Desde Cuba

De La Habana me ha llegado una carta. De ella son estos párrafos desoladores, que revelan la vulnerabilidad e indefensión de un país velado por las fábulas y devorado por la realidad:

…el ciclón nos dejó en pie, se llevó la isla de maderas viejas y cartones pegados con saliva que durante cincuenta años no dejaran ver las trompetas de la propaganda, o mejor dicho, hablando con propiedad, se llevó media parte de esa isla. El resto está ahí esperando el paso del siguiente ciclón. Pero, al parecer, a nosotros nos dejó en pie, y a la ciudad de La Habana en general. De haber entrado por San Rafael, eso ni con Sodoma y Gomorra tendría comparación.

Claro que ahora (y por eso decía al parecer) vendrá el asunto de la comida, pues Ike arrasó en el campo y el gobierno carece de bolsillo y créditos para importar alimentos, así que voy a esconderme porque a menos que volviera a aparecer Jesús por ahí con una de sus multiplicaciones famosas, pronto estarán los Comités en los barrios censando a los gorditos, presumiéndose que empiecen por los jubilados en buen estado.

Esto, y que todavía estén por llegar el temerario octubre y noviembre con quién sabe lo que nos puedan traer, son dos sustos que tienen a la gente de San Rafael, Hospital, Aramburu y de los barrios todos de la capital escribiéndole cartas a Santa Bárbara con copias para la Virgen de la Caridad el Cobre.

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