Dirigen las Damas de Blanco grave denuncia al Parlamento Europeo

Damas de Blanco logoLa Habana, 26 de noviembre de 2014

Excmo. Sr. D. Martin Schütz
Presidente
Parlamento Europeo

Estimado Sr. Presidente:

Lamento mucho tener que informarle que el martes 25 de noviembre dos Damas de Blanco, María Arango Percival e Isabel Fernández Llanes fueron agredidas con un arma blanca, en medio de un episodio de violencia oficial en la provincia central de Santa Clara, en la sede del domicilio de Guillermo Fariñas, también Premio Sajarov. La agresión se produjo mientras los opositores pacíficos realizaban una reunión de trabajo.

El agresor está identificado como José Alberto Botell Cárdenas. El individuo, una vez fuera de la casa donde apuñaló a las dos mujeres, fue caminando hacia los integrantes de un grupo operativo de la Seguridad del Estado que vigilaba la vivienda. El Capitán Reinier Rodríguez Conde se lo llevó en su automóvil.

Una de las damas agredidas, Isabel Fernández Llanes, ha sido dada de alta, pero María Arango Percival está grave en la sala de terapia intensiva del hospital Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara, al igual que otros cuatro activistas que se recuperan de lesiones de diferente consideración, tras ser también apuñalados.

Según el parte médico, la señora Arango “Recibió dos puñaladas en la caja torácica, a través del lateral izquierdo. Una de ellas le dañó el bazo y le tuvo que ser extirpado”.

Sr. Presidente, nos dirigimos a usted como máximo representante de la Unión Europea ya que, teniendo en cuenta que han comenzado las negociaciones del acuerdo entre la UE y Cuba, creemos que es muy importante que se conozca  que el gobierno Cubano sigue reprimiendo a la oposición de manera intensa y no demuestra ningún avance en la defensa de los derechos humanos y los valores democráticos, piedra angular de la convivencia en Europa y en las sociedades democráticas a cuyo círculo queremos pertenecer.

Los Premios Sajarov somos opositores pacíficos que reclamamos los derechos y la dignidad que merecen todos los seres humanos y de la que gozan los ciudadanos de los países que usted representa.

Agradeciéndole de antemano su interés y apoyo en este triste asunto, le saludamos atentamente,

Berta Soler,
Representante de las Damas de Blanco Laura Pollán
(Premio Sajarov 2005) 

El periodista de Fidel

(EL DIARIO, Buenos Aires, 27/11/2014) Creyó, vaya si creyó en la Revolución, como todo intelectual, como todo escritor creyó en la construcción de una nueva sociedad, esa sociedad donde la cultura sería popular y la expresión libre, desde su pasión por el periodismo y la literatura creyó y apoyó la construcción del Hombre Nuevo.

José Lorenzo Fuentes creyó en la Revolución, esa revolución que se ganó en el combate de Santa Clara, lugar donde nació, y que tan bien narró como periodista.

José Lorenzo fotoY a él, que había sido el periodista de Fidel, la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) lo expulsó de sus filas por traición a la Patria. Y no pasó mucho tiempo para que un tribunal lo condenara a tres años de trabajo forzado en la cárcel de Pinar del Río por traición a la Patria, prohibiéndole la publicación der sus libros por el resto de su vida. Luego, en 1991, vino el primer documento contestatario conocido como “Carta de los Diez” o  “La Declaración de los intelectuales” donde, junto a Manuel Díaz Martínez, María Elena Cruz Varela y Raúl Rivero entre otros, hablan de su desencanto, condenándose al exilio.

Lejos quedó su cargo como Jefe de Prensa del Instituto Nacional de Reforma Agraria, lejos el Premio Nacional de Novela con “Viento de enero” (1967) y una mención en el concurso Casa de las Américas con “Después de la gaviota” (1968), antología de cuentos que lo lanzara al reconocimiento internacional. Lejos, como sus interminables caminatas por la Habana Vieja.

Fuentes no es sólo un prolífico escritor de ficción, sino un estudioso de las ciencias orientales, uno de los escritores emblemáticos de la narrativa cubana de hace poco más de medio siglo.

Ahora desde sus más de 80 años, desde el exilio, nos deja su última novela “Las vidas de Arelys” (Ediciones Atenea), la historia de una reina rumana que escribía a escondidas a la luz de una vela, que recitaba a Shelley y a Byron por los pasillos del palacio, y que murió silenciada y olvidada por escribir en su diario una crítica a la monarquía y por sus supuestas relaciones lésbicas con una dama de la corte, suficientemente interesante para inspirar una novela. Y si la trágica suerte de la reina es sólo una de las existencias que una maestra del siglo XXI descubre en una sesión de regresión a vidas pasadas efectuada por el mismo escritor de la novela, es casi imposible contener la curiosidad.

“Ahora me parece que escribo mejor que antes porque tengo más experiencia. Decía Chéjov que el escritor posee la facultad natural y la dificultad adquirida. Y es que el oficio es muy importante”, comenta el escritor, que hoy trabaja a un ritmo más pausado. “Cuando era joven escribía 20 cuartillas al día, hoy sólo hago dos”, confiesa.

Entre bueyes no hay cornadas

El presente artículo fue publicado en el periódico digital Cubaencuentro el 6 de junio de 2006. Los hechos que en él expongo -denunciados asimismo, siete años más tarde, por Martín Guevara, sobrino del Che- han quedado confirmados al desclasificar el Gobierno argentino, hace pocos días, centenares de documentos relacionados con los vínculos de la dictadura castrista con la Junta Militar que aterrorizó al país suramericano desde 1976 hasta 1983. En esa documentación figuran las pruebas del trueque de favores que hubo entre Fidel Castro y el general Jorge Rafael Videla.

Manuel Díaz Martínez
El 24 de marzo se cumplieron treinta años del golpe militar que depuso a la presidenta María Estela Martínez de Perón e impuso el terror en la Argentina hasta 1983. La vesania con que la Junta Militar surgida de aquel cuartelazo reprimió todo intento de resistencia popular originó un número sobrecogedor de torturados, asesinados y desaparecidos.
En la Argentina, un país que en el siglo XIX sufrió la diabólica tiranía de Juan Manuel de Rosas, no se duda en afirmar que en la historia de la nación no hay nada comparable a la tragedia colectiva desatada por los golpistas en 1976.
Hace unos días, en presencia de funcionarios del gobierno cubano y miembros del cuerpo diplomático, el embajador argentino en Cuba desveló en La Habana una tarja conmemorativa de la tenebrosa efeméride. Una leyenda en dicha tarja clama por que nunca más se cometan crímenes de Estado.
La asistencia de funcionarios castristas a ese acto es un ejercicio de cinismo abyectamente aceptado por el gobierno de Kirchner, que de nuevo se propone abstenerse de votar contra Castro en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Y digo esto porque hace tiempo que no son un secreto las magníficas relaciones que hubo entre la dictadura cubana y la argentina, o sea, entre Fidel Castro y el general Jorge Rafael Videla, principal cabecilla de la Junta Militar.
A quienes deseen conocer los detalles de la complicidad entre ambas dictaduras les recomiendo darse un paseo por Internet. Si siguen mi consejo, verán cómo, a cambio de créditos comerciales concedidos a Cuba por la Junta Militar (357 millones de dólares sólo entre 1976 y 1978), Castro invitó a Videla a la Cumbre de Países No Alineados celebrada en La Habana en 1979 (el comodoro Carlos Cavándoli representó a la Junta) y, siguiendo los pasos de sus protectores soviéticos, también socios comerciales de los espadones argentinos, empleó su influencia internacional, entonces muy notable en el Tercer Mundo, para impedir que la Junta fuese condenada en la ONU por pisotear los derechos humanos.
Cuando los delegados soviéticos y cubanos votaron en Ginebra contra la condena a la Junta, en la Argentina proliferaban los campos de concentración y los antros de tortura, y se practicaba el lanzamiento al mar, desde aviones, de prisioneros.
Asimismo se practicaba -estaba en el menú de tormentos- la violación de las mujeres detenidas. Los hijos causados por las violaciones, nacidos en enfermerías secretas, eran distribuidos como mascotas entre los personeros del régimen. Son éstos los niños “perdidos” que las abuelas de la Plaza de Mayo siguen buscando. (Humor negro de la Historia: Hebe de Bonafini, dirigente de las abuelas, adora el castrismo.)
Como ha dicho el escritor argentino Juan José Sebreli, “esta relación idílica entre Cuba y la dictadura militar culmina en la Guerra de las Malvinas, cuando recorrió el mundo la foto de nuestro canciller [el de la Junta, claro] abrazado con Fidel Castro”.

Vaptzárov y otros recuerdos

Nikola Vaptsarov

Vaptzárov

Cuando me desempeñaba como Primer Secretario y Consejero Cultural de la embajada de Cuba en Sofía -entonces Bulgaria era una de las llamadas Repúblicas Populares del imperio soviético en el Este de Europa-, transité incansablemente por la hermosa geografía de ese país balcánico, dueño de una larguísima historia infeliz y habitado por gente enérgica, cordial y muy trabajadora. Una vez visité Bansko, población tendida al pie de las montañas de Pirin. Era invierno y una gruesa capa de nieve chispeaba bajo el sol y cubría tejados y paisajes. En esa ocasión subí a la montaña con unos amigos búlgaros y por primera vez en mi vida vi lobos: se movían taimadamente entre los ateridos troncos de un bosque cercano, siguiéndonos. Pero a Bansko no fui a ver nieve ni lobos, sino movido por el deseo de conocer el rincón del mundo donde vivió desde niño un hombre que, además de nobleza y coraje, poseía el don de la poesía en tan alto grado, que su único libro, Poemas del motor -título que alude a su empleo de fogonero de barco-, es como una biblia emocional para sus compatriotas. Por supuesto, a los búlgaros no tengo que aclararles que hablo de Nikola Vaptzárov. Hoy hallé entre mis papeles unos viejos apuntes míos sobre este entrañable poeta, fusilado en 1942 por los nazis que ocupaban su país y a los cuales se enfrentó. Junto a los apuntes estaban estos poemas suyos, traducidos no sé por quién:
AL PARTIR
A mi esposa.
Alguna vez vendré cuando tú duermas,
seré la visita que no esperas,
mas no me dejes fuera de tu cuarto,
¡no me cierres tu puerta por las noches!
Entraré despacio, suavemente,
a contemplar tu rostro en las tinieblas,
y cuando mis ojos se llenen de tu imagen,
sólo un beso furtivo y partiré.

LA LUCHA ES CRUEL
La lucha es cruel, es despiadada.
La lucha es épica, se dice.
Yo caí. Otro ocupará mi puesto,
¿por qué elegir sólo mi nombre?
Tras el piquete los gusanos vienen,
así es de simple la lógica en la vida.
Pero en medio del fragor de la tormenta,
y porque te quiero tanto, pueblo mío,
¡volveré a estar contigo, entre tus gentes!
NIKOLA VAPTZÁROV

François Wahl

François Wahl
El 15 de septiembre pasado murió en París, con 89 años, François Wahl. En esa ciudad había nacido y en ella me lo presentó Severo Sarduy en 1960, cuando Severo y yo éramos vecinos en la Maison de Cuba de la Cité Universitaire. En aquel tiempo, François era un editor ejecutivo de la muy influyente casa editora Du Seuil y un reconocido filósofo vinculado a los estructuralistas de Tel Quel, la revista que dirigía Philippe Sollers y en la que publicaban Lacan, Barthes, la Kristeva y otras eminencias de aquella élite innovadora, entonces en apogeo, a la que Severo se incorporaría de la mano de su fiel amigo francés.
Mis recuerdos de François Wahl se centran en dos episodios de nuestra amistad: el primero, un viaje que él, Severo, el pintor cubano Héctor Molné y yo hicimos a Chartres, en los jardines de cuya fabulosa catedral paseamos y conversamos una mañana esplendorosa y tuvimos un encuentro inesperado y cordial con Konrad Adenauer, entonces canciller de la República Federal de Alemania, a quien le hice una foto que aún guardo; el segundo, una larga conversación en un café de Las Palmas de Gran Canaria, en compañía del profesor y crítico chileno Osvaldo Rodríguez, en 1998, cuando François vino a una exposición de la pintura de Severo en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM).
Ésa fue la última vez que nos vimos. Por supuesto, casi todo el tiempo hablamos de Severo -fallecido hacía cinco años-, el invisible invitado principal en aquella mesa, en la que saltó el asunto de la edición que hice y prologué en 1996 (publicada por la Editorial Verbum) de las cartas que Severo me había enviada a La Habana. François me repitió, quizás con más cariño, lo que me había expresado dos años antes en una misiva que conservo en mi archivo: “Cher Manolo, je dois commencer par des reproches. Il n’est pas permis de publier des lettres sans l’accord de l’auteur ou de ses représentantes: en l’occurence, Mercy(*) et moi; et notre intention n’est pas de le permettre, pour le moment. […] Tout cela dit, le livre m’a touché et sera utile pour toute la période de La Havane et de la Cité Universitaire auprès de ceux -aux USA surtout- qui travaillent sur les débuts de Severo. Et je t’en remercie”. (Querido Manolo, debo comenzar por reproches. No hay permiso de publicar cartas sin la conformidad del autor o de sus representantes, en este caso Mercy y yo, y nuestra intención no es la de permitirlo, por el momento. […] Dicho esto, el libro me ha tocado y será útil, para todo el período de La Habana y de la Ciudad Universitaria, a los que -sobre todo en USA- trabajen sobre los comienzos de Severo. Y yo te lo agradezco.)
(*) Mercedes, la hermana de Severo.

Ha muerto Reinaldo Creagh

Ayer murió, en su ciudad natal, Reinaldo Creagh (Santiago de Cuba, 1918), destacadísimo componente de la Vieja Trova Santiaguera. Tanto el son como el bolero han perdido uno de sus mejores intérpretes. Este magnífico vocalista inició su carrera en 1938 y a pesar de su edad continuaba activo. Boleros de toda una vida, su único disco en solitario, salió en1998.

Inauguran monumento a Blas de Lezo en Madrid

Blas de Lezo estatuaVivo hace años en la calle Blas de Lezo, de Las Palmas de Gran Canaria, y casi siempre que he tomado un taxi para regresar a casa le he preguntado al taxista, luego de darle mi dirección, si sabía quién era ese personaje. Salvo uno, que me supo responder con bastantes datos, los otros sólo sabían que Blas de Lezo es una calle de La Isleta. Ayer, el rey Juan Carlos I de España inauguró en la Plaza de Colón, en el corazón de Madrid, un monumento (estatua en bronce, obra del escultor Salvador Amaya) para honrar a ese marino y militar vasco del siglo XVIII, cuya vida parece más la de un héroe imaginado por Walter Scott o Emilio Salgari que la de un ser de carne y hueso. La hazaña que fija en la Historia a este hombre como un admirable estratega, además de como un guerrero indomable, fue la de derrotar, defendiendo Cartagena de Indias con una escasa guarnición y una docena de buques -de los cuales sólo seis eran de combate-, a la imponente armada inglesa (180 navíos, 3.000 cañones y 23.600 soldados) que intentó apoderarse de la ciudad en 1741. Con esta casi inconcebible victoria, Blas de Lezo -cojo, manco y tuerto por heridas de guerra- impidió que el Imperio Británico sustituyera a España en América. No fue ésa, pues, una batalla más, sino una que, aparte de su asombroso desenlace, marcó un hito en la Historia.