“Mi vecino”, en portugués

O MEU VIZINHO

Para Miguel Rivero, um dos amigos
que já não me escrevem.

Dou-me bem com este homem taciturno,
incansável e robusto a quem chamam Caronte.
É meu vizinho. Os filhos brincam com os meus cães.
Os miúdos despedem-se dele quando o dia cai
e de manhã, quando regressa, vêm esperá-lo
onde ele amarra a barca, ali, entre aquelas rochas
que o Letes lambe junto às minhas janelas.
Muitos dos meus amigos já viajaram com ele.
Amigos e amigas que não voltei a ver.
Velhas amizades que nem sequer escrevem
para me contarem das suas vidas distantes.
Esqueceram-me, penso, talvez me tenham esquecido.
Num domingo feriado, tomando juntos um vinho,
confessei ao barqueiro esta amarga suspeita.
Nada me respondeu esse homem e serviu-me mais um copo.
O sol pintava um lampejo festivo na garrafa.

(Traducción de Ana Glória Lucas.)

MI VECINO

A Miguel Rivero, uno de los amigos
que ya no me escriben.

Me llevo bien con este hombre taciturno,
infatigable y fornido al que llaman Caronte.
Es mi vecino. Sus hijos retozan con mis perros.
Los críos lo despiden cuando el día declina
y en las mañanas vienen a esperar su regreso
donde amarra la barca, allí, entre esas rocas
que el Leteo lame al pie de mis ventanas.
Muchos amigos míos han viajado con él.
Amigos y amigas que nunca más he visto.
Viejas amistades que ni siquiera escriben
para contarme algo de sus vidas lejanas.
Me han olvidado, pienso, quizás me han olvidado.
Un domingo de feria, bebiéndonos un vino,
le confesé al barquero esa amarga sospecha.
Nada me dijo el hombre y me sirvió otro vaso.
El sol hacía un guiño festivo en la botella.

MDM

Paradojas del intelectual peronista

El autor de este artículo, el notable y polémico politólogo argentino Héctor Ricardo Leis, ha fallecido, a los 71 años, en Brasil, adonde emigró en 1976 huyendo de la dictadura militar que asoló a su país, a la que combatió desde las filas de los Montoneros. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro, fue profesor de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Federal de Santa Catarina. Entre los libros que escribió destacan El Movimiento por los Derechos Humanos y la Política Argentina (1989), Intelectuales y Política: Estudio del Debate Intelectual Argentino (1991) y Testamento de los años 70 (2013). Sus artículos aparecían regularmente en el periódico La Nación, de Buenos Aires. Refiriéndose a su participación en la guerrilla de los Montoneros, inspirada ésta en la experiencia cubana, Leis dijo : “No puedo arrepentirme por lo que hice porque lo hice queriendo y empujado por el espíritu de época. Pero sí pido perdón por el sufrimiento causado por mis acciones, lo nuestro fue una locura que fue al encuentro de otra locura”. Recomiendo la lectura atenta de este artículo. Sobre todo se la recomiendo a los españoles. En él encontrarán las claves para comprender la esencia de actuales fenómenos políticos latinoamericanos, de los que dimana el amenazante y clónico movimiento neofascista titulado Podemos.

Héctor Ricardo Leis
Héctor Ricardo Leis(LA NACIÓN, Argentina, 20/11/2012) La figura del intelectual ganó una importancia decisiva en la modernidad. Las principales fuerzas políticas de nuestra época fueron inspiradas por intelectuales. Locke fue un impulsor fundamental del liberalismo, no menos que Marx del socialismo y Burke del conservadurismo. En contraste con lo anterior, existe una corriente política anómala en la que los intelectuales son meros coadyuvantes de la acción. Es el caso de los movimientos fascistas europeos de la primera mitad del siglo XX y de los populismos latinoamericanos que surgieron a partir de la segunda mitad de ese siglo.
Por cierto, hubo intelectuales de renombre que apoyaron a Hitler y Mussolini, que no fueron pocos, pero su influencia, salvo excepciones, fue insignificante. Ellos apoyaban públicamente al movimiento y a su líder, pero no contribuían en la definición de líneas políticas estratégicas. Ni podían: los movimientos no demandan ideas de valor universal sino impulsos concretos para su propio accionar.
Ya en el siglo XIX, Lorenz von Stein (1815-1890) pensó a los movimientos en contraposición dialéctica a la noción de Estado. Según el autor, mientras el Estado es un elemento estático, el movimiento es supuestamente la expresión de las fuerzas dinámicas de la sociedad. El movimiento antagoniza con el Estado aun cuando su líder sea gobierno, lo cual explica por qué éste tiende a reformar la Constitución para aumentar su poder. El líder -conductor, caudillo, führer, duce, etcétera- usa su carisma para personificar y unificar al movimiento. Para sobrevivir, el movimiento precisa vencer batallas y derrotar enemigos, y el líder es quien sabe realizar esas tareas de acuerdo con las circunstancias y posibilidades históricas. No importa que las oportunidades vayan de la derecha para la izquierda o viceversa, las ideas son traídas al campo político sólo para facilitar y justificar la dinámica del movimiento, lo cual implica, lógicamente, una inferiorización del papel de los intelectuales.
El fascismo renació travestido como populismo en gran parte de los países de América latina. Antes de la Segunda Guerra había una creciente hegemonía de las ideas de derecha. La derrota del Eje fue dejando progresivamente ese espacio a las ideas de izquierda. Fue así que en el inicio del siglo XXI surgieron en contexto democrático los regímenes de Chávez, en Venezuela; Correa, en Ecuador; Ortega, en Nicaragua; Morales, en Bolivia, y los Kirchner, en la Argentina. La dinámica de sus líderes y movimientos los aproxima a las experiencias fascistas, pero su signo ideológico es de izquierda. Son regímenes populistas autoritarios que persiguen las libertades públicas, pero por haber surgido en un contexto democrático tuvieron que adaptarse a las circunstancias y moderar sus apetitos. Si no fuera por eso, ahí están los elogios al despotismo castrista para demostrar realmente cuál es la verdadera preferencia de sus dirigentes.
El peronismo es el eslabón perdido de una particular evolución política subterránea de las masas en el siglo XX. Su historia ejemplifica impecablemente la continuidad existente entre el movimientismo de derecha (fascista) y el movimientismo de izquierda (populista). Los analistas tienden a no hacer esta aproximación porque se dejan engañar por el barniz democrático de los actuales populismos. Pero aun siendo regímenes surgidos de elecciones legítimas, no por eso son políticamente menos perversos. Estos movimientos dividen los países en bandos antagónicos a costa del Estado de Derecho, postergando por décadas valiosas una construcción sustentable del Estado, la democracia y la economía.
¿Qué papel les cupo a los intelectuales en el fascismo y les cabe en el populismo? Un papel trágico, por cierto. Esas experiencias atraen y fascinan a los intelectuales; muchos de ellos se encantaron con los líderes del fascismo y hacen lo mismo ahora con los del populismo, pero su influencia real en la política continúa siendo prácticamente nula. Entre la voluntad del líder y las necesidades del movimiento no existe ningún espacio de mediación para las tradicionales preocupaciones intelectuales con la verdad. Es más: la dinámica movimientista es portadora natural de un sentimiento antiintelectual. No por nada Ignacio B. Anzoátegui (1905-1978), un intelectual que se asumió públicamente como nazi, falangista y peronista, acuñó una frase célebre: “Basta ya de mariconerías ilustradas”.
No puede extrañar, entonces, que cuando los antagonismos llegan al interior del peronismo ellos se resuelvan muchas veces a los tiros. Dadas la prolongada y variada historia política e ideológica del peronismo y la ausencia de una tradición intelectual coherente, los diversos grupos del movimiento están imposibilitados de una elaboración más o menos racional de su identidad que les permita evitar la violencia para descubrir quién es más peronista que el otro. El peronismo es un magma que contiene numerosos grupos con intereses diversos, pero igualmente peronistas. Todos luchan por el poder y, aunque busquen cosas diferentes, lo hacen en nombre de la misma identidad. Se matan precisamente por eso: si asumiesen que tienen identidades diferentes se separarían en relativa paz, tal como ocurre habitualmente en los campos de la vida pública y privada.
El intelectual peronista se siente realizado elogiando la relación del líder con las masas, denigrando a la oposición y pidiendo la reforma de la Constitución para garantizar la continuidad del líder y el proyecto en curso. Su destino trágico se verifica en la extraña ceguera para con la realidad, fruto de la soledad ontológica de la función intelectual dentro del movimiento. Al mismo tiempo que puede construir complejas teorías discursivas para justificar el populismo, no consigue observar cosas obvias. Como, por ejemplo, que en su larga vida el peronismo intentó implantar proyectos radicalmente diferentes entre sí que sólo tenían un punto en común: la reforma de la Constitución para la reelección del líder. Fue así con Perón en 1949, con Menem en 1995 y lo mismo quiere hacer ahora Cristina K. Desde una óptica republicana puede argumentarse a favor de los primeros gobiernos de Perón, de Menem y de los Kirchner, rescatando su importancia para la búsqueda de nuevas alternativas de gobernabilidad y de políticas públicas. Pero éste no es el caso de sus segundos gobiernos, que pusieron más en evidencia los apetitos de poder personales antes que las ventajas de sus proyectos políticos. El segundo gobierno de Perón, de 1952, acentuó sus componentes fascistas en vez de atenuarlos, y el segundo mandato de Menem aumentó la corrupción de su modelo neoliberal. El actual segundo mandato de Cristina Kirchner está radicalizando cada vez más su herencia ideológica generacional de una izquierda estatista y autoritaria que anuncia nuevos ciclos de angustia para el país.
La ceguera de los intelectuales peronistas cercanos al oficialismo no les permite siquiera ver una simple manifestación de voluntad ciudadana en defensa de derechos individuales como la del 8-N. Ellos no ven ciudadanos con ideas diferentes sino amenazas al movimiento y a su líder por parte de golpistas y gorilas semejantes a los del drama peronista de los años 50. Pasan por encima así, olímpicamente, los episodios de los años 70, que son los menos resueltos por la memoria argentina. Con relación a esos años, la ceguera parece ser de 360 grados: tanto no consiguen ver la violencia terrorista de la guerrilla peronista contra el Estado, durante los gobiernos democráticos habidos de 1973 a 1976, como la violencia entre peronistas en el mismo período.
La excepción que confirma la regla de la ceguera trágica de este grupo de intelectuales está dada por aquellos pocos que consiguen escapar de los laberintos existenciales del poder, declarando su desacuerdo con las políticas del líder peronista de turno. Con ellos es posible buscar acuerdos y pensar la realidad. Su miopía no es diferente, ni en género o grado, a la del resto de los intelectuales de otras corrientes.

Fiebre

Teódulo López Meléndez, Caracas.

TeóduloEl joven Miguel Otero Silva bien noveló a la generación del 28 en su novela Fiebre. La calentura, para decirlo en términos coloquiales, es ahora otra, la que invade a unos venezolanos acosados por dengue y chikungunya, mientras no se oye al poeta Pío Tamayo proclamando a la reina libertad sino el llamado angustioso a acetaminafen.

Lo que ahora se escucha es de la eliminación del Ministerio del Ambiente, de la falta de fumigación, de las redes sociales plenas de adoloridos pedidos de auxilio para encontrar alguna medicina. Sairam Rivas, la joven chica de la Escuela de trabajo social de la UCV, sale en libertad, si plenamente se puede llamar tal a la prohibición de hablar.

Quizás deberíamos ir más bien a Casas Muertas, dado el anuncio de la venta de CITGO, del vencimiento de una deuda que es causa para solicitar un procedimiento contra el profesor de Harvard Ricardo Hausmann y del lenguaje altisonante, si lenguaje se puede llamar, que insiste en los manuales periclitados y en las formas económica vencidas. Baste ver que los críticos asomados en el partido de gobierno parecen rectificar pidiendo más socialismo en una especie de asunción de los mitos para regenerarse de sus palabras anteriores.

El país tiene fiebre, una muy alta, una difícil de atacar en medio de la escasez. No hay prevención, pero menos decisión, dado que nos permitimos recordar nuestra solicitud de meses atrás a los usuarios de las redes sociales para que exigiesen fumigación sin que nadie se tomase la molestia o simplemente nuestro texto anterior llamando a una defensa social. El país pareciera acostado soportando la fiebre sin ponerse siquiera compresas aliviadoras.

El país padece de la indolencia, tiene fiebre. El inadmisible uso político de las enfermedades nos ha hecho ver acusaciones al presidente de un Colegio Médico por su simple militancia política o la denuncia reiterada de una nueva conspiración mientras los supuestos golpistas tienen fiebre y el anuncio formal de que habrá acetaminofen desconociéndose si alguna vez tendremos las medicinas para las diversas enfermedades que padecen los integrantes de cualquier cuerpo social. Hay escasez, pero no de fiebre.

El país está afiebrado, mientras los zancudos pican en repeticiones de constituyente, de elecciones parlamentarias y de aplazamientos. Es que no hay en ninguna parte espirales, tabletas o insecticidas, menos en el campo de la política porque la política tiene fiebre y ya se habituó a las picadas de “país tropical”.

No titularía Otero Silva Oficina No 1. Quizás repetiría aquella travesura de “los tres cochinitos” contra la dictadura militar o invertiría el título de otra de sus novelas para poner “este país llora cuando quiere llorar”.

El país tiene calentura, de esa que tumba, no de la que irrita y mueve a la acción. El país está afiebrado, “tumbado” como coloquialmente se responde cuando se está en la cama golpeado por una enfermedad. El país necesita acetaminofen, antivirales y hasta pastillas anticonceptivas, aunque luzca difícil hacer el amor con un “fiebrón”.

Al país hay que bajarle la fiebre, porque esta fiebre es peligrosa y cobra vidas. Al país hay que medicarlo. Las responsabilidades son obvias, los retardos patentes, las sustituciones de las calenturas por otras de asunción de una defensa absolutamente necesarias. Al país inmóvil le cayó la plaga. El país está enfermo, el país guarda reposo, el país está en la cama.

Quizás Otero Silva, en una reescritura de La piedra que era Cristo volvería a cambiar el ambiente y las parábolas, pero hoy tenemos que decir que el país tiene fiebre porque el país tiene fiebre, sin metáfora, sin parábola y sin imagen.

¿Hasta cuándo el Toro de la Vega?

Toro de la VegaCuando terminaba de leer las noticias sobre el intercambio de pedradas que hubo en el último Toro de la Vega entre los partidarios de esta atrocidad y grupos de defensores de los derechos de los animales, tropecé con la siguiente información. La Corte Suprema del Estado de Oregón (EEUU) ha aprobado una resolución destinada a cambiar las leyes estatales que rigen el trato a los animales en Norteamérica. Dicha resolución establece que “todo animal pueda ser considerado víctima en términos legales, lo cual da paso a que se cumplan las normas básicas para protegerlos de cualquier tipo de abuso”. El fallo se produjo en el caso de un energúmeno llamado Arnold Nix, quien fue declarado culpable de matar de hambre 20 animales, entre caballos y cabras, en su hacienda. A Mr. Nix se le ocurrió defenderse alegando la memez de que los animales eran suyos. Se olvidó -la crueldad es olvidadiza- de que, a pesar de ese “augusto privilegio”, sufrieron una horrible y gratuita agonía. “Reconocer que los animales son víctimas es simplemente sentido común para nosotros”, dijo Lora Dunn, abogada de la Fundación de Defensa Animal Legal en Portland. El fallo podría acarrearles penas de prisión más largas a los maltratadores de animales en ese Estado. Qué pena que en España, o aunque sólo sea en Tordesillas, no haya un tribunal como el de Oregón.

Don Manuel

Mi padre, poco antes de morir en Las Palmas de Gran Canaria.

Mi padre, poco antes de morir en Las Palmas de Gran Canaria.

DÉCIMA A LA MUERTE DE MI PADRE

Mientras mi padre vivía,
mi ayer era mi presente:
él me servía de puente
con aquella lejanía.
Mirándolo, yo creía
en un tiempo sin pasado.
Mas, tan pronto como se ha ido,
el tiempo ha retrocedido
arrastrando lo que ha sido
adonde va lo olvidado.

EL OLOR DE LA LAVANDA

Al pie de un pino, al borde de un barranco,
ante un cerco de cumbres pensativas,
como súbita nieve en el verano
quedaron sobre el campo tus cenizas.

Allí estarán mientras la lluvia llega
y con sus frías manos presurosas
las mezcle con la tierra y las convierta
en ramajes y flores y bellotas.

No serás, padre, el príncipe aquitano
cuya torre por siempre fue abolida,
sino, en la soledad de la montaña,

señor de los pinares y los cardos.
Y tu poder será el de las semillas.
Y tu torre, el olor de la lavanda.

MDM

(Agosto, 2004)