MI REINO POR UN CABELLO

Teódulo López Meléndez, Caracas.

2012-06-16_1Ha aparecido el rey. Ha aparecido el cadáver del rey. Ha sido encontrado debajo de las pesadas lápidas donde se suponía estaba, rodeado el lúgubre lugar por una pared roja. “Feo, jorobado, deformado, mutilado”, se escuchó gritar en Stratford-upon-Avon, como en The Life and Death of King Richard III. Los habitantes del lugar corrieron ante el grito y encontraron que su más ilustre paisano era el responsable de haberlo proferido, dado que la sentencia contra quien moviese aquellos restos había cambiado ligeramente de lugar.

Ha aparecido el cadáver de Ricardo III. Uno vuelve a ver al inolvidable Fausto Verdial colgando de un andamio en aquellos tiempos de la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela profiriendo amenazas contra el rey Eduardo IV.  Son los tiempos de las conspiraciones. Ricardo contra su hermano Jorge para recluirlo en la Torre de Londres y eliminar a quien le precede como heredero al trono. Son los tiempos de los muertos, marido y padre de Lady Ana, para tomar para sí la doncella.

Es Ricardo III, aseguran patólogos y universidades. Ha salido de los siglos y como en la batalla de Bosworth Field los muertos que bien mató le gritan: “Desespera y muere”. Ese año de 1485 cuando Enrique Tudor le da muerte paga todas sus culpas. Cuenta William Shakespeare que sólo en medio de la batalla llora desconsoladamente gritando: “Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo”.

Tiempos aquellos de permisividad y descontrol. Algunos aseguran que también el carnaval lo es y que por eso se usan máscaras. El carnaval se puede rastrear hasta cinco mil años de distancia y pasearse por las saturnales y las lupercales romanas hasta cuando navegantes portugueses y españoles lo trajeron hasta estas tierras denominadas en el pasado “de Gracia”.

Fue Río de Janeiro el más grande carnaval del mundo, hasta que al fin llegó la admisión de que tal récord había pasado a Caracas, pues otra cosa no fue la visita de Lula Da Silva a La Habana ataviado con una relampagueante guayabera roja. Caracas, desde hace unos años, inaugura su carnaval el 4 de febrero con aviones rusos sobrevolando los cielos y tanquetas adornadas con banderas alusivas y unos disfraces que causan la envidia de las escolas de Samba. Con un poco menos de cabello, Diosdado ha podido alegar estaba disfrazado de Marcos Pérez Jiménez.

Sin embargo, este país holográfico –con dudas si llamarlo caricatural– no se conforma con el desplome de Río y avanza sobre París. Este 4 de febrero hemos visto los Estados Generales convocados para anunciar el vicepresidente que el presidente de la Asamblea Nacional ha diseñado la nueva gorra oficial, la que estará presente para distinguir a Caracas como la nueva capital de la moda mundial, como símbolo perenne de la agitación y de la amenaza. Ni en París en 1789 se realizó anuncio tan trascedente.

No ha sido el hecho de Luis XVI destituir al ministro Necker. La ceremonia más bien parecía de celebración de uno nuevo, la de Elías Jaua como Canciller. Inválidos sí, con todo y alguna dama disfrazada de princesa enseñando al pueblo un seno del cual amamantarse. No se celebrará al año siguiente la demolición de la Pastilla. Aquí se ha convertido al Museo Militar en la Toma de la Pastilla y para ello se ha fijado el 14 de julio como la real de las elecciones locales de alcaldes y concejales, una postergada una y otra vez, en abierta violación de todo, porque una vez tomada la Pastilla “los revolucionarios nos tomamos la Pastilla cuando nos de la gana”.

París tiembla. Ha sido desplazado como cuna de una memorable revolución. El nuevo 14 de julio tendrá como escenario a Venezuela, con unas elecciones para los cuales se modifican circuitos y se complace al partido gobernante para que tenga tiempo de elegir a sus candidatos. El 14 de julio será venezolano. Ya la oposición anuncia, con ese carácter que hace temblar las piedras, que se harán primarias en el pintoresco municipio caraqueño de El Hatillo, mientras todo lo que se observa indica que tendrán un nuevo retroceso.

Quizás uno confunda las fechas. Quizás este ditirambo de vicepresidente mostrando la gorra diseñada por su socio en el poder, más la reaparición de Ricardo III, más la inauguración oficial del carnaval 2013 el memorable, por sangriento, 4 de febrero y elecciones un 14 de julio para usurpar a París la Toma de las Pastilla lo hayan a uno confundido y ya uno no sepa si es Shakespeare el que pone a gritar al usurpador “mi reino por un Cabello”.

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