Una opinión que no comparto

En su blog La Reina de la Noche, la escritora Isis Wirth sostiene que es una “chicharronería” de Virgilio Piñera comparar a Fidel Castro con Napoleón Bonaparte –paralelo que Virgilio hace en su crónica “La inundación”, de 1959, reproducida en mi blog días atrás–. No comparto la opinión de Isis Wirth. Virgilio, con quien mantuve una estrecha amistad que duró veinte años, no era dado a “chicharronear”, sino todo lo contrario. Aunque era un hombre amable, su franqueza podía ser hiriente. Su obra no es la de un escritor acomodaticio ni timorato, y si padeció el rechazo oficial, con injurias añadidas, y murió marginado no fue precisamente por adular al poder. Recordemos su protesta, en las reuniones de Fidel Castro con los intelectuales cubanos en 1961, contra la probabilidad de que el gobierno dirigiera la cultura. Fueron él y Mario Parajón los únicos que, en aquellas asambleas, abiertamente y cara a cara con Castro manifestaron temor a que eso ocurriese. Es conocido el tenso diálogo entre Virgilio y Castro sobre este tema. Teniendo en cuenta lo ya dicho, sabiendo cómo Virgilio respetaba su trabajo y cómo defendía la independencia del escritor, y conociendo su devoción por la historia y la cultura francesas, estoy convencido de que su comparación de Fidel Castro con Napoleón no es la bufonada de un oportunista, sino una forma sincera, aunque muy discutible, de enaltecer a la máxima figura de la guerrilla triunfante, un encomio nacido de la exaltación revolucionaria propia de aquellos días. Exaltación que afectó, como se sabe, a la inmensa mayoría de los cubanos, él incluido.

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