OPINIÓN AJENA

No he tenido la oportunidad de conocer personalmente a Baltasar Garzón. Sin embargo, he podido seguir su trayectoria a través de los medios de comunicación, pues, sus destellos de estrella de Hollywood al estilo Perry Mason, han llegado a todos los rincones de la Tierra (incluso a este bananero territorio).

[…] Y mientras mayor exposición mediática de un juez, mayor posibilidad de que sus expresiones y sentimientos se contagien del mundo y contagien su conciencia y convicción al momento de administrar justicia.

Pero la exposición mediática y la falsa sensación de poder que genera la vanidad en los “famosos” al parecer ha llevado a don Baltasar a atravesar las fronteras del derecho y de la ley en la búsqueda de la verdad, y está probado a lo largo de la historia de la humanidad que quien vulnera el derecho y la ley en búsqueda de justicia, en realidad se convierte en falso portador de derechos y por el contrario, insolente agresor del derecho de la sociedad a vivir en democracia.

Y como para recordar que la judicatura, más que un privilegio constituye una delicadísima responsabilidad, la Corte Suprema Española lo ha castigado con 11 años de inhabilidad para ejercer el cargo, por haber realizado escuchas ilegales, situación que además de terminar con su carrera judicial (y a lo mejor con su carrera política paralela) lo ha dejado en una posición muy débil frente a otros cargos que debe enfrentar por presuntas actuaciones ilegales también en el ejercicio de la judicatura. […]

Pedro X. Valverde Rivera: “El ocaso de Baltasar”. EL UNIVERSO, Ecuador, 10/2/2012.

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