La aparición de Susan Boyle

Teódulo López Meléndez, Caracas.

teodulo2“Britains´s got talent” es un programa más de la televisión británica. Allí van los aficionados a demostrar su talante. Allí el público se burla de los participantes, como corresponde a esta edad de la candonga en donde los “invitados” son sometidos al escarnio. Allí, en ese escenario, los habitantes del planeta globalizado hemos asistido a una de las grandes sorpresas de este siglo. Allí, donde el público se ríe, hemos tenido una de las emociones más fuertes a las que la red de Internet puede someternos.

Una mujer regordeta, de 47 años, feúcha, desempleada y que confiesa que no ha sido besada, se ha parado delante a un público propenso a someter al escarnio a los participantes. Ese es su papel (el del público), divertirse. Sólo que, cuando la escocesa de una aldea perdida en la geografía ha comenzado a cantar, Gran Bretaña ha sentido que un choque eléctrico le recorría la espina dorsal. Se llama Susan Boyle y la hemos visto treinta millones por Internet. Confieso que se me han salido las lágrimas, a mí, el tipo que sólo se reconoce en la voz de María Callas, la diva, la mujer que puedo reconocer en cualquier circunstancia, la mujer de la voz más estupenda que haya existido jamás.

Escucho una y otra vez a Susan Boyle cantando “I dreamed a dream” (Yo soñé un sueño) y me digo a mí mismo que hasta desde un reality show se pronuncia una voz. Ya había ocurrido un caso similar con Paul Potts, un vendedor que hoy es un afamado cantante de ópera, pero al ver esta mujer llamada Susan Boyle la imaginación se me dispara, recorro los campos de Escocia, vuelvo a ver los farallones de sus costas abruptas, leo de nuevo a sus escritores, escucho una resonancia que me siembra.

Estamos delante a un fenómeno de estos tiempos. Se trata de Internet. Es Internet el que nos ha permitido ver un programa anodino de la televisión inglesa. Susan Boyle no ha cantado para un canal de televisión. Ha cantado para el planeta Tierra. La hemos escuchado. Es una voz privilegiada, estupenda, armónica. Susan es capaz de hacer cualquier cosa, subir y bajar en las escalas, empinarse desde su pequeña estatura, hacernos sentir a los habitantes planetarios que desde el olvido, desde el ocultamiento, desde la anonimia, puede salir una voz a conmovernos.

La voz sale de entre las piedras. La voz que se pronuncia apenas tiene una oportunidad. La voz puede tener cierta edad, pero cuando se hace escuchar es la voz que nos somete a un corrientazo. Ya no se trata de los “invitados predilectos” a que nos somete un canal de televisión venezolano. Ya no hay “listas negras”. Ya no hay gente que no puede asistir al canal. Ya no hay la repetición de los mismos diciendo las mismas sandeces. Ya no hay “directores” maldiciendo y recordando a sus súbditos que tales y cuales están vetados en el periódico. Ahora existe la “red”, ahora existe algún programa donde puede colarse Susan Boyle, la voz que ha estremecido al siglo.

La voz puede salir de cualquier parte. La voz no estará por siempre sometida a los caprichos dañinos del prepotente dueño de medio. La voz se manifestará aunque deba levantar las piedras con su resonancia. La voz esperará el chance, la oportunidad, el instersticio. Se acabaron los mandamás. Se acabaron los prepotentes. Se acabaron los magnates que ordenan “a ese no lo entrevisten” o “a ese no lo publiquen”. Estamos en la hora de la libertad mediática. Estamos en la revolución más trascendente desde que Gutemberg inventó la imprenta. Hasta él las ideas viajaban con lentitud. El libro impreso era transportado por mar. Aún se tardaba el pensamiento. Ahora no. Ahora es instantáneo, para que los conservadores se quejen de la pérdida de las jerarquías, del supuesto daño que causa al establecimiento el derrumbe de los poderosos directores, de los autoinflados dueños del canal de televisión, de una jerarquía odiosa que en su entender debe defenderse.

Ahora somos todos periodistas, somos todos escritores. Cualquiera puede poner un blog. Se leerá el que valga la pena. Nadie puede decir que no habrá un sistema de escogencia. Nadie puede argumentar que la abundancia prostituye, si somos más de muchos millones los que estamos en la web debemos decir que el público escogerá, como escogió a “Generación Y” de la más famosa bloguera cubana, Yoanny Sánchez. Ahora la libertad prevalece y los periódicos impresos serán objeto de la burla de los defensores del ambiente. Ya este servidor no imprime nada. Ha sido convencido de que imprimir implica la tala de un árbol. Este servidor publica su obra literaria en e-books, sobre todo porque hay sueltos unos incendiarios que sacarán nuestros libros de las bibliotecas acusándonos de ser unos “escritores burgueses” que no merecen ser leídos por “el hombre nuevo” que la revolución está construyendo.

Ha terminado Susan Bloyde de cantar “I dreamed a dream”, pero la vuelvo a poner mientras redacto mi artículo. Mi artículo seguramente no tiene mucho que ver con esta escocesa estupenda, Aunque sí, tiene que ver. La voz que despertará a la nación venezolana, la voz que recorrerá la espina dorsal de esta nación insensible, brotará del anonimato, cantará sorprendentemente desde alguna parte, será una mayúscula sorpresa. La voz no depende del prepotente que se permite fijar “líneas de acción” a un país moribundo. Vaya a confundirse con el estiércol la voz massmediática que habla de “trapos rojos”. Vaya al infierno el que daños profundos le hace a la resistencia.

Yo también soñé un sueño. La voz de Susan Boyle me hace recordar que desde debajo de las piedras, desde debajo de la mujer que nunca ha sido besada, desde el anonimato saldrá la voz para callar a los burlones, a los prepotentes, a los indiciados de cobardía.

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