Palabras contra los intelectuales

 

Fidel Castro acaba de cumplir 80 años. Cuando tenía 35, sus laureles de guerrillero vencedor de una dictadura, recién conquistados en la Sierra Maestra, deslumbraban y le otorgaban un prestigio incalculable. Entonces, el joven mesías de pistola al cinto iniciaba el liderazgo de una revolución victoriosa, saludada por casi todos los cubanos, por casi todo el mundo. Aquellos momentos estelares de su entrada en la historia fueron aprovechados por él para echar los cimientos del poder cesáreo que ha ejercido durante más de la mitad de su vida.

Para que una dictadura se sostenga, ante todo tiene que controlar las fuerzas armadas y suprimir la libertad de prensa. Quizás por su propia perspicacia, pero también porque en el Presidio Modelo y en la Sierra fue atento lector de Lenin, de José Antonio Primo de Rivera y creo que también de Curzio Malaparte, Castro tenía esto muy claro. Tan claro, que en asumiendo el poder ocupó los mandos del Ejército y la Policía nacionales con oficiales de su guerrilla y desmanteló la Prensa independiente.

El dictador Fulgencio Batista huyó de Cuba el 1 de enero de 1959, y el día 4 se formó el primer Gobierno de la revolución. Apenas año y medio después son incautados y clausurados todos los periódicos del país, menos el comunista Noticias de Hoy, que durante cinco años más seguiría compartiendo estanquillos con el fidelista Revolución (luego Granma), fundado en la Sierra Maestra. Las emisoras de radio y televisión también fueron nacionalizadas.

Pocos meses después de la desaparición de la Prensa libre, la regimentación ideológica de la cultura sería proclamada por el propio jefe de la revolución. La política cultural del nuevo régimen no pudo tener un nacimiento más revelador de lo que con ella se buscaba: nació, en 1961, con el veto a una película y el cierre de una revista. Estos desmanes, propios de los totalitarismos, ensombrecieron el noviazgo de la mayoría de los intelectuales con los dirigentes revolucionarios, abriendo entre unos y otros una brecha de desconfianza mutua que sucesivos desencuentros fueron ahondando. El más publicitado de tales desencuentros fue el Caso Padilla.

Llegó el Comandante y mandó parar

El periódico Revolución, del Movimiento 26 de Julio (organización insurreccional creada por Castro para combatir la dictadura de Batista), comenzó a circular en 1956. Tres años más tarde, derrocado Batista, dejó de ser una publicación clandestina para convertirse en el principal vocero del Gobierno revolucionario. Su fundador y primer director fue Carlos Franqui, hombre de confianza y amigo personal de Castro.

Franqui, un animador de cultura que había sido militante comunista y que pertenecía al mayoritario sector socialdemócrata del Movimiento 26 de Julio, se propuso contribuir a la renovación y dinamización de la vida intelectual cubana. “Mi idea dentro del país”, ha dicho, “era hacer pensar a la gente y poner a las nuevas generaciones al día”.

Al hilo de la efervescencia social provocada por la victoria revolucionaria, Revolución se dio a la tarea de promover el debate y divulgar lo más vivo de la literatura, el arte y el pensamiento político nacionales y extranjeros. Para ello acogió a un grupo de escritores, periodistas, diseñadores gráficos, dibujantes y fotógrafos, mayoritariamente jóvenes, de proyecciones estéticas y políticas heterogéneas, que estaban por la tarea de incorporar la cultura a la revolución y la revolución a la cultura.

Lo primero que hizo Franqui fue crear una página titulada Nueva Generación, atendida por el poeta y periodista Roberto Branly. Luego ideó un magazine que saldría los lunes con el diario. Así nació, el 23 de marzo de 1959, el tabloide Lunes de Revolución, sin duda el más polémico y leído suplemento cultural de la Prensa cubana. Para dirigirlo escogió a Guillermo Cabrera Infante. El poeta Pablo Armando Fernández asumió las funciones de subdirector.

En las páginas de Lunes, iluminadas por el grafismo novedoso de diseñadores como Jacques Brouté, Tony Évora y Raúl Martínez, colaboraron, entre otros autores del patio, Néstor Almendros, Antón Arrufat, José A. Baragaño, Calvert Casey, Edmundo Desnoes, Roberto Fernández Retamar, César Leante, José Lezama Lima, Heberto Padilla, Virgilio Piñera, Severo Sarduy y José Triana. Lunes también publicó textos de autores extranjeros, como Miguel Ángel Asturias, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Jaime Gil de Biedma, Juan y Luis Goytisolo, Nazim Hikmet, Blas de Otero, Pablo Neruda, Jean-Paul Sartre, Nathalie Sarraute y muchos más. Junto a la literatura y el pensamiento político (en este último apartado figuran textos de Fidel Castro, Ernesto Guevara, Mao Zedong, Lenin, Trotski, Milovan Djilas…), en el magazine tuvieron privilegiada presencia las artes plásticas. El número final, aparecido el 6 de noviembre de 1961, contiene un espléndido homenaje a Picasso.

Aunque, como recuerda Pablo Armando Fernández, “Lunes y el periódico Revolución contribuyeron a la desaparición de la prensa capitalista, con campañas muy efectivas y continuas”, y aunque se dedicaron números especiales del magazine a loar a la República Popular China, Laos, Vietnam y Corea del Norte —países donde había cualquier cosa menos libertades democráticas—, Lunes, dando muestra de las ensoñaciones edénicas y confusiones ideológicas imperantes en aquel momento, hasta el último aliento se mantuvo fiel a su praxis aperturista y pluralista. A ella debió su atractivo, pero también su deceso. Pese a su fidelismo y antiimperialismo radicales, Lunes, por su actuación independiente y, para algunos, intelectualista y anárquica, ingrata a los aliados comunistas de un Castro cada vez más distante de su 26 de Julio, sucumbió bajo la misma espada que había ayudado a blandir contra la “prensa capitalista”. Un factor importante en la muerte de Lunes fue el anticomunismo de Franqui y Cabrera Infante.

Los editores de Lunes se presentaron, en el primer número del suplemento, como “un grupo de amigos” sin “una decidida filosofía política”, pero que no rechazaban “ciertos sistemas de acercamiento a la realidad (…) como la dialéctica materialista o el psicoanálisis o el existencialismo”, y anunciaron que dedicarían “buena parte del magazine a divulgar todo el pensamiento contemporáneo que nos interesa y nos toca”, pues tenían el propósito de “realizar para Cuba la labor divulgatoria (sic) que hiciera en España una vez la Revista de Occidente”.

Las discrepancias ideológicas latentes entre el grupo de Lunes y los marxistas ortodoxos del Partido Socialista Popular (PSP), cada vez mejor posicionados en el Gobierno, estallaron cuando el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), dominado por los últimos, confiscó el documental titulado P.M., de Sabá Cabrera Infante, patrocinado por el periódico Revolución. El ICAIC alegó que P.M. ocultaba el clima revolucionario existente en el país ofreciendo una visión frívola de la noche habanera.

La polémica provocada por este suceso dividió a la intelectualidad cubana, que mayoritariamente repudió la censura impuesta por el ICAIC y justificada por el PSP con el respaldo del Gobierno. Los bandos en pugna, que comenzaron polemizando en los periódicos, finalmente se enfrentaron, en la Casa de las Américas, en una masiva asamblea cuyo borrascoso desarrollo reveló a los dirigentes de la revolución la necesidad de “disciplinar” a los intelectuales. (Meter en cintura la intelligentsia es otro requisito para garantizar la estabilidad de una dictadura.)

Fue entonces cuando Castro decidió reunirse con los intelectuales para escucharlos, pero sobre todo para que lo escucharan a él. Los encuentros de los intelectuales con Castro —a los que también asistieron el presidente de la República, el ministro de Educación, la directora del Consejo Nacional de Cultura y otros altos cargos del Gobierno, la mayoría miembros del PSP— se efectuaron en La Habana, en la Biblioteca Nacional, los días 16, 23 y 30 de junio de 1961.

El amplio salón de actos de la Biblioteca resultó pequeño para la cantidad de escritores y artistas que acudieron a aquellas citas, yo entre ellos. Muchos temían que la controversia entre Lunes y el ICAIC, que era un episodio de la inevitable pugna entre la libertad de creación y el dirigismo comunista, la zanjara Castro a favor del ICAIC, con lo cual quedaría abierto el camino a la censura de Estado. Virgilio Piñera, uno de los más notables escritores cubanos contemporáneos, fue el único de los allí reunidos que se atrevió a revelar el miedo que “flotaba en el ambiente”.

Castro clausuró los encuentros confirmando esos temores: no sólo sancionó el veto del ICAIC a P.M., sino que, además, decretó la muerte de Lunes y nos dedicó un discurso, Palabras a los intelectuales, con una receta de la censura —inspirada por otra de Benito Mussolini—, cuya ambigüedad la hace doblemente inquietante: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

¿Qué cae dentro de la revolución y qué se le opone? Desde entonces, para evitar problemas, hay (o había) que esperar lo que en cada momento diga (o dijera) el Comandante. 

DIÁLOGO DE VIRGILIO PIÑERA CON FIDEL CASTRO EL 16 DE JUNIO DE 1961 EN LA BIBLIOTECA NACIONAL. (TRANSCRIPCIÓN MECANOGRÁFICA)

PIÑERA: Como Carlos Rafael ha pedido que se diga todo, hay un miedo podíamos calificarlo virtual que corre en todos los círculos literarios de La Habana, y artísticos en general, sobre que el Gobierno va a dirigir la cultura. Yo no sé qué cosa es cultura dirigida, pero supongo que ustedes lo sabrán. La cultura es nada más que una, un elemento… pero que esa especie de ola corre por toda La Habana de que el 26 de Julio se va a declarar por unas declaraciones la cultura dirigida, entonces…

FIDEL CASTRO: ¿Dónde se corre esa voz?

PIÑERA: ¿Eh? se dice…

FIDEL CASTRO: ¿Entre quiénes se corre esa voz? ¿Entre la gente que está aquí se corre esa voz? ¿Y por qué no lo han dicho antes?

PIÑERA: Compañero Comandante Fidel yo puedo decir que he oído hablar de esa voz entre las personas que yo conozco.

MODERADORA: Yo propongo a la asamblea que no interrumpa a los compañeros que están haciendo uso de la palabra. (Risas.)

MODERADORA: No, el compañero Fidel lo que hizo fue una pregunta.

PIÑERA: Los compañeros podrán decir lo contrario, pero como yo lo sabía, pues he querido sacarlo a colación, como se ha sacado algo de una película, entonces eso es porque como Carlos Rafael dijo que había luchas planteadas, y yo no digo que haya temor, sino que hay una impresión, entonces yo no creo que nos vayan a anular culturalmente, ni creo que el gobierno tenga esa intención, pero eso se dice. Que lo niegan, está bien, pero se dice. Y yo tengo el valor de decirlo no porque crea que los que nos van a dirigir nos van a meter en un calabozo ni nada, pero eso se dice.

La realidad es que por primera vez después de dos años de revolución por la discusión de un asunto los escritores nos hemos enfrentado a la revolución y ahora es y propongo a este Congreso que tenemos que rendir cuentas, comprende, y entonces este hecho pues nos produce un poco de impresión, digamos, aunque no digamos el temor. Y eso trae consecuentemente una serie de preguntas y de cosas que uno se hace que van corriendo y se van formando y en ese aspecto como Carlos Rafael pidió una franca franqueza, perdonando la redundancia, yo por eso lo digo, sencillamente, y no creo que nadie me pueda acusar de contrarrevolucionario y de cosas por el estilo porque estoy aquí y no estoy en Miami ni cosa por el estilo. Voy a cumplir 41 años y he dedicado toda mi vida a la literatura y todos ustedes me conocen. Así que como dijo el compañero Retamar, aquí no hay ningún compañero contrarrevolucionario. Todos estamos de acuerdo con el Gobierno y todos estamos dispuestos a defender y a morir por la revolución, etc., etc., pero eso es una cosa que está en el aire y yo la digo. Si me equivoco, bueno, afrontaré las consecuencias.

FIDEL CASTRO: ¿Pero equivocarte de qué?

PIÑERA: No equivocarme no, algunos compañeros dicen que eso no flota en el ambiente, pero yo digo que sí, ¿comprende? E incluso lo digo un poco como chiste de que lo van a declarar el 26 de Julio, pero es una impresión que hay sencillamente y es porque los artistas hasta ahora trabajaron en condiciones anárquicas y porque usted sabe perfectamente y sufriendo explotación como el pueblo y por los gobiernos que teníamos. Ahora no los tiene y entonces tiene que preguntarse por qué se especula, y es sencillamente porque se hace 50 mil preguntas. Porque todo lo que se ha dicho aquí, al fin y al cabo si se va a manifestar como se dice, se han manifestado dudas y reservas sobre cómo debe ser la creación artística. Está en el ambiente, lo que pasa es que no lo han dicho, lo han dicho con optimismo. Yo lo digo “ramplán”.

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