EL PODER DE CREAR

Teódulo López Meléndez, Caracas.

Teódulo Los analistas que se han ocupado del poder lo instituyen como esencial a la cohesión humana. Es potestas y auctoritas. Se le puede identificar con fuerza o con autoridad. No obstante hay un paradigma premoderno del poder y otro atribuible al siglo XVIII. Esto es, ya el poder no controla por infundir miedo sino a través de instituciones de gobierno. Se ejerce por la vía jurídica, por la vía de la conciencia social o por la vía de la imposición histórica.

Poder significa, desde Max Weber, imponer la propia voluntad, aún contra toda resistencia y cualquiera sea el fundamento. Quizás de aquí provenga el cruce de los conceptos de poder y dominación. El poder para los marxistas es atribuible a la capacidad de una clase social de realizar diferentes objetivos específicos. Hanna Arendt consideraba opuestos violencia y poder.

El ejercicio del poder se ha hecho así inherentemente conflictivo. Este concepto de poder se ha hecho ineficaz. Arendt le dio su toque cuando lo llamó la capacidad de actuar concertadamente. Es lo que otros autores han llamado “poder con”. Lo que debemos derruir es el poder como “poder sobre”. Foucault habla de una convocatoria más bien a una serie indefinida de distribuciones horizontales de poder.

La crisis de las instituciones obsoletas pueden conducir al extremo del horizontalismo absoluto, pero está claro que la falta total de organización no funciona, lo que puede replantear épocas autoritarias en respuesta al desorden. A su vez, el desprecio justificado por los dirigentes puede plantear la aparición de lo que se ha dado en llamar “el poder de la referencia social”, una no perteneciente a quien la tiene sino a la gente que la otorga o la quita.

No podemos extender el concepto de poder de la modernidad a la posmodernidad por una razón muy sencilla: el hombre no es sólo un depositario de derechos sino un “empoderador” que gestiona. Foucault es el contemporáneo más próximo que se ha ocupado del poder. Ya hemos visto como habla de “distribuciones horizontales”. En efecto, el poder vertical es resistido por una red de redes en la era presente de lo tecnológico que coadyuva a la sustitución de una sociedad informada por una sociedad comunicada.

La identidad entre poder y dominación ha llevado a este dañino paradigma del poder como “poder sobre”. Los rasgos del poder desafiado por una cultura que llama al intelecto a “empoderarse” en imbricación con los demás del devenir histórico apunta ahora al nuevo paradigma del poder como  “poder hacer”, uno que podemos definir como el poder como un derecho de creación.

Anuncios