es necesario el recurso de la reflexividad, de una profundización en nosotros mismos. Atrás deben quedar la antipolítica, la despolitización y el individualismo autista. Las nuevas formas del país llaman a la ingerencia. Se trata del ejercicio de una política ciudadana, de una relación muy distinta del viejo paradigma ciudadanos-autoridad. Hay que inventar nuevas formas de escribir la historia.

Este viejo cuadro clínico ha conllevado al rebrote de totalitarismos en versiones más o menos renovadas. No obstante, ante el cierre de los canales de la democracia del siglo XX, y equivalente a la era industrial, surgen por doquier nuevas formas de organización que practican una democracia deliberativa. La creación de una nueva democracia para la era postindustrial implicará, implica ya, un traslado de los asuntos sociales hacia las asociaciones democráticas que emergen. Aquí cabe mencionar que el proceso de descentralización gubernamental es el camino ya asumido y sólo una reproducción extemporánea de modelos del pasado se empeña en centralizarlo todo, no como una forma de eficacia, sino como una manera de concentrar el poder, lo que permita el establecimiento de un nuevo Estado totalitario. El ciudadano, es decir, el habitante del espacio geográfico que ha abandonado el desinterés por los asuntos públicos, está retado a un acercamiento con el otro, a la construcción de una red de comunicación que deberá extenderse a una red de redes donde los elementos de interés común permitan la creación de un nuevo tejido democrático.

Nacerá así, lo que bien podemos llamar, con propiedad y exactitud, la voz de los ciudadanos que creará el nuevo lenguaje, uno por encima de los viejos paradigmas en que se mueven los actores tradicionales. Es necesaria la aparición de lo que en inglés llaman moral commitments, es decir, las obligaciones morales que se asumen en el orden de la acción común. En las democracias aparentes se burlan estos propósitos.

Si un cuestionamiento se hace presente en el mundo que se asoma es al del llamado “conocimiento experto” en su capacidad de tomar decisiones. Ello conlleva, necesariamente, a un aumento de la intervención colectiva en un debate público del cual se alejó y al cual las evidentes fallas lo han hecho regresar, esta vez para quedarse. Sólo que los cauces tradicionales para esa expresión están obturados y así debe recurrirse a otros medios.

Si lo queremos decir en palabras más precisas,  para bien, se marcha hacia una politización creciente. Es una buena noticia porque el abandono del interés por la Polis ha sido la causante de una inmensa cantidad de vicios que han afectado al proceso democrático. La lucha es por eliminar ciudadanos dependientes que esperan del Estado y pronuncian la inefable y dañina frase: “Es que este gobierno me da”. El ciudadano, inclusive más allá de comportarse como tal, estará sometido en el mundo que se asoma a un permanente desafío para que asuma deberes en la comunidad socio-política a la que pertenece y deberá procurar que esa comunidad le reconozca como miembro suyo y le facilite el acceso a los bienes sociales.

Vasarely: "Nacimiento II"

Boaventura de Sousa Santos elaboró un modelo que denominó democracia de alta intensidad o democracia emancipatoria. El autor portugués (Limites y posibilidades de la democracia, entre otros varios) parte en su análisis de una demoledora crítica a lo que llama “pensamiento democrático hegemónico”. Lo basa en un proyecto de transformación social mediante la creación de formas de sociabilidad inconformistas, la reinvención de la ciudadanía y la maximización de la participación política. El sociólogo lusitano describe a la perfección las fallas de la democracia tal como la hemos conocido, en su origen teórico, en sus procedimientos electorales y en sus consecuencias de falta de ingerencia ciudadana, de manera que procede a reelaborar una teoría democrática, lo que evidentemente es absolutamente necesario en el mundo actual.

Propone una democracia radical socialista y la búsqueda de alternativas epistemológicas para devolver la esperanza de emancipación. Los adjetivos pueden ser redundantes; por ejemplo, el adjetivo radical es cada vez más usado en Ciencias Sociales en relación a la democracia y el adjetivo socialista se puede prestar a confusión. En cualquier caso, lo que el investigador portugués exige es una “repolitización global de la práctica social”, esto es, superar la mera participación electoral, lo que significa “identificar relaciones de poder e imaginar formas prácticas de transformarlas en relaciones de autoridad compartida”. En síntesis, debemos reclamar las tesis de inclusión, los planteamientos de redención social y la participación creciente que conlleve a nuevas formas de poder, lo que nosotros hemos denominado las decisiones colectivas.

No estamos pensando en un modo de democracia directa. En el fondo, la variante representativa ha materializado la posibilidad de la dictadura de las mayorías. De allí la imperiosa necesidad de construir espacios que deliberan e influyen o determinan las decisiones políticas. Esto es, hay que levantar sujetos políticos abiertos a la diversidad y a la tolerancia, con suficiente poder adquirido y derivado de la práctica de lo deliberativo. He dicho que la democracia es siempre una posibilidad en camino donde no se congela un ordenamiento institucional y donde el Derecho no es un simple instrumento de mineralización del pasado. La política, vista así, no es más que una práctica continua, una transformación incesante marcada por la toma de decisiones de los nuevos actores ciudadanos.

Hay una hegemonía que, obviando en este instante viejos factores ideológicos, podemos referir a los partidos políticos, como monopolizadores de las prácticas de la democracia representativa. Las prácticas articuladoras de los diversos sectores sociales emergentes que deliberan se producirá tarde o temprano para hacer saber que terminó al fin un predominio abusivo. Siempre aparecerá el elemento identificatorio del todo, el que produzca el sentido común. La incompletitud de cada sector emergente encontrará la articulación, una que puede ser circunstancial para el ejercicio de un movimiento de poder, una que puede ser de mediano alcance para propósitos de lento perseguir o, inclusive, el nacimiento de bases permanentes sobre la cual continuar manteniendo la diversidad. Para lograrlo se requiere de la conformación de nuevas demandas subjetivas que confluyan mediante un sistema de equivalencias democráticas. No se trata de alianzas sino de un proceso de modificación de la identidad de las fuerzas actuantes. Esto requiere que ninguna lucha se libre en términos que afecten negativamente a los intereses directos de otras fuerzas posibles a la articulación y que subsista la confrontación de diversas posiciones. Ernesto Laclau, virtual padre del término “democracia radical” asegura que “la democracia es radical porque cada uno de los términos de esa pluralidad de identidades encuentra en sí mismo el principio de su propia validez, sin que ésta deba ser buscada en un fundamento positivo que establecería la jerarquía o el sentido de todos ellos, y que sería la fuente o garantía de su legitimidad”.

NECROLÓGICA

Acabo de enterarme de que ha muerto en La Habana Ángel Augier. Tenía 99 años. Recuerdo lo que de este escriba y versificador cubano decía Roberto Branly parodiando a Rilke: “Todo ángel es terrible, menos Augier, que es gris”. Que tenga buen viaje.

¿Y AHORA QUÉ?

Florentino Portero

(LIBERTAD DIGITAL) La reciente elección de un senador por el estado de Massachusetts, el puesto dejado por Edward Kennedy, ha tenido el mismo efecto devastador que la voz de aquel niño que, desde su sabia inocencia, grito aquello de “¡El Rey está desnudo!”. Ya no hay duda. Lo que venían adelantando los sondeos de opinión y apuntaron las elecciones a gobernador en Virginia y New Jersey iba en serio. Los norteamericanos están en desacuerdo con su presidente en la gestión de las grandes políticas: economía, sanidad y política exterior.

No me cabe duda de que lo relativo a la acción exterior no ha sido lo que más ha pesado en esta crisis sentimental, pero estoy convencido de que ha ayudado lo suyo. Unos no acaban de entender cómo el candidato Obama se comprometió tan claramente a cerrar Guantánamo y un año después sigue abierto ¿Es que no había estudiado el tema con el mínimo rigor exigible? ¿Acaso prometía lo que sabía que no iba a cumplir? Otros constatan que sus enfáticas proclamas sobre cómo resolver la crisis israelo-palestina o las crisis de proliferación nuclear iraní o norcoreana eran un descarado bluff. Obama no tuvo reparo en despreciar las propuestas de Bush, McCain y Clinton sin tener más que prejuicios y ensoñaciones como alternativa. Estados Unidos ha mejorado su imagen internacional, pero a costa de perder liderazgo, autoridad e influencia.

Obama tiene que ajustar su estrategia política si no quiere que las huestes demócratas sufran una debacle en las elecciones de noviembre. En el ámbito internacional tiene dos opciones: un giro hacia el realismo pragmático representado por Clinton y Gates o avanzar en la línea idealista y progresista que ha primado hasta la fecha. En alguna otra ocasión he citado un comentario que oí a un viejo analista de seguridad internacional en uno de los más conocidos y solventes think tanks de Washington. Ante la evidente ansiedad que nos producía oír sus discursos electorales nos trató de tranquilizar apuntando que Obama no era un irresponsable, era sólo un cínico ¿Hay alguna razón para estar tranquilo a sabiendas de que el presidente norteamericano es un cínico y un mentiroso? Yo creo que no. Pero, sobre todo, ¿es Obama un cínico? En mi opinión esa no es ni mucho menos su principal característica. Hasta la fecha se ha comportado como alguien que se ve a sí mismo como una figura providencial llamada a trasformar Estados Unidos y, desde luego, a modificar su papel en el mundo. No es Bill Clinton, no es un clásico demócrata del establisment, es un ideólogo. Sin duda puede cambiar, pero no será fácil.

No sé qué le aconsejarán Rahm Emmanuel y el resto de su equipo de expertos electorales, posiblemente ni ellos lo saben en estos momentos, pero sospecho que su primera reacción será dar tiempo para que sus políticas den fruto y confiar en el efecto que tendrá dentro de tres años, cuando trate de revalidar el cargo, el hecho de que no haya un solo soldado norteamericano en un campo de batalla. Se me escapa si el plan le dará buen o mal resultado. De lo que no tengo duda es de que Estados Unidos habrá perdido para entonces buena parte de su crédito e influencia y que, por lo tanto, nuestra seguridad ya no será la misma.

RIESGO VOLCÁNICO EN GRAN CANARIA

La escala de riesgo va de menor (azul) a mayor (rojo).

La prensa ha dado a conocer los resultados de investigaciones realizadas por especialistas españoles y franceses relativas a la peligrosidad volcánica en la isla de Gran Canaria, la tercera en extensión, la tercera en altitud y la segunda en población del archipiélago canario. Los investigadores, encabezados por el profesor Alejandro Rodríguez-González (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria), han diseñado un mapa de escenarios de mayor riesgo volcánico de la isla durante el Holoceno (desde hace 11.000 años), escenarios que se sitúan al noreste y corresponden a las zonas más habitadas. Rodríguez-González ha dicho que el vulcanismo se concentró en el sector septentrional de la isla y produjo pequeños conos estrombolianos monogenéticos (erupciones poco violentas que emiten lavas y piroclastos) y, de forma ocasional, calderas freatomagmáticas (expulsión de cenizas). Los vulcanólogos estiman que la próxima erupción volcánica en Gran Canaria será “de tipo estromboliana monogenética”, con un cono de entre 30 y 250 metros de altitud y un flujo de lava de entre 100 y 10.000 metros de largo.