LA LIBERTAD DE PRENSA EN EL MUNDO HOY

Reporteros Sin Fronteras acaba de publicar su informe sobre la situación de la libertad de prensa en el mundo en 2010, al que pertenece el presente mapa, en el cual las áreas blancas corresponden a los países donde la situación es buena; las amarillas, a los paíes donde la situación es satisfactoria; las naranjas, a los países donde hay serios problemas; las rojas, a los países donde la situación es difícil; y las negras, a los países (Cuba entre ellos) donde la situación es muy seria.

¿Y TÚ ME LO PREGUNTAS?, EL ESTADO ES ÉL

INTELECTUALES HONRADOS ENCARCELADOS EN CUBA

CARTAS AL VERDUGO

Puesto que sufrí el calvario de la cultura dirigida y el sectarismo bajo el régimen totalitario cubano, las cartas enviadas a Stalin por los escritores soviéticos Mijaíl Bulgákov y Evgeni Zamiatin me resultan insoportablemente familiares. Releyéndolas –en la nueva edición, publicada el mes pasado, de la editorial madrileña Veintisieteletras–, volví a vivir situaciones y a experimentar angustias ya dejadas muy atrás en el tiempo y el espacio, pero que son parte traumática de mis experiencias de escritor. Quien haya leído mi libro de recuerdos Sólo un leve rasguño en la solapa sabrá con detalles de qué estoy hablando.

Cartas a Stalin, con una buena introducción del novelista y cineasta argentino Marcelo Figueras, contiene, acompañadas de notas informativas y fotos, cinco cartas de Bulgákov, enviadas entre 1929 y 1938, y una de Zamiatin, enviada en 1931. De Zamiatin se incluyen, además, un estupendo y valiente artículo, “Tengo miedo”, y dos esbozos autobiográficos. Las traducciones son de Víctor Gallego y Encarna Castejón.

En sus misivas al dictador, Bulgákov y Zamiatin coinciden en dos puntos básicos: el primero, la honestidad temeraria de declararse incapaces de llegar a ser escritores bolcheviques, y la petición de que se les permita desenvolverse libremente como los escritores que son, o, en su defecto, se les autorice a salir de la URSS; el segundo, la ingenuidad de pedir ayuda, contra la burocracia dogmática que los asfixia, al promotor del dogma.

Gracias a gestiones de Gorki, Zamiatin pudo viajar al extranjero, y murió en París. Bulgákov, a pesar de que Stalin lo llamó por teléfono una vez para preguntarle por su salud, se pasó el resto de su vida esperando la tolerancia o la salida, y murió en Moscú, enfermo, humillado y en la pobreza. Parece que con El maestro y Margarita, cuya publicación estuvo prohibida durante veinticinco años, había acumulado tanta culpa, que ni Gorki, el García Márquez de Stalin, pudo hacer nada por él.

UN ESCRITOR QUE SE CALLA NO ES TAL. SI SE CALLA, SIGNIFICA QUE NO HA SIDO UN VERDADERO ESCRITOR. Y SI UN VERDADERO ESCRITOR SE CALLA, ESTÁ PERDIDO. Mijaíl Bulgákov

SÉ QUE TENGO LA MALA COSTUMBRE DE DECIR EN UN MOMENTO DETERMINADO, NO LO QUE PODRÍA SER PROVECHOSO, SINO LO QUE CREO QUE ES VERDAD. PARTICULARMENTE, NUNCA HE OCULTADO MI ACTITUD ANTE EL SERVILISMO LITERARIO, EL VASALLAJE Y LA HIPOCRESÍA: CONSIDERABA, Y SIGO CONSIDERANDO, QUE ESO REBAJA TANTO AL ESCRITOR COMO A LA REVOLUCIÓN. Evgeni Zamiatin

EL OJO NARRATIVO

Se presentó ayer en el Gabinete Literario, de Las Palmas de Gran Canaria, el álbum de fotos El ojo narrativo. Ecos [2], del maestro fotógrafo Rafael Hierro. Las veintiséis imágenes que contiene el álbum van acompañadas de textos de otros tantos escritores: Noemí Padilla Santana, Tina Suárez Rojas, Raúl Brasca, Berbel, Teresa Serván, Alicia Llarena, Cristina R. Court, Alexis Ravelo, Santiago Gil, Judith Bosch Molina, Julia Otxor, Teresa Iturriaga Osa, Manuel Díaz Martínez, María Jesús Alvarado, Roberto García de Mesa, José Callejas, Eduvigis Hernández Cabrera, José Lobillo, Fernando Aínsa, Eduardo González Ascanio, Rafael Courtoisie, Ángeles Jurado, Pía Barros, Dobrina Gospodinoff, Sandra Bianchi y Silvia García. La publicación estuvo a cargo de Anroart Ediciones con la cooperación del Gobierno de Canarias.

LA VENEZUELA DEL PENSAMIENTO DÉBIL

Teódulo López Meléndez, Caracas.

No hay legitimación omnicomprensiva en esta Venezuela de hoy. Estamos movidos por un pensamiento débil. Se requiere de un pensamiento que hable de la verdad. Hay que recurrir a un paradigma de la complejidad contrario a la inmovilidad y sepultar los conceptos estáticos. Requerimos una sociedad instituyente.

El ser venezolano se muestra escindido, pesimista y desinteresado. Sucede porque el país se mueve en el seno de paradigmas agotados, en un mundo viejo. Las viejas maneras conducen a ninguna parte.

Es lo que le propongo al país, que se haga una sociedad instituyente. Lo que ahora corresponde es proponer una nueva lectura de la realidad, esto es, la creación de una nueva realidad derivada de la permanente actividad de un república de ciudadanos que cambian las formas a la medida de su evolución hacia una eternamente perfectible sociedad democrática El vencimiento de los paradigmas existentes, o la derrota de la inercia, debe buscarse por la vía de los planteamientos innovadores e inusuales.

La inutilidad de los viejos paradigmas queda de manifiesto cuando el hombre comienza a sospechar que ya no le sirven exitosamente a la solución del conflicto o de los problemas. Está claro que la revocatoria de los anteriores requiere de un esfuerzo sostenido pues se deben revalorar los datos y los supuestos.

La sociedad venezolana es víctima de los males originados en la democracia representativa, una que no evolucionó hacia formas superiores. La sociedad venezolana se acostumbró a delegar y se olvidó del control social que toda sociedad madura ejerce sobre el poder.

Detrás de todo poder explícito está un imaginario no localizable de un poder instituyente. Así, se recuerda que los griegos, cuando inventaron la democracia trágica, acotaron que nadie debe decirnos cómo pensar y en el ágora se fue a discutir sobre la Polis en un proceso autorreflexivo. De allí Castoriadis: “Un sujeto que se da a sí mismo reflexivamente, sus leyes de ser. Por lo tanto la autonomía es el actuar reflexivo de una razón que se crea en un movimiento sin fin, de una manera a la vez individual y social”. La sociedad hace a la persona, pero esta persona no puede olvidar que tiene un poder instituyente capaz de modificar, a su vez, a la sociedad. La persona (y estoy usando la palabra en el sentido del humanismo cristiano) se manifiesta en el campo socio-histórico propiamente dicho (la acción) y en la psiquis. Se nos ha metido en esa psiquis que resulta imposible un cambio dentro de ella que conlleve a una acción. Es cierto que las acciones de la sociedad instituyente pueden no darse a través de una acción radical visible, pero en el presente combate se hace necesaria: la constitución de un gobierno paralelo. La participación impuesta en una heteronomía instituida, impide la personalización de la persona, pero es posible la alteración del mundo social por un proceso lento de imposiciones por parte de una sociedad trasvasada de instituida a instituyente. La posibilidad pasa por la creación de articulaciones, es decir, mediante un despliegue de la sociedad sometida a un proceso de imaginación que cambie las significaciones produciendo así la alteración que conlleve a un cambio sociohistórico (acción). He allí la necesidad de un nuevo lenguaje, la creación de nuevos paradigmas que siguen pasando por lo social y por la psiquis. Partimos, necesariamente, de la convicción de que las cosas como están no funcionan y deben ser cambiadas (psiquis) y para ello debe ofrecerse otro tipo de sentido. La segunda (social) es hacer notar que la persona puede lograrlo sin tener un poder explícito (control de massmedia, un partido, o cualquier otra de las instituciones que tradicionalmente han sido depositarias del poder). Hay que insinuar una alteración de lo procedimental instituido. Se trata de producir un desplazamiento de la aceptación pasiva hacia un campo de creación sustitutiva. Se requiere la aparición de una persona con su concepción del Ser en la política, uno que se decide a hacer y a instituir. El asunto radica en que domesticar al venezolano –gobierno de Chávez– no es posible. El planteamiento correcto es inducir que la vida humana no es repetición, y muchos menos de los enclaves políticos, y encontrar de nuevo en la reflexión y en la deliberación un nuevo sentido. No estamos hablando de una “revelación” súbita sino de la creación de un nuevo imaginario social. Así, sin llenarse de ideas y pensamiento sobre el futuro por hacer no será posible cambiar lo existente. Este gobierno venezolano pone en duda todos los días su razón de ser y ello es condición a nuestro alcance para edificar el nuevo paradigma. La posibilidad instituyente está oculta en el colectivo anónimo. De esta manera hay que olvidar la terminología clásica. El máximo valor no es un Poder Constituyente. Lo es un Poder Instituyente, lo que no quiere decir que no se institucionalice lo instituyente, para luego ser cuestionado por la nueva emersión de lo instituyente. La democracia es, pues, cambio continuo. Todo proceso de este tipo transcurre –es obvio– en una circunstancia histórica concreta. En la nuestra, en la de los venezolanos de hoy, no podemos temer a lo incierto del futuro. La democracia del siglo XXI que concibo es, entonces, una permanente puesta al día. La sociedad venezolana actual está en fase negativa. La protesta es una simple pérdida de paciencia y la lectura de columnistas que insultan al gobierno un simple ejercicio de catarsis.

Lo que pretendo al hablar de ciudadanía instituyente no se refiere a un mito fundante. Me refiero a un agente (al agente) que impulsa permanentemente una democratización inclusiva. Hay esperanza, porque de la nueva ética saldrá racionalidad en la nueva construcción. Ello provendrá de la toma de conciencia de una necesaria recuperación (no del pasado, en ningún caso), sino del sentido. El país que las “élites inteligentes” deberán liderar es uno en lucha contra las distorsiones, una lucha basada en una lógica alternativa. Pasa por que los ciudadanos tomen como nueva norma de conducta la no delegación, lo que a su vez implica la asunción del papel redefinidor, lo que los hace responsables en primer grado.

Es mediante el pensamiento complejo que se puede afrontar el laberinto propio del siglo XXI, pues la mezcla de elementos previsibles e imprevisibles, fortuitos, causales o indeterminados, replantea con toda su fuerza el cabalgar fuera de dogmatismos.

Reitero a mi país la propuesta de formación de un gobierno paralelo y de una Asamblea Nacional Instituyente para desafiar al porvenir.

FILOSOFÍA A PORTA GAIOLA

En el Parlamento de Cataluña está previsto el debate de una ley para prohibir la tauromaquia en esa región. Se dice que dicha ley no responde a razones éticas relacionadas con el tormento que se inflige a los toros, sino que es parte de la estrategia política del separatismo catalán. En caso de que se apruebe, que ojalá sea con más votos éticos que políticos, Cataluña se convertirá en la segunda región española –la primera es Canarias– libre de ese abominable espectáculo. Pero si se aplicaran en todos los casos las leyes de protección a los animales que existen en España, por las que se han abolido otras crueldades, no se permitirían las corridas de toros en ninguna parte del territorio nacional. Por cierto, la única libertad que suprimen tales leyes es la de martirizar.

Ayer un periódico me enteró de que el filósofo francés Francis Wolff ha escrito un libro titulado Cinquante raisons de défendre la corrida (Cincuenta razones para defender la corrida), en el cual cogita, entre otras cosas, sobre el éxtasis artístico y la elevación espiritual que alcanzan quienes contemplan lo que él llama “el combate del toro”, o sea, cómo una cuadrilla de individuos bien remunerados, bien adiestrados y armados de banderillas, rejones y estoques enfurecen, desangran y finalmente matan, o rematan, a un animal lleno de espanto y confusión. Con retórica más que sobada, el filósofo reprocha a los antitaurinos que no entendamos “la ceremonia de la muerte”, cuando lo que no entendemos, ni justificamos, es que se martirice a una criatura. Y ya se sabe que, para martirizar, hay que despreciar el miedo y el dolor de la víctima, en lo que no hay ni éxtasis artístico ni elevación espiritual, sino eso tan feo y tenebroso que se llama sadismo.

Leo en el periódico que nuestro gabacho cogitante, aludiendo a las corridas e intentando desentrañar el arcano de por qué cada vez somos más quienes nos oponemos a ellas, dice que “El contexto de semejante pugna ética y estética es el rito, cuya falta de peso en las sociedades desacralizadas, como las nuestras, amenaza y arrincona a los fenómenos culturales que reivindican la liturgia, la simbología y la relación con la muerte”. ¡Bueno, bueno! Esto es sublimar la barbarie y la sevicia una vez más. Por el camino que nos propone monsieur Wolff llegaríamos de nuevo a restablecer aberraciones que caen bajo el rótulo general de “fenómenos culturales”: verbi gratia, los sacrificios humanos de los aztecas, el circo romano y las hogueras de la Inquisición.

VENEZUELA: DECLARACIONES DE TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

ES NECESARIA LA FORMACIÓN DE UN GOBIERNO PARALELO

SI NADIE DA LOS PASOS ES POSIBLE QUE TENGAN QUE FORMAR UN GOBIERNO EN EL EXILIO

(DESDE CARACAS) El escritor Teódulo López Meléndez considera necesaria la formación de un “gobierno paralelo” de seguimiento al presente régimen. Argumenta que los sucesos de las últimas semanas indican la inexistencia de una columna vertebral que le indique al país un rumbo, como quedó demostrado con las acciones intermitentes y desconectadas en la provincia y en Caracas.

“Vista la grave situación del país –añade con convencimiento–, el colapso institucional y de los servicios públicos básicos, constatada hasta la saciedad la ineptitud del presente gobierno para atender a la comunidad nacional hasta en sus necesidades básicas y siendo obvia su vocación represiva, es menester constituir equipos que den respuestas concretas y líneas políticas claras.

López Meléndez recuerda la constante queja de los venezolanos ante la falta de propuestas concretas y la manifestación reiterada de angustia por mantenerse sólo un camino electoral, mientras las condiciones en septiembre no sólo serán comiciales sino de existencia misma del país.

Su propuesta gira en torno a la formación de un gabinete en la sombra para seguir cada área de la acción oficial. Estaría integrado por Ministros para el seguimiento de: Política Interior, Política Exterior, Economía y Finanzas, Salud, Infraestructura, Educación y Servicios Básicos.

¿Un gabinete en la sombra no sería considerado como subversivo?

–Para este gobierno todo lo que se diferencie de él es subversivo. En infinidad de países han existido y existen “gabinetes en la sombra” dedicados a seguir las acciones gubernamentales y a la realización de contrapropuestas.

Se han usado como mecanismo de control democrático y como medio de resistencia a los totalitarismos –añade.

¿El “gobierno paralelo” que propone sólo tendría esa instancia?

–No –asegura–. Propongo la conformación de una Contraloría para el seguimiento de las acciones de la Contraloría General de la República. La conformación de una Fiscalía para el seguimiento de las acciones de la Fiscalía General de la República. La conformación de una Defensoría del Pueblo para el seguimiento de las acciones de la Defensoría del Pueblo. La conformación de una Comisión para el seguimiento del comportamiento del actual Poder Judicial.

¿Y en relación a la Asamblea Nacional?

–Propongo la convocatoria a una Asamblea Nacional Instituyente dedicada al estudio y seguimiento de todas las leyes aprobadas por la actual Asamblea Nacional. Estaría formada por representantes de todo el país (Academias Nacionales, Universidades, gremios, colegios profesionales, asociaciones empresariales, confederaciones y federaciones de trabajadores, estudiantes, profesores, representantes de la provincia y de la sociedad civil).

¿Por qué habla de “instituyente”? ¿Qué diferencia existe con Constituyente?

–Ambos conceptos son diferentes. Una Asamblea Constituyente implica una elección, con todo lo que ello apareja. Lo instituyente implica una superación de la democracia representativa para convertirla en una democracia como ejercicio cotidiano de injerencia. En otras palabras, trastocar lo que ha sido hasta ahora la relación entre sociedad e instituciones. La sociedad instituyente debe transformar la realidad. Una sociedad instituyente es mucho más que una recipiendaria del poder original. Una sociedad instituyente es aquella cuyo verdadero fin es ella misma, siendo el Estado, la democracia y todas las instituciones simples medios. Ahora bien, dentro de esta sociedad instituida que reproduce a las instituciones la única posibilidad es plantearse trascenderlas y ello pasa por una toma de decisión. Hasta tal punto debe estarse sobre lo instituido que la sociedad misma debe ser revertida en un proceso instituyente. El Estado de Derecho es así un simple tránsito y el Estado Social de Derecho –aún en su concepción más avanzada– un simple trecho en procura de lo que la ciencia jurídico-política comienza a llamar Estado democrático avanzado o postsocial. Vivimos una época en que la política dejó de ser espacio de redención para convertirse en una imposibilidad frustrante.

Esa Asamblea que propone sería casi tumultuaria…

–A lo mejor sin el casi, pero ello no me arredra. Con Habermas me aproximo a ese concepto y no le temo.

¿Cree usted que su propuesta tendrá algún  respaldo?

–Cuando hablo lo hago para contrarrestar las tendencias negativas a la inacción. Y también para tranquilizar mi conciencia. En cualquier caso pienso que si no se procede a la formación de este equipo de estudio y seguimiento, tanto ejecutivo como parlamentario, quienes se opongan o lo ignoren es bastante probable que tengan que formar un gobierno en el exilio.

LA IGLESIA CUBANA CRITICA LA “COMPLICADA” SITUACIÓN ECONÓMICA DE LA ISLA

El presente artículo del Presbítero y Máster en Ciencias Económicas Boris Moreno ha sido tomado del número 192 (enero, 2010) de la revista Palabra Nueva, de la Arquidiócesis de La Habana.

¿HACIA DÓNDE VA LA BARCA CUBANA? UNA MIRADA AL ENTORNO ECONÓMICO

P. Boris Moreno

La situación económica de Cuba se ha tornado bastante complicada y con visos de caer “en picada”, con “rizos” estremecedores como los acaecidos entre los años 1990 y 1994. La política económica del gobierno no ha sido capaz de remontar la cuesta del PIB del año 1989, un año que por demás no fue bueno. Dicha política ha estado marcada por una falta de definición tanto de perspectiva como de medios, secuestrada por la recentralización ideológica que quiere mantener a toda costa un orden de cosas que ahoga al país y que ahora, enfrentado a la severa crisis mundial, parece hacer aguas y sólo tiene como arsenal de respuesta las afirmaciones utópicas y el reajuste vía reducción fuerte de gastos que puede llevar a un colapso socioeconómico.

De esta probable situación ya han dado cuenta varios analistas económicos, tanto extranjeros como nacionales. Y para añadir un elemento más a la situación, el equipo económico del gobierno ha sido sustituido. Del nuevo no sabemos ni sus intenciones, ni propuestas, ni planes, quizá a tono con la prevalencia de lo ideológico que siempre ha primado sobre la racionalidad económica, a la cual sólo se le ha permitido dar algo de sí cuando el país ha naufragado en situaciones límites.

Es muy llamativa esta situación cuando siempre se ha hablado de una pretendida ventaja de la economía centralizada en base a su poder de planificar. Pero ya von Mises y von Hayeck habían alertado que este poder podía llegar a ser un poder utópico, sin base en la realidad económica.

La economía cubana, desde su frágil recuperación a partir de 1994, ha presentado una senda inestable de crecimiento del PIB, con retrocesos y ralentizaciones. Para el pasado año se esperaba un decrecimiento, lo cual alejaría aún más la posibilidad de alcanzar la cota de 1989 y hacía cercana una crisis que podría revertir los pocos logros de los últimos años. La política económica de estos años se ha fundado en los rubros del turismo, níquel, y en la promoción de los servicios, intentando poner coto al gravamen de unas importaciones que no pueden ser sostenidas por el crecimiento de las exportaciones. Unido a esto, se ha intentado fortalecer el mercado interno con el objetivo de revaluar la moneda nacional y animar la producción nacional. La entrada de remesas, que ha ido creciendo hasta ubicarse entre los dos primeros tipos de ingresos de divisas, ha sido otro elemento que ha caracterizado el desenvolvimiento económico cubano.

Pero la decisión de mantener un sistema económico que se cree imprescindible para eludir otras opciones políticas, a pesar de su manifiesta ineficiencia, el aislamiento del mercado interno con respecto al llamado “mercado emergente” o en divisas, la dificultad de contar con recursos financieros frescos y de largo plazo, la postración del agro y la industria con niveles de eficiencia muy bajos, y la indisponibilidad a potenciar las capacidades empresariales con reformas sostenibles, han hecho del período especial, comenzado en nuestro país en el año 1990, el período normal de nuestras vidas.

A pesar de ciertos logros y la capacidad de posponer graves cuellos de botella en el sistema, la economía cubana se ve ahora enfrentada, debido a sus desequilibrios internos, y atenazada por la difícil situación mundial, a un entorno muy preocupante. Esto se debe, entre otras causas, a la caída en el número de turistas. Esta situación ha afectado grandemente los ingresos por este rubro y la casi irrentabilidad en la explotación niquelífera con una caída del precio en un 80 por ciento. Tales afectaciones pondrán en una situación agobiante a la balanza de pagos, que lleva el peso del estancamiento de las exportaciones frente a unas importaciones que han crecido en un 43 por ciento. Se ha determinado restringir los permisos de importaciones, pero esto ha puesto casi en una parada técnica a varias industrias que se sostienen vía importaciones. Es conveniente recordar la estructura muy poco dinámica de las exportaciones cubanas, que siempre ha sido un cuello de botella para financiar la capacidad de importar del país.

Por otro lado, los ingresos vía remesas, fundamentalmente provenientes de los Estados Unidos, se espera que caigan considerablemente debido a la crisis que experimenta con fuerza la economía estadounidense y que se resiente particularmente en los emigrantes recién llegados con trabajos poco remunerados y de gran precariedad.

Estos factores han incidido en ubicar a Cuba en una delicada y explosiva exposición financiera, incrementando la deuda externa y la razón de la misma para ser financiada por las exportaciones (380 por ciento), a la vez que se le han cerrado varias líneas de crédito y encarecido otras, agravando la iliquidez y corriendo el riesgo de insolvencia debido a que la estructura crediticia de los bancos cubanos está anclada en créditos de corto plazo. A esto se une el cierre de varias empresas mixtas que no pueden sostener unos costos tan gravosos, y no pueden expatriar ganancias ni pagos a proveedores.

Esta grave exposición financiera no puede ser compensada con créditos de organismos internacionales, ya que Cuba no pertenece a ellos. Un importante “salvavidas” para el gobierno cubano lo representa el acuerdo energético con Venezuela y los pagos por los servicios de colaboración, pero la disminución del precio del petróleo, por debajo de los 80 USD por barril, ha mermado esta puerta de ingresos frescos.

Al interior, el elemento que como “lámpara de Aladino” ubicaba el gobierno para darle un vuelco a la situación de la producción y la eficiencia, a saber, el pago por resultados, no se ha extendido en el país y sus vaivenes parecen más el de un naufragio que el de una aplicación práctica. Sólo se favorece de este tipo de pago el 18 por ciento de la fuerza laboral. Por otra parte, no se puede olvidar que un elemento no hace una política económica; es imprescindible la concatenación de diversos elementos, coherentes entre sí y con los objetivos de política, para configurar el diseño económico. Diseño que debe estar orientado por una perspectiva, una dinámica y un tempo que le permitan a los agentes económicos ubicarse adecuadamente y extraer así los frutos esperados, sabiendo adaptar el mismo a las condiciones cambiantes del ambiente, mucho más en estos tiempos de globalización, donde la senda de cambio es muy rápida e incierta.

Vendedor de gas para encendedores. Este cubano es todo un símbolo de la economía nacional.

A todo este cuadro hay que añadirle el hecho de que la liquidez en manos de la población ha crecido considerablemente, marcando los números en rojo, y el crecimiento del déficit presupuestario que ha rebasado la barrera del 3 por ciento. Estos puntos preocupan porque pueden destapar una situación inflacionaria grave, similar con aquella del año 93 cuando 1 USD se cotizó en el mercado negro a 130-150 pesos. Recortes vía gastos pueden llevar a fuertes conmociones sociales ya que a pesar de que el salario nominal ha crecido en los últimos años, el crecimiento del salario real, que es el que importa, es decir, la capacidad de consumir bienes y servicios con el salario que se devenga, no llega a cubrir la brecha de necesidades básicas. Para más preocupación, algunos analistas prevén una reducción del salario real.

La connotación psicológica de esta situación debe ser tenida en cuenta. El remonte del foso de la crisis de los 90 entreabrió algunas esperanzas en la población de que se darían pasos que pondrían al país en una senda de sensatez y pragmatismo en la conducción económica. Ciertamente, estas expectativas no se vieron cumplimentadas, pero se estableció una tendencia inercial que, sin grandes avances, tampoco sin grandes retrocesos a partir de la situación de finales de los 90, permitía un mantenimiento de las grandes variables económicas. Con el cambio en el liderazgo del país y según los pronunciamientos del nuevo presidente, algunos auguraron la rápida implementación de ciertas políticas que, sin desmontar el andamiaje institucional existente, daría un respiro y quizá un viraje en el entorno económico de la nación. Pasados casi tres años de esos acontecimientos no se vislumbra ninguna señal de los prometidos cambios, la desesperanza se ha expandido y el horizonte de un agravamiento de la crisis, atenazada por el entorno internacional, pudiera romper la frágil cohesión social.

Los llamados a trabajar duro y con eficiencia no lograrán cambiar la situación. Las condiciones socioeconómicas de un país no cambian por los discursos o por decretos. Son imprescindibles decisiones que, por un lado, administren la crisis que se nos encima y, por otro, preparen las condiciones para un cambio de entorno que permita la emergencia de fuerzas empresariales que le den un tono dinámico a la economía cubana.

¿Qué medidas pudieran tomarse en estos dos niveles, pero que están íntimamente relacionados? Aquí creo que hay medidas de “mínimo acceso”, llamémoslas así, que no implican grandes cambios en nuestra insti-tucionalidad, y otras medidas necesitadas de “anestesia general” para encarar el núcleo de la enfermedad. Soy consciente de que estas medidas pueden ser controvertidas, pero estamos necesitados de un debate nacional que ponga en público las posibles sendas de nuestro errante caminar.

Entre las de “mínimo acceso” estarían las medidas que tienen que ver con la promoción del trabajo por cuenta propia, asegurando esto con una Ley que provea amparo jurídico a esta forma de trabajo con el objetivo de reducir la incertidumbre y la desconfianza que se ha instaurado entre esos agentes económicos. Debería regularizarse, reduciendo y sistematizando, las normas para supervisar el trabajo por cuenta propia. Creo que es necesario enviar una señal que exprese sin equívocos la aceptación del trabajo por cuenta propia en el entorno empresarial cubano. A futuro, una ley que ampare la pequeña y mediana empresa será necesaria. A esto debiera unírsele la aprobación y amparo de las actividades comerciales minoristas, fundamentalmente las que tienen que ver con los productos agrícolas.

La implementación del pago por los resultados debería ampliarse rápidamente, permitiéndoles a las empresas actuar autónomamente en lo que se refiere a la escala salarial, a la vez que se les asegure trabajar bajo restricciones presupuestarias fuertes. A futuro, una ley de empresa, de quiebra y de desempleo, serán necesarias.

La participación de la inversión extranjera debería contar con mayores seguridades en lo que se refiere a tiempo de participación, utilidades y su repatriación junto a otros pagos, regularización de los controles y la supervisión, entre otros.

La realización del presupuesto debería seguir en la medida de lo posible el principio de subsidiariedad. En cuanto a la transparencia presupuestaria me parece importante exigir que aparezcan todos los subsidios que por diferentes causales se realizan, poniendo coto a la práctica de pasar los mismos off the line , según la expresión técnica. En este sentido la creación de la contraloría sería muy adecuada.

Quisiera ahora perfilar algunas de las medidas de “anestesia general”. Creo que la primera y más importante, porque generaría un clima favorable al debate, sería el compromiso formal del gobierno en reconocer la capacidad de opinar de todos los ciudadanos sin que esto implique represalias de ningún tipo. Deberíamos eliminar de nuestro entorno los calificativos que restringen el intercambio de ideas y opiniones.

El cambio de la política de sustitución de importaciones a otra de promoción de exportaciones se hace necesario. Sólo así pudiera hacérsele frente al peso que representan las importaciones en la balanza de pagos de nuestro país, sin cortar el flujo de las importaciones, de las cuales dependemos grandemente. Para esto sería recomendable hacerle espacio a la banca internacional con posibilidad de operar.

La unificación de la moneda, con todo lo que ello implica, no debería retrasarse por más tiempo. Esto traería un mejor control contable, financiero y económico para las empresas y la economía en su conjunto, favoreciendo la toma eficiente de decisiones.

Una reforma empresarial es imprescindible, potenciando formas complementarias a la empresa estatal.

Nuestra institucionalidad debería experimentar un cambio de concepción, pasando los ministerios a ser centros de orientación y regulación de su rama.

No se debería demorar la entrada de Cuba en los mecanismos internacionales para poder viabilizar el flujo de recursos financieros frescos. Quizá haya algunos puntos políticos de fricción, pero en el proceso de negociaciones pudieran ventilarse.

La entrada de capitales debería privilegiarse con ofertas de inversión llamativas. Habría que tener en cuenta las experiencias de otros países, como Colombia y Chile, que han evitado los riesgos de salida imprevista de capitales. Debería constituirse el mercado financiero, insertándolo en el mecanismo global.

Obviamente, estas medidas no son conclusivas ni abarcan todo el entorno económico, pero pueden dar una idea del manejo bien difícil pero necesario que exige nuestra economía, y el país en general, en aras de rebasar la crisis y desandar por una senda de crecimiento, estabilidad y desarrollo.

PAZ POR DÓLARES

Florentino Portero, Madrid.

(LIBERTAD DIGITAL) En la antesala de la Conferencia de Londres sobre Afganistán la prensa internacional se centra en la cantidad de dólares dedicados a comprar la voluntad de dirigentes talibán y jefes de clan. Según parece los aliados esperan doblegar la resistencia de los islamistas y autoridades a base de repartir dinero.

Mientras leo los titulares no puedo dejar de recordar lo que pasó en nuestro país en una situación semejante. Había finalizado la II Guerra Mundial y el régimen del general Franco aparecía como una anomalía en la nueva Europa, un resto arqueológico del Eje. Para tratar de acelerar la trasformación de España, en línea con lo que había ocurrido en otros estados europeos, la inteligencia aliada elaboró un plan de compra de voluntades de autoridades militares, con la idea de que sólo los generales disponían de los medios para forzar la retirada, más o menos voluntaria, de Franco, dando así paso a una monarquía con vocación integradora. Los generales Aranda y Kindelán actuaron como arietes de la operación, el dinero se repartió… y no pasa nada. En realidad, algo sí paso. Según parece, los generales sondeados tuvieron la precaución de dirigirse al Caudillo y solicitarle, con el debido respeto, permiso para quedarse con el parné. Franco manifestó comprensión ante su delicada situación. Eran años difíciles y un extra venía de perlas para rematar el mes o el trimestre. No parece que aquellos generales sintieran gran simpatía por la acumulación de poder en manos del general Franco, pero de ahí a plegarse a una operación política urdida en el extranjero había algo más que un trecho. Quizás hubiera sido más digno por su parte rechazar aquel dinero, que también venía del extranjero, pero…

En el plan original del general McChrystal, los sobornos cumplían un papel limitado. Tras una intensa y prolongada campaña dirigida a buscar y eliminar los focos insurgentes y después de haber convencido a la población de que estaban dispuestos a permanecer allí hasta el triunfo final, el reparto de dinero ayudaría a algunos jefes talibán y de clan a cambiar de bando. A falta de expectativas de triunfo y con la mayor parte de los afganos en su contra, la combinación de dólares, garantías de que se les respetaría y reconocimiento de su autoridad les ayudaría a dar el paso hacia la reinserción. Sin embargo, ese escenario no parece realista. Obama ha incrementado en 30.000 hombres el contingente, una cantidad importante pero considerablemente inferior a la que los mandos militares consideran necesaria. Además, ha afirmado públicamente que comenzará a reducir el contingente en 18 meses y que entregará el poder a las autoridades afganas lo antes posible. No está nada claro que la ofensiva prevista sea capaz de dañar a las fuerzas talibán hasta el punto de que pierdan la esperanza del triunfo ni que las declaraciones de Obama sobre su deseo de reducir el contingente ayuden a convencer a la población de su compromiso con la seguridad. Lo más probable es que muchos acepten el dinero con la misma sinceridad que los generales españoles. El riesgo de que esos dólares acaben nutriendo las arcas talibán es sólo comparable a la posibilidad de que los esfuerzos aliados por formar a militares y policías afganos concluyan en el ridículo de haber empleado tiempo y dinero en crear los cuerpos de seguridad y unidades militares del renacido Emirato.

Sin disposición a combatir hasta el final no habrá victoria y esa disposición no existe. La Alianza no quiere salir de Afganistán derrotada, pero se engaña si piensa que sólo con dinero y colaboración será suficiente. No puede extrañarnos que los servicios de inteligencia occidentales informen del optimismo que reina en las filas talibán.