El cerco a Honduras

Manolo fotoJosé Miguel Insulza, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) –foro supuestamente destinado a velar por la democracia en el Continente–, ha declarado que respeta y admira a Fidel Castro, a quien, por disparatado que parezca, le reconoce “legitimidad” por el medio siglo que el déspota cubano lleva ejerciendo, a sangre, cárcel y mordaza, el poder absoluto. Este funcionario y ex canciller chileno aficionado a las paradojas es el mismo que niega legitimidad al gobierno interino de Honduras, cuya actuación, aunque reprochable en el trato dado al mandatario destituido, se ajusta a lo que dispone la Constitución y está avalada por la totalidad del Parlamento Nacional, por la Corte Suprema de Justicia y hasta por el propio partido del presidente depuesto.

Insulza, como Zelaya, es un peón del eje castrochavista. Él y los presidentes representados en la OEA condenan a quienes han impedido que Zelaya, con la ayuda del Ejército –que no lo  obedeció, afortunadamente– y con la complicidad política y la asistencia financiera de Hugo Chávez, modificara a su antojo la Constitución con vista a reelegirse e injertar en Honduras el “socialismo del siglo XXI”, o sea, el modelo “bolivariano” que caotiza a Venezuela. Casi todos esos presidentes representados por Insulza, que acusan al actual gobierno hondureño de quebrar la democracia y exigen la restitución de la presidencia a Zelaya, uno tras otro han peregrinado a Cuba en los últimos meses para besarle las pantuflas a Fidel Castro y las botas a su hermano Raúl. Uno de los más babosos fue precisamente el defenestrado.

Lo que ha sucedido en Honduras es que le han propinado un imprevisto y contundente puntapié al capo venezolano en el trasero de su pelele hondureño. Pocas veces, como ha ocurrido ahora en esa nación, los Ejércitos de América Latina han actuado a favor de la institucionalidad democrática. Veremos qué sigue pasando en ese pobre y desdichado país centroamericano, qué rumbo toma, qué sacrificios le impondrá el populismo fascista circundante mientras Obama y Europa se desperezan, si es que se desperezan. Deseo que pueda resistir, que sepa preservar y perfeccionar su democracia y logre imponerse al asedio a que lo está sometiendo la amalgama de ignorancia, estolidez e hipocresía de que se compone, en su mayor parte, la llamada opinión internacional.

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