Manuel Díaz Martínez


Irena Sendler o el heroísmo humanitario
13 Mayo 2008, 9:42 am
Archivado en: Notas del Día

En su Polonia natal, a los 98 años, ha muerto Irena Sendler. Me temo que en este mundo plagado de celebridades desechables pocos se han enterado de que esta extraordinaria mujer existió. Quienes la conocían la llamaban “el ángel del gueto de Varsovia” o “la madre de los niños del Holocausto”.

Durante la ocupación nazi de Polonia, la enfermera Sendler, aparte de aliviar como podía el hambre y las enfermedades de los judíos encerrados en el gueto de Varsovia, se las ingenió para sacar del gueto y esconder en conventos y casas de familias polacas católicas, en un año y medio, a 2.500 niños, salvándolos así de las cámaras de gas. Cuando la Gestapo descubrió estas actividades, Irena fue encarcelada. A pesar de las torturas a que la sometieron, no reveló el paradero de los niños. Sentenciada a muerte, camino ya del patíbulo, se fugó gracias a la complicidad de un militar hitleriano sobornado por la resistencia polaca. En la clandestinidad, bajo el alias de Jolanta, continuó su heroica labor humanitaria hasta el fin de la guerra.

La historia de cómo Irena Sendler, a base de valentía e imaginación, salvó a 2.500 niños del gueto de Varsovia, y de lo que tuvo que afrontar por ello, parece más un relato de ficción que una crónica verídica.

En 2007, Polonia e Israel propusieron a Irena Sendler para el Premio Nóbel de la Paz, pero la Academia Sueca prefirió dárselo al político y empresario norteamericano Al Gore, dedicado a aumentar su fortuna dando la tabarra con el controvertido cambio climático. En 1973 se lo había concedido a Henry Kissinger, promotor del golpe de Estado de Pinochet, entre otros méritos; en 1980, al argentino Adolfo Pérez Esquivel, heraldo contumaz de la dictadura castrista; y en 1994, al terrorista palestino Yasser Arafat.