Ha muerto Manuel Fraga Iribarne. En este momento no voy a discurrir sobre su biografía política. Solamente voy a reiterar mi gratitud a este hombre por los inolvidables favores que me hizo, sin que mediara entre él y yo ni una amistad profunda ni intereses de ninguna índole. Entre esos favores está el haber conseguido, usando las buenas relaciones que en un tiempo mantuvo con Fidel Castro, que el Gobierno de Cuba permitiera mi venida a España en circunstancias onerosas para mí. A don Manuel le debo, pues, la dicha –casi un milagro para un cubano disidente– de tener una segunda patria y vivir en libertad desde hace veinte años.
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